Un pájaro carpintero pasa el día picoteando troncos duros para sacar insectos. Imagina la violencia: entre 12 y 15 picotazos por segundo, cada golpe frenando en madera. Y sin embargo no se le destruye el cerebro. Aquí empieza lo raro.
Primero, la lengua. Cuando ves a un carpintero sacar lengua, no ves nada: la suya mide, cuando la estira, hasta un tercio más que su propio cuerpo. Pero ¿dónde la guarda? Es largo el misterio: la lengua del carpintero no está "adentro" de la boca: sale de ella, sube por el interior de su cráneo, da la vuelta alrededor de su cerebro, y el extremo final… sale por el orificio de la nariz, donde puede engancharse.
Y su función es perfecta: al picotear, la lengua se tensa, y da un rodeo en la parte posterior de su cerebro para "sujetar" el golpe. Algunos investigadores han sugerido que funciona como cinturón de seguridad y amortiguador a la vez: cada golpe que recibe, se reparte y se absorbe. Además, la punta es rígida y con ganchitos, para sacar insectos de los huecos.
Tiene, además, párpado doble: una tercera membrana transparente que se cierra justo antes de cada impacto para que no se le metan astillas al ojo. Y su cráneo tiene estructura de esponja, y una lengua con forma de "pico de lanza". La combinación funciona: sin esas cosas, el cerebro de un carpintero sería papilla.
Así que la próxima vez que oigas en el bosque los "toc-toc-toc-toc" de un carpintero en un tronco, recuerda que adentro de ese pájaro hay una lengua abrazando a su propio cerebro, literalmente. Es la anatomía más rara que existe, y ni se ve.
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