En 1957, dos ingenieros, Alfred Fielding y Marc Chavannes, hicieron algo que suena a castigo: sellaron dos cortinas de ducha de plástico una contra otra y quedaron atrapadas burbujas de aire. Les pareció un producto brillante: papel tapiz con relieve. Sí. Un muro con burbujas que puedes apretar. ¿Quién diría que no?
La respuesta fue: casi todo el mundo. El empapelado-burbuja fracasó en ventas total. Pero los dos no tiraron el invento; lo guardaron buscando un problema que le quedara. Lo encontraron cinco años después, cuando una compañía todavía joven llamada IBM necesitaba proteger sus nuevas computadoras para enviarlas: las burbujas eran el relleno perfecto. El empaque nació de un error con forma de baño.
La ciencia de reventarlas
Cada burbuja es aire encerrado: al apretarla, sube la presión y el plástico se rompe de golpe. El "pop" es una mini explosión de aire escapándose. Por eso hay que aplastarlas de verdad para el sonido. La gente se ha obsesionado con esto: hay videos en internet✦ de millones de burbujas reventadas con vistas que se cuentan en decenas de millones.
¿Por qué es tan satisfactorio? Los psicólogos han medido que reventarlas reduce tensión muscular en algunas personas; hay hasta un "Día de la Apreciación del Plástico de Burbujas", el último viernes de enero, inventado —adivina— por la empresa que lo fabrica, como publicidad.
Moraleja anti-moraleja: los inventos no mueren cuando fracasan; se quedan esperando. Si alguien te dice que su idea "no sirvió para nada", pregúntale: ¿ya probaste empapelar un muro o proteger una computadora?
Comentarios
Inicia sesión para comentar.
Todavía no hay comentarios. Sé la primera persona en opinar.