Regla de la casa: aquí nadie pelea. La pregunta es de física, de anatomía y de estrategias: si corren una carrera, ¿cuál gana? Depende muchísimo de la distancia. Es como comparar una nave de carreras con una de ruta: la comparación cambia si la distancia son 100 metros o tres cuadras.
El guepardo pasa de 0 a 100 km/h en alrededor de tres segundos, mejor que muchos autos deportivos, y llega a 90-100 km/h sostenidos… unos cuantos cientos de metros. Su cuerpo es un misil: espinazo flexible como resorte, garras que funcionan como tapones de tenis, nariz ancha para meter más aire, cola como timón.
Y aquí su talón de Aquiles: ese misil se recalienta. A los 600-800 metros de esprint el guepardo tiene que parar porque su temperatura corporal llega a niveles peligrosos y el corazón le late hasta más de 150 veces por minuto. Es el velocista puro del reino animal.
El purasangre llega a unos 70 km/h: es más lento, sí. Pero puede mantener un galope fuerte durante kilómetros y kilómetros, y no se le sube la fiebre en 500 metros. Es el fondista.
Entonces: carrera de 100 o 200 metros: gana el guepardo con facilidad. Carrera de 3 kilómetros: el caballo lo alcanza y lo rebasa porque el guepardo se tiene que detener a jadear. ¿Y una persecución de media hora en terreno variado? Ninguno gana: ambos se mueren de cansancio o de hambre.
Moraleja sin moralina: la naturaleza no fabrica campeones absolutos, fabrica especialistas. Si tuvieras que diseñar al campeón de "cualquier distancia", ninguno de los dos sirve: el campeón sería otro animal, aburrido, corredor de distancias interminables… que, por cierto, existe: el humano, que puede aguantar trotando horas en el calor. Somos los fondistas del planeta. Pero eso es tema de otra lectura.
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