Nadie te va a mostrar un gráfico con números inventados. Te van a mostrar uno con números verdaderos dibujados de una manera precisa para que pienses algo falso. Ese es el truco: los datos no mienten; los ejes, sí.
Cinco trucos con nombre
- El eje cortado. Un gráfico de barras que empieza en 92 en lugar de 0 puede convertir una diferencia del 3% en una barra que parece el doble. Edward Tufte, el pionero de visualizar datos, lo medía con una idea llamada lie factor: la proporción entre lo que muestra el dibujo y lo que dicen los números. Si la barra es dos veces más alta pero el cambio es de 3%, el mentiroso fue el dibujo, no el dato.
- Promedio contra mediana. Si en tu salón cinco personas gastan 20 pesos al día en la cafetería y una gasta 2,000, el promedio sube a 100 y la mediana se queda en 20. Cuando alguien dice "el ingreso promedio", pregunta mediana: los ingresos y las calificaciones casi nunca se distribuyen parejito, y en esas distribuciones el promedio es arrastrado por los extremos.
- Ignorar la tasa base. El nuevo examen detecta el 95% de los casos, cosa que suena enorme y no dice nada si la condición aparece en 1 de cada 10,000 personas. Con falsos positivos del 5%, la mayoría de los avisos van a ser falsos, simplemente porque hay muchísima más gente sana que enferma. Es el error estadístico más caro del mundo real, y se llama confusión de la probabilidad inversa.
- Sesgo de sobreviviente. En la Segunda Guerra Mundial✦, Abraham Wald analizó dónde estaban los impactos de bala en los aviones que regresaban y recomendó blindar las zonas sin impactos: los aviones que recibieron balazos ahí no volvieron para ser contados. Cuando ves solo a los que pasaron, el patrón de daños te dice lo contrario de la verdad. Aplicación cotidiana: "tal millonario dejó la escuela" es un dato de aviones que regresaron.
- La paradoja de Simpson. A veces una tendencia se invierte al dividirla en grupos. Ejemplo clásico y verificado: en la universidad de California Berkeley, las cifras de admisión de 1973 mostraban menos aceptación de mujeres; al separar por departamento, la mayoría de los departamentos no mostraba ese sesgo o favorecía a las mujeres. La explicación: las candidatas se concentraban en carreras con más solicitantes y menor cupo. La agregación había escondido la variable que importaba.
Y una regla que no tiene nombre pero funciona igual: correlación no es causalidad, y es más difícil de lo que parece. Que el consumo de helados y los ahogamientos suban juntos en verano no significa que el helado hunda a nadie: hay una tercera variable (calor, temporada) detrás de las dos. Cuando alguien afirma una causa a partir de dos líneas que se mueven parejo, lo que te está pidiendo es que aceptes un puente sin pilotes.
Lo útil no es volverse desconfiado de todo, porque entonces ya no aprendes nada. Es tener tres preguntas listas, para gráficos y para titulares: ¿cuál es el eje y dónde empieza?, ¿promedio o mediana?, ¿y cuál es el total de casos, no solo el porcentaje? Con esas tres, la mitad de las manipulaciones que circulan se desinflan solas. La estadística es la disciplina de contar bien; la alfabetización estadística es la de notar cuando alguien no lo está haciendo.
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