Rivera: cuando el país decidió leerse en paredes
A comienzos del siglo veinte, México✦ salía de una revolución y su gobierno tenía un problema: había fundado una nación nueva y la mayoría de sus ciudadanos no sabía leer. La respuesta fue de una audacia que hoy parece imposible: convertir los muros públicos en libros. En el centro de ese experimento estuvo Diego Rivera, guanajuatense de 1886, el hombre que pintó desde la historia prehispánica hasta la revolución industrial en escaleras de palacios y muros de escuelas. En este objeto entendemos qué fue el muralismo mexicano, por qué Rivera es su figura enorme y por qué sus paredes siguen generando pleitos cien años después.
Antes de ver

- El muralismo fue un programa de Estado: tras la Revolución de 1920, la Secretaría de Educación convocó artistas para pintar edificios públicos.
- Rivera, Orozco y Siqueiros, los tres grandes, compartieron proyecto pero fueron rivals declarados entre sí.
- La técnica estrella fue el fresco: pigmento sobre cal húmeda, de modo que la pintura se vuelve pared y está hecha para siglos.
- El arte dejó de colgarse en salas para gente con dinero: se instaló en escuelas, palacios de gobierno y hospitales, gratis para todo mundo.
Mientras ves el video, ten presente esta pregunta: ¿quién es el dueño de un mural: el gobierno que lo paga, el artista que lo pinta o la gente frente a la que está?
Mientras lo ves
- Anota qué murales y qué edificios aparecen, y en qué ciudad están: vas a armar un mapa de la exposición más grande de México, que es el propio centro histórico.
- Fíjate en quiénes son los protagonistas de sus pinturas: obreros, campesinos, indígenas, ¿dónde quedan los presidentes y los generales?
- Identifica las controversias que menciona el video y de dónde viene cada una: el carácter del artista o el mensaje político.
Lo importante
Diego María de la Concepción Juan Nepomuceno Estanislao de la Rivera y Barrientos Acosta y Rodríguez —así, completo— nació en Guanajuato el 8 de diciembre de 1886, mostró un talento tan precoz que a los once entró a la Academia de San Carlos en la Ciudad de México y en 1907 se fue a Europa, donde pasó catorce años entre Madrid, París y los talleres de los cubistas, que lo miraban pintar lienzos geométricos mientras él soñaba con paredes. Regresó en 1921, cuando el gobierno mexicano lo convocó para el gran proyecto educativo, y nunca más volvió a pintar para coleccionistas: pintó para el país. Sus muros mayores cuentan la historia nacional de corrido: la Escuela Nacional Preparatoria, la Secretaría de Educación Pública, el palacio de Cortés de Cuernavaca con la historia del estado de Morelos, y sobre todo el Palacio Nacional, donde entre 1929 y 1935 pintó en la escalera principal una historia de México que va del México antiguo, con sus mercados y sus dioses, hasta la revolución y sus esperanzas, pasando por la conquista mostrada como lo que fue vista desde abajo: un caballo español pisando cuerpos. A eso se suman encargos en Estados Unidos —los murales de la industria de Detroit, de 1932, un himno al trabajo obrero pintado dentro de un instituto fundado por capitalistas, detalle que a Rivera le encantaba— y obras terminales como el Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, 15 metros de archivo sentimental mexicano que hoy vive en el Palacio de Bellas Artes.
El muralismo no fue solo un estilo: fue una idea sobre para quién existe el arte. Vasconcelos, el primer gran impulsor, lo había dicho con una frase que era un programa: sin cultura, la independencia es sobrevivencia. Un pueblo que no puede leer libros puede leer muros, así que el Estado pagó a los pintores para que devolvieran la historia a sus dueños. La apuesta transformó el arte mundial: en las décadas siguientes, artistas de medio continente viajaron a aprender el oficio de pintar muros, y Siqueiros dio en Nueva York talleres donde un joven Jackson Pollock experimentó con armas de pintura y materiales industriales, semillas lejanas de su goteo famoso. Pero el proyecto también cargó tensiones que hoy leemos con más claridad: era arte libre pagado por un gobierno, y en el camino de la libertad a la propaganda hay un trecho que los tres grandes recorrieron a su manera: cada vez que pintaron al lado del agrarismo, del indigenismo y del obrero, dejaron de ser neutrales. El propio Rivera fue un personaje imposible de separar de su obra: enorme, polémico, casado en 1929 con Frida Kahlo, de quien se divorció y con quien volvió a casarse, convencido de que un artista debe meter la mano en la política con la misma seguridad con que mete la brocha en la cal.
Algo que el video no te contó
Tu turno: el muro como decisión
Un gobierno quiere retomar la idea muralista en tu ciudad. ¿cuál decisión es más fiel al espíritu del proyecto original?
Comprueba si lo entendiste
¿Qué papel jugó el Estado mexicano en el muralismo?
El fresco muralista se pensaba para durar más que la pintura de caballete: la imagen se integraba a la pared.
¿Qué revela el caso Rockefeller sobre la relación entre arte y poder?
Investiga un muro de tu escuela o tu colonia, el que cruzas todos los días sin verlo. Diseña para él un mural de cuatro escenas que cuente la historia de ese lugar a la manera muralista: quién trabajó ahí, qué se perdió, quién no aparece en las fotos oficiales. Escribe las cuatro escenas con sus personajes, justifica una decisión polémica que tomarías (algo que incomodaría a alguien con poder) y termina con la frase que el mural diría a quien pase: acordate de que Vasconcelos te daría la razón en una sola: sin cultura, no hay independencia.
Un país que no se conoce a sí mismo se deja contar por otros.
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Fuentes
Muralismo mexicano — WikipediaPrograma, artistas, técnica y debate sobre su herencia.
Video detonador en YouTubeGobierno de México: Diego Rivera, 139 años de grandeza artística.
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