Las fotos generadas o editadas ya ganan el partido del realismo... pero siguen perdiendo en detalles que la física cobra caro. Si aprendes cinco chequeos, te vuelves más rápido que el 95% de los que comparten "pruebas" en redes.
Los cinco chequeos
- Manos y dientes: siguen siendo el talón de Aquiles. Dedos de más, dedos que se fusionan con el objeto, mordidas imposibles. Mira SIEMPRE las manos.
- Sombras: cada luz produce una sombra coherente. En imágenes compuestas las sombras van hacia direcciones distintas, o una persona no tiene sombra en pleno mediodía.
- Reflejos: espejos, ventanas, lentes, pupilas. Un rostro no aparece donde debería reflejarse: editada o generada.
- Texto pequeño: letreros, portadas de libros, botones: las IA siguen garabateando letras que parecen texto hasta que las lees.
- Bordes y desenfoques: si solo el fondo está borroso de forma perfectamente "recortada", es edición; si un objeto tiene un halo de aire cortado, hubo tijera digital.
Hay herramienta seria para esto: la búsqueda inversa de imágenes. Subes la foto a Google Lens o a TinEye y ves DÓNDE salió primero. Si la "foto histórica" que circula hoy apareció ayer en una página de memes, ahí está la prueba. También: ¿la imagen tiene contexto verificable —autor, agencia, fecha de captura— o solo tiene una frase indignada encima? La indignación no es metadato.
Y la regla de oro, que vale más que los cinco chequeos: pregúntate PARA QUÉ te mandaron la foto. Si lo que hace es darte exactamente la emoción que el remitente quería (rabia, miedo, "ya sabía que..."), sospecha: una foto falsa no se vende por perfecta, se vende por útil para alguien. Los chequeos físicos dicen si es falsa; la pregunta de intención dice quién la fabricó.
Último dato, medio poético: nunca antes tanta gente había necesitado ser detective visual. Hace 30 años bastaba con "una foto no miente". Hoy hace falta mirar las manos. Nos tocó vivir en la época en que creer dejó de ser gratis.
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