El diagnóstico es una sentencia con pruebas
Un diagnóstico no es un muro de notas pegadas: es una historia contada con evidencia que termina en «por eso hacemos lo que hacemos». La cuadrícula FODA ayuda a no olvidar rincones. Fortalezas: lo que tenemos y los otros pueden verificar —base registrada en tres secciones, un candidato conocido en el mercado, el comité de agua que ya nos abrió la puerta—. Declara fuerzas con nombre y prueba: la fortaleza que nadie puede verificar es lista de deseos del candidato. Oportunidades: cosas del entorno jugables —la candidatura rival la arrastra un expediente de obra incumplida que está en la cuenta pública; una sección nueva sin identidad partidista; el tema que el cuaderno muestra subiendo tres semanas—. Debilidades: las nuestras, dichas en voz alta —estructura envejecida, mensaje que no baja de 40 años, candidato desconocido en la zona norte—. Y amenazas: lo del entorno que nos puede golpear —el arrastre de una elección nacional adversa, dinero del rival, un tema nacional que tape lo local—. Regla de oro para la sesión: ninguna casilla se llena con adjetivos; cada afirmación trae la prueba de la matriz o del cuaderno, o no entra.
El segundo filtro es más fino: separar el síntoma de la causa. La matriz dice que la sección 018 sale poco a votar: síntoma. ¿Causa? El cuaderno responde con citas: «para qué, si siempre es lo mismo», «aquí nunca hacen caso» —apatía aprendida, no desorganización nuestra. La diferencia cambia la estrategia por completo: contra la apatía hay mensaje de prueba («tu voto sí movió X en la colonia Y»); contra la desorganización, transporte y lista. Diagnósticos que confunden síntoma con causa tratan la fiebre y dejan la infección. Y el tercer filtro es el climático: la sesión del diagnóstico debe poder contradecir al candidato. Si la reunión termina exactamente como empezó —con las fortalezas que el jefe siempre dijo y ninguna debilidad que lo incomode—, no hubo diagnóstico: hubo ratificación. La disciplina es simple: antes de cerrar, alguien lee en voz alta el «qué estamos soltando y por qué» —qué sección, qué tema, qué público se deja de pelear—; un diagnóstico sin renuncias escritas es un álbum de deseos con membrete.
La cuadrícula leída sin piedad
- FODA de territorio: cada casilla con evidencia, síntomas separados de causas, renuncias escritas.
Cuatro casillas, tres reglas. Solo afirmaciones con prueba de matriz o cuaderno. Síntoma abajo, causa arriba: al problema se le ataca, al síntoma se le disfraza. Y al final, la línea que duele: qué dejamos de pelear.
En la sesión de diagnóstico, el tesorero afirma: «el norte está perdido pero no lo pongamos por escrito, desanima». El coordinador de jóvenes dice: «la gente joven no vota, es así en todas partes». La cita del cuaderno 018 dice: «para qué voy, si siempre es lo mismo». ¿Qué lectura del diagnóstico es correcta?
Un diagnóstico territorial está bien hecho cuando todas sus casillas están llenas de afirmaciones que pueden apuntarse con la matriz de secciones o con el cuaderno de campo.
Autocomprobación
Cuatro frases sobre el diagnóstico territorial. En cuál se coló el error:
Marca la línea o las líneas con error y pulsa Comprobar.
Redacta la línea de renuncia de tu diagnóstico (real o imaginado): qué sección, tema o público declaras «no peleamos, y esto es lo que hacemos en cambio» —con la evidencia de matriz o cuaderno que la sustenta. Luego escribe una causa-síntoma de tu terreno: qué conducta observas (síntoma, con número) y qué cita del cuaderno la explica (causa). Termina con la decisión estratégica que esa causa sugiere.
Si te cuesta escribir la línea de renuncia, es buena señal: eso exactamente es lo que el comité posterga. Y si no encuentras ninguna cita que explique la conducta, tu campo todavía es recorrido sin cuaderno.
Tu texto se guarda sólo en este dispositivo.
Comentarios
Inicia sesión para comentar.
Todavía no hay comentarios. Sé la primera persona en opinar.