13 de octubre de 2018, Londres, sala de subastas. El martillo cae: un cuadro titulado Girl with Balloon, atribuido al artista anónimo Banksy, se adjudica en 1,042,000 libras. En los tres minutos siguientes el marco empieza a zumbar y el lienzo se desliza hacia abajo a través de unas cuchillas, cortándose a franjas. La sala se ríe, alguien filma con el teléfono temblando y el mundo entero se hace la misma pregunta: ¿esto estaba preparado?
Estaba preparado desde antes
Sí. Años antes de esa noche, el propio Banksy había difundido en su sitio un video de un cuadro con una destructora de papel montada dentro del bastidor: la broma ya existía, construida. Y meses después de la subasta salió a la luz que la pieza estaba vendida con un marco que contenía el mecanismo, algo que la casa de subastas dijo no haber detectado en su revisión. Su declaración oficial fue que estaban completamente sorprendidos. Después agregaron algo que es puro arte contemporáneo: que una obra que acaba de destruirse a sí misma se convierte, por lo mismo, en una obra de arte nueva. La compradora, una coleccionista europea, confirmó en un comunicado que no iba a devolver el cuadro: lo veía como el nacimiento de una pieza distinta. Nadie devolvió el dinero.
Y aquí la parte de números, la que hace de esto una buena historia de curiosidades: la casa autentificó el lienzo mutilado como obra nueva y le puso nombre, Love is in the Bin, una frase del propio artista. En octubre de 2021 se vendió por 18.6 millones de libras con impuestos incluidos, es decir como dieciocho veces lo que costaba la versión entera. El cuadro que supuestamente se burlaba del mercado del arte se convirtió en una de sus ventas más caras, y el mecanismo de destrucción se conservó con la obra: el marco y las cuchillas forman parte del objeto autenticado.
El debate real que dejó
Tres preguntas, ninguna con respuesta definitiva. Una: ¿se destruye una obra cuando se transforma en otra? El arte del siglo XX tiene décadas de precedente. Marcel Duchamp firmó en 1917 un urinal de porcelana y lo mandó a una exposición (la pieza se perdió, pero la idea no). Lucio Fontana empezó a cortar lienzos a fines de los años cincuenta, y esa herida se volvió su firma y un objeto codiciado. Cortar la tela como acto creativo no es una ocurrencia de 2018: es una técnica con museo propio.
Dos: ¿quién es el autor del golpe: Banksy, la casa de subastas, el mecanismo? Vale la pena saber algo que casi nadie explica. En el mercado del arte, la autenticidad no se decide por la caligrafía del pintor: se decide por certificados, procedencia y registros. Es un sistema de confianza sostenido sobre papeles, y un truco así lo deja en evidencia: frágil y muy humano. Tres: ¿qué le pasó a la burla? Si una acción contra el mercado se revalúa dieciocho veces, no está claro que el mercado reciba un golpe. Los teóricos del arte llevan medio siglo describiendo esa capacidad exacta del sistema: absorber su propia crítica y ponerla a la venta. El propio Banksy lo sabía, y por eso su gesto es a la vez chiste y espejo: hizo lo único que el sistema podía perdonarle, que era convertirlo en un objeto más caro. Lo cual sigue siendo, según a quién le preguntes, una victoria del arte o una derrota con buen remate.
Comentarios
Inicia sesión para comentar.
Todavía no hay comentarios. Sé la primera persona en opinar.