Un pulpo tiene tres corazones, sangre azul y nueve cerebros repartidos por el cuerpo. Si lo cuentas en clase, alguien va a decir que es mentira. Es totalmente cierto.
Dos de sus corazones empujan la sangre hacia las branquias, que son como filtros para respirar bajo el agua. El tercer corazón la manda al resto del cuerpo. Y aquí viene la parte rara: cuando el pulpo nada, ese corazón principal se detiene. Por eso prefiere caminar por el fondo del mar en lugar de nadar. Nadar lo cansa muchísimo.
Su sangre es azul porque en vez de hierro usa cobre para cargar oxígeno. El hierro hace la sangre roja (como la tuya); el cobre la hace azul, como la de un pulpo.
¿Los nueve cerebros? Tiene uno central y un montón de nervios inteligentes en cada brazo. Cada brazo puede saborear lo que toca, agarrar cosas y resolver problemsitos por su cuenta. Si un pulpo tuviera una ciudad, cada brazo querría manejar su parte, y funcionaría igual.
La próxima vez que veas un pulpo en un documental, recuerda: estás viendo a un animal con tres corazones que se cansa de nadar.
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