El hueso más pequeño del cuerpo humano no está en un pie ni en una mano. Está escondido dentro de tu oído, y se llama estribo.
Mide unos tres milímetros, apenas el tamaño de una lenteja, y tiene forma… de estribo de jinete. Por eso se llama así. Si te lo mostraran en la palma de tu mano, lo confundirías con una basurita.
¿Qué hace? Trabaja sin descanso todo el día. Cuando una onda de sonido entra a tu oreja, hace vibrar el tímpano. El tímpano empuja a dos huesitos chiquitos, y el último de ellos es el estribo, que lleva la vibración al oído interno. Sin este personaje diminuto, el mundo sería silencio, aunque tus orejas se vieran perfectas.
Y ya que hablamos de huesos: un bebé humano nace con unos 300. Un adulto tiene unos 208. Muchos se fusionan al crecer, como si tu cuerpo pegara varias piezas para tener menos, más fuertes. Es literalmente armar un rompecabezas desde adentro.
Los huesos más largos, en cambio, son los de tu pierna. Y si tuvieras el estribo en la punta de una de ellas, ni lo verías. Lo grande y lo diminuto conviven en la misma persona.
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