En la Segunda Guerra Mundial✦, los submarinos alemanes hundían convoyes del Atlántico usando Enigma: una máquina de escribir cifrada, con ruedas (rotores) que cambiaban el código con cada tecla pulsada. Las cuentas del propio diseño daban unas 159 mil millones de millones de configuraciones posibles: un número de veintiún dígitos. Probarlas una por una a mano era imposible. Había que automatizar la búsqueda, y eso es exactamente lo que se inventó para ganar la guerra.
El secreto que se contó 30 años tarde
Lo que casi nadie supo hasta 1974: los primeros en romper Enigma no fueron británicos, fueron polacos. En los años 30, tres matemáticos (Rejewski, Różycki y Zygalski) dedujeron la estructura de los rotores con matemática pura y construyeron máquinas para probar combinaciones: la "bomba" criptológica y el ciclómetro. Antes de la caída de Polonia en 1939 entregaron sus métodos a franceses y británicos. En Bletchley Park, el centro secreto donde trabajaban lingüistas, campeones de ajedrez y estudiantes, Alan Turing mejoró esas máquinas (más rápidas, más baratas, adaptadas al Enigma naval) y la estimación más citada entre historiadores es que su trabajo acortó la guerra unos dos años.
¿Por qué nadie lo presumía? Porque era secreto de Estado: la gente de Bletchley firmó discreción y vivió años sin poder explicarle a su familia en qué trabajaba. Hay cartas y recuerdos de colegas que fingían estar aburridos en un escritorio oficial mientras, en secreto, estaban acortando la guerra. El silencio fue parte del costo: muchos murieron sin que nadie afuera supiera lo que habían hecho.
El hombre que terminó mal
Alan Turing, el mismo que definió qué es una computadora antes de que existieran como objeto (su artículo de 1936 sobre números "computables" es el acta de nacimiento de la informática), fue condenado en 1952 por ser homosexual en Reino Unido, donde eso era delito, y obligado a someterse a un "tratamiento" con hormonas. Murió en 1954, a los 41 años, con una manzana a un lado: la investigación oficial habló de suicidio por envenenamiento con cianuro, y hay historiadores que lo dudan. La disculpa pública del gobierno británico llegó en 2009, el indulto real en 2013, y hoy su cara está en el billete de 50 libras. El país que ganó la guerra con su mente lo trató como criminal por su corazón. Eso también es historia de la tecnología: la parte humana, la que indigna y la que hay que recordar.
Comentarios
Inicia sesión para comentar.
Todavía no hay comentarios. Sé la primera persona en opinar.