Si alguien te pregunta por el peor evento deportivo de la historia, no dudes: San Luis, Missouri, 1904. Los Juegos Olímpicos de ese año fueron tan desorganizados que hasta hoy se discute cuáles de aquellas competencias cuentan de verdad como olímpicas.
El problema de fondo: eran teloneros de una feria
En 1904 San Luis era la sede de la Exposición Universal (la que celebraba el centenario de la compra de Luisiana). Los Juegos se metieron ahí, como atracción adicional, y el calendario se estiró meses. El resultado: la mayoría de los atletas eran estadunidenses, porque viajar a ese punto del continente era caro y lento para cualquier federación extranjera. Se habla de unas decenas de competidores venidos de fuera de Estados Unidos, en lugar de los miles de unos Juegos modernos. Y para colmo, en el mismo marco se organizaron los llamados Anthropology Days, competencias abiertas a pueblos indígenas exhibidos como espectáculo: una página que hoy se estudia como parte del racismo de la época, no como deporte.
El maratón: 42 kilómetros de desastre
32 grados, polvo, una ruta de terracería y autos que levantaban tierra. De los poco más de treinta maratonistas que largaron, apenas quince terminaron. Y los dos casos más recordados son surrealistas. Fred Lorz llegó primero al estadio, sonriendo, después de subirse a un auto durante varias millas cuando se cansó; el auto se descompuso y él corrió el tramo final. Lo descubrieron y lo descalificaron. El otro fue Thomas Hicks, que ganó de verdad y por milagro: a lo largo del recorrido sus entrenadores le fueron dando dosis de estricnina (un veneno que en cantidades mínimas estimula) mezclada con brandy, y en los últimos kilómetros lo sostenían entre dos hombres que prácticamente lo arrastraban, con los ojos cerrados, acortando el paso por el jardín del estadio. Cruzó la meta al borde del colapso y se habló seriamente de que podía no llegar vivo. Hubo más: Félix Carbajal, un cartero cubano que llegó por su cuenta, estrenaba zapatos que se cortó a tijeretadas a media carrera para poder seguir corriendo, se detuvo a comer manzanas de un huerto (una podrida, según su propio relato) y aun así quedó cuarto. Y en ese mismo maratón participaron dos corredores sudafricanos, Len Taunyane y Jan Mashiani, los primeros atletas africanos negros en unos Juegos: llegaron a Estados Unidos después de una vuelta del mundo y terminaron corriendo con lo que tenían.
Y las pruebas de bomberos
Como hacía falta contenido para llenar los meses de feria, entraron competencias de oficios: los equipos de bomberos tuvieron una carrera de 100 yardas cargando la escalera de gancho y una prueba de trepa de poste. También hubo nado con obstáculos (saltar, pasar bajo barriles y boya arriba), y varios deportes que debutaban ahí, en formatos que nadie reconocería. En 1904, además, prácticamente no hubo mujeres compitiendo: las poquísimas que habían aparecido ocho años antes en París✦ eran tenistas, y tendrían que pasar décadas para que la participación femenina dejara de ser una excepción.
Lo interesante: de este desastre salieron lecciones. Después de 1904 el movimiento olímpico entendió que los Juegos necesitan una sede concentrada, un calendario serio y atletas llegando desde muchos países. Si comparas eso con unos Juegos modernos, con cronometraje exacto, cámaras y récords auditados, no te confundirías ni un minuto: estás viendo el inventario de todo lo que salió mal en San Luis.
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