Encontró la caja de música en el camión: madera oscura, una manivela rota, y por dentro, grabado, un nombre: "Para A., que siempre llega tarde".
Pudo quedarse con ella. Nadie lo vería. Pero la dejó en la oficina de objetos perdidos, y al día siguiente la dueña —una señora mayor, de abrigos y risa fácil— lo buscó para darle "un regalo por honesto": la caja. "De todos modos ya no suena —dijo—. El que la repara es mi hijo. Tú llegaste a tiempo por primera vez."
El joven se llevó la caja a casa. La giró: sonó, sin manivela, una melodía de pocos años atrás, la que sonaba en el café donde su padre lo llevó una sola vez antes de irse. Y entendió, de golpe, el grabado: la "A." no era él.
FIN.
Cómo está hecho este giro (nota de taller)
Un buen final sorpresa no llega de la nada: prepara la pistola en el primer párrafo y dispara en el último. Aquí las pistas: "A." (una inicial que el lector asigna al protagonista... y no), la manivela "rota" que suena sola, y la frase "ya no suena", que la dueña dice sabiendo que sí sonará para él. La regla: si relees el cuento y todo encaja, el giro es justo; si al releer sientes que te la escondieron, el autor hizo trampa. Prueba: escribe un microcuento de 6 líneas con UNA frase de doble lectura, y dáselo a alguien.
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