Hay una rana que se muere… y después revive. No es un chiste: ocurre de verdad cada año en los bosques de Alaska y de Canadá.
La rana de madera pasa el invierno escondida bajo hojas y tierra. Cuando llega el frío, parte del agua de su cuerpo se congela. Su corazón se detiene. Deja de respirar. Su cuerpo se pone duro como una piedra. Cualquier veterinario diría que está muerta.
Pero su cuerpo tiene un truco: bombea una cantidad enorme de azúcar a las células. El azúcar funciona como un anticongelante natural que protege lo más importante, el cerebro y el corazón, para que no se formen cristales de hielo adentro.
Cuando vuelve el sol de primavera, la rana se descongela poco a poco. Su corazón vuelve a latir solo, como si nada hubiera pasado, y lo primero que hace es salir a buscar pareja. O sea: se descongela y lo primero que piensa es en el amor.
Los científicos estudian a esta rana para aprender a conservar órganos para trasplantes. Algún día, gracias a un anfibio congelado, se podrían salvar vidas humanas.
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