No hace falta una nave espacial. En la Tierra hay lugares que parecen inventados, y todos están en el mapa.
El espejo más grande del mundo
El Salar de Uyuni, en Bolivia: 10,000 kilómetros cuadrados de puro sal, un desierto blanco plano como una mesa. En época de lluvias se cubre de dos centímetros de agua y se vuelve un espejo infinito: el cielo se refleja en el suelo y se pierde la línea del horizonte. La gente se fotografía "encima de las nubes". Debajo de ese espejo hay una reserva enorme de litio, quizá la mayor del mundo: el metal de las baterías de tus dispositivos.
La puerta que no se apaga
En Turkmenistán hay un hoyo en el desierto que arde desde 1971: se llama Puerta al Infierno y arde de verdad. Unos geólogos perforaron el suelo, se derrumbó y escapó gas; para que no hiciera daño le prendieron fuego "unos días". El fuego lleva más de 50 años prendido. Nadie lo ha logrado apagar.
La isla que cambia de color
En Japón hay una isla, Naoshima, donde el arte y la naturaleza se mezclaron: museo, hoteles y esculturas gigantes repartidas entre calles normales, y obras de colores brillantes aparecen entre casas y campos de arroz como sueños. Hay museos que están ENTERRADOS, bajo la tierra, para no tapar el paisaje.
El desierto que tiene bosque petrificado
En Arizona hay un parque, el Bosque Petrificado, donde hay árboles de 225 millones de años convertidos en piedra de colores: troncos de ágata y jaspe tirados en el desierto como leña brillante. Nadie los cortó: el tiempo los volvió cristal. Ninguna leña jamás fue tan rica.
Reto: elige uno de estos cuatro lugares y cuéntaselo a alguien como si fueras un viajero que acaba de llegar. Es gratis, cabe en una plática, y te convertirá en alguien con historias.
Comentarios
Inicia sesión para comentar.
Todavía no hay comentarios. Sé la primera persona en opinar.