Mira al cielo hoy: si hay una nube blancota, esponjosa, con forma de helado derramado, está pasando algo absurdo sobre tu cabeza. Esa cosa que parece algodón pesa como una manada de elefantes.
Los científicos han calculado una nube acumulada típica, de esas gordas del buen clima: unas 500 toneladas. Para que te des una idea: son casi 100 elefantes adultos. Arriba. Flotando.
¿Cómo se hace la cuenta? El agua que forma una nube no está en gotazas de lluvia: son gotitas diminutas, tan chicas que un metro cúbico de nube pesa menos que un pan. Pero una nube es enorme: cabrías dentro de una, con tu escuela completa y hasta un estadio. Gotitas pequeñas por muchísimos metros = muchísimo agua.
¿Y por qué no se cae? Porque esas gotitas son tan livianas que las corrientes de aire ascendente las sostienen, como una fuente que mantiene flotando una esfera de unicel. Cuando se juntan y forman gotas grandes, el aire ya no puede con ellas: y entonces, claro, llueve.
Esa llovizna aburrida de hoy también es, en realidad, un pedazo de elefante cayendo despacito.
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