En las islas Andamán, en el océano Índico, vivió hasta 2010 una mujer llamada Boa Sr. Hablaba bo: una lengua con un sonido que nadie más en el mundo podía pronunciar. En 2010 murió a los 85 años, atropellada por un tractor cerca de su casa. No queda nadie más que la hablara: con ella se fueron de la existencia un idioma, un sonido, y todas las formas de decir el mundo que esa lengua contenía.
No fue un caso exótico y único: pasa seguido. Linguistas y organizaciones (UNESCO, Ethnologue) calculan que de las ~7,000 lenguas vivas, la mitad podría dejar de tener hablantes infantiles este siglo; y se pierde, en promedio, una lengua cada dos semanas. La mayoría no "muere" con un último hablante dramático: se apaga generación a generación, cuando los abuelos hablan la lengua vieja y los nietos, presionados por la escuela y el trabajo, adoptan la dominante. Las lenguas mexicanas tienen la misma historia: de las 68 que existen, más de 30 están en riesgo; el Seri (cmiique iitom) con unos pocos cientos de hablantes, o el Kiliwa con menos de cien.
¿Qué se va exactamente?
No solo vocabulario: se va conocimiento. Un tercio de las plantas medicinales que la ciencia "descubrió" fueron sugeridas observando usos de pueblos indígenas: si la lengua que contenía esos términos de plantas desaparece, una parte de ese catálogo desaparece también, aunque la planta siga ahí. Se va también información sobre el cerebro humano: cada lengua es un experimento distinto sobre cómo un cerebro puede organizar el mundo (el bo no tenía una forma exacta de contar como la nuestra; muchas lenguas australianas usan direcciones cardinales en vez de "izquierda/derecha", y sus hablantes mantienen orientación perfecta); y se va música: el bo tenía palabras y cantos que ya nadie podrá repetir como sonaban: una forma de decir que ya no podrá sonar jamás en una boca humana.
Hay intentos honestos de reverso: documentar (grabaciones, diccionarios, gramáticas), revitalizar (escuelas de inmersión donde los nietos aprenden de los últimos abuelos), y hasta casos de lenguas dormidas que revivieron como lengua materna (el hebreo es el caso famoso radical; lenguas como el wampanoag en EUA resucitaron con unos cuantos hablantes nuevos). Pero la regla incómoda se mantiene: una lengua muerta "vuelve" transformada; casi nunca como estaba. Lo que se puede hacer, se hace: y Boa Sr. misma trabajó, en sus últimos años, siendo la informante principal del lingüista que documentó bo. Dejó un diccionario y grabaciones. No salvó el idioma: evitó que se perdiera del todo.
Dato final: si sabes alguna lengua indígena aunque sea de pocas palabras, eres un archivo andante. Los lingüistas lo dicen literalmente: cada hablante restante es una biblioteca. Pregunta a tus abuelos; esas palabras que "ya nadie usa" son exactamente lo que el mundo está perdiendo.
Comentarios
Inicia sesión para comentar.
Todavía no hay comentarios. Sé la primera persona en opinar.