En los arrecifes del Caribe vive un camaroncito del tamaño de tu meñique que tiene una garra desproporcionada, enorme en comparación con su cuerpo. Parece un error de diseño. Es un arma.
La cierra tan rápido —en menos de un milisegundo— que empuja el agua tan violentamente que se forma un vacío: una burbuja de cavidad. Y cuando esa burbuja colapsa, lo hace con un estallido. El golpe de agua que sale disparada puede aturdir o matar a un pez pequeño.
Pero aquí viene lo absurdamente interesante: dentro de esa microburbuja, por un instante brevísimo, la temperatura sube varios miles de grados, comparable a la superficie del Sol, y se emite un destello de luz. Un camaroncito de 5 centímetros fabricando una estrellita que dura menos que un parpadeo. Los físicos le llaman sonoluminiscencia: luz hecha por sonido.
El estampido se escucha desde lejos: por eso a estos camarones se les dice "pistola", y los buzos los oyen como disparos o chasquidos dentro del agua. De hecho, en la Primera Guerra Mundial✦ se reportaron ruidos submarinos misteriosos que preocuparon a los marinos: era una colonia de estos animalitos.
¿Cómo no se destruye a sí misma con su propia arma? La garra está diseñada como un proyectil controlado, y la burbuja estalla frente a ella, no contra ella. Ingeniería de precisión en un cuerpo del tamaño de tu uña del pulgar.
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