Simulador · Fiscalización
El escenario. Faltan 72 horas para entregar el informe de gastos. El tesorero te pasa tres carpetas: impresión de 40 mil gacetas a «Gráficas Sol SA de CV» (domicilio: un taller mecánico); 380 mil pesos en «asambleas vecinales» sin lista de asistencia; y el candidato personalmente aportó 900 mil, cuando el tope de aporte propio es 850 mil. Todo lo demás parece en orden. El gerente te guiña: «estamos a tiempo de ajustar las facturas antes de subir».
Cómo funciona. Tres rondas: el hallazgo, la presión del entorno y la decisión de reporte. Cada omisión queda registrada: el órgano electoral no olvida, y tú tampoco deberías.
Setenta y dos horas antes del cierre
Checkpoints: el ojo del fiscalizador
Seis renglones del informe de campaña. Tres son irregularidades reales; identifica en cuál lista está LA que corresponde a un rebase de tope de aporte personal (marca el índice):
Marca la línea o las líneas con error y pulsa Comprobar.
El gerente te ofrece «regularizar» las facturas con un proveedor nuevo que tiene papeles. ¿Cuál es la vía profesional correcta?
Si el contralor detectó, documentó internamente pero no reportó antes de la entrega, su hallazgo lo protege automáticamente de cualquier responsabilidad.
Piensa en un control que hayas hecho alguna vez (un trabajo escolar, inventario, caja de un evento): ¿detectaste algo y lo reportaste, lo guardaste o lo resolviste «por abajo»? Reescribe esa decisión con el protocolo del simulador: documentar primero, escalar después, nunca regularizar papeles falsos.
La pregunta clave: si mañana llega la revisión, ¿tu acta interna te salvaría o te inculparía?
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