En abril de 1815, en la isla de Sumbawa (hoy Indonesia), el volcán Tambora explotó con una fuerza que no se había visto en diez mil años: lanzó tantísimo azufre a la estratosfera que el cielo se ensució a escala global. Es la erupción más grande de la historia moderna. Y la factura llegó al año siguiente: 1816 pasó a la historia como "el año sin verano".
Qué pasó en 1816
En el hemisferio norte, el verano fue un desastre frío: en Nueva Inglaterra y en Europa nevó en junio y julio. Los ríos se helaron tardíamente, los cultivos fallaron en tres continentes a la vez. En China, el té murió en campos enteros; en India, los monsones cambiaron de ritmo y una nueva ola de cólera empezó a viajar (la cepa que luego llegó a Europa sale de esa alteración: algunos epidemiólogos la rastrean ahí). En Europa, hambruna: fue la última gran crisis de hambre del continente, y en Suiza hubo motines por pan.
Y el episodio favorito de la cultura pop: en Ginebra, en la villa Diodati, junto al lago, quedaron atrapados Percy Shelley, Mary Godwin (18 años, todavía no Shelley), su media hermana Claire y Lord Byron, con su médico John Polidori. Para pasar las noches de lluvia inventaron un concurso de historias de fantasmas. Una chica de 18 años, Mary Godwin (todavía Shelley), escribió ese verano una historia sobre un estudiante que arma un cuerpo y le da vida. Doscientos años después sigue siendo el primer gran mito sobre ciencia arrogante: Frankenstein. Y su colega John Polidori escribió el primer vampiro elegante de la literatura (El vampiro), que es el abuelo de Drácula y de casi todos los vampiros guapos del cine.
Los científicos lo documentaron todo con algo inesperado: pintura. Los atardeceres rojísimos de Turner están teñidos (literalmente) por el aerosol de sulfato que Tambora repartió por el cielo durante años. Hay estudios que miden ese rojo en sus cuadros y lo correlacionan con los registros de hielo de la erupción: el arte como dato meteorológico.
El dato esperanzador de la historia: el Tambora tardó solo dos años en dejar de enfriar el planeta. El azufre se lava, el cielo se limpia. El problema de enfriar el mundo a propósito (esa idea de "inyectar aerosoles" que a veces se discute como parche contra el cambio climático) es que su receta viene de un volcán que, la última vez que lo intentó, causó hambruna mundial. La naturaleza lleva 200 años de testimonio en contra.
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