El tablero no mide al municipio: mide tu capacidad de enterarte a tiempo

Un tablero municipal honesto cabe en una pantalla y se defiende con seis columnas por indicador: nombre, qué decide, línea base, fuente con dueño, frecuencia y semáforo con umbral numérico. Los seis que un alcalde de verdad debe ver cada semana (el curso 5 ya te dio la mitad de las fuentes):
Servicios que se miden solos: agua (horas de suministro por colonia por día —el promedio municipal esconde las 6 colonias sin una hora—), recolección (rutas programadas vs rutas completadas, con folio de excepción), bache/alumbrado (reportes recibidos, atendidos en plazo, y reabiertos a 30 días —la reparación que vuelve es la que el promedio no cuenta—).
Plata que se acaba: ejecución presupuestal por rubro con regla de los tres meses (si a junio no vas arriba de 40 por ciento, diciembre se escribe solo —curso 2—), y adeudos con proveedores por antigüedad (más de 90 días es riesgo político, no contable).
Gente y conflicto: solicitudes de atención y tiempos de respuesta de la ventanilla/018, y los dos números de seguridad del curso 5 con lectura municipal (llamadas al 911 y partes registrados vs archivados «arreglados»). Cada uno con línea base tomada el primer mes —sin base no hay «mejora», hay narrativa—.
Y la anatomía del indicador mentiroso, las tres formas que debes detectar en cuanto las veas en un oficio:
(1) El promedio que esconde la cola: «92 por ciento de avance de obra» es el promedio de 40 contratos —tres están al 10—: el promedio lo esconde y el tablero no muestra la distribución. Regla: toda cifra promedio se acompaña de su peor decil.
(2) La meta que se ajusta a la realidad: en enero «70 licencias regularizadas»; en noviembre la meta bajó a «50» y se celebró el «100 por ciento de cumplimiento». La meta se fija con evidencia antes del trimestre y solo cambia por acuerdo documentado en el tablero, no por decreto del boletín.
(3) El proceso vendido como resultado: «3,200 jóvenes atendidos en jornadas» (proceso) para no hablar de victimización o deserción (resultado —el curso 5 ya puso el nombre a esto: evento con banner—). Y la variante contable: «100 por ciento ejercido» como logro, cuando ejecutar todo en diciembre «como sea» es la antesala de la observación.
Tu director de servicios públicos propone para el informe: «el 96 por ciento de satisfacción en la encuesta aplicada a los asistentes a las audiencias de martes». Tu tratamiento del indicador es:
Empareja cada cifra del reporte oficial con el vicio que esconde:
Ordena el montaje del tablero desde el primer mes de administración:
Coloca los elementos en orden y pulsa Comprobar.
Un indicador que empeora pero cuya fuente y metodología son sólidas es información más valiosa que uno siempre verde alimentado por reportes de evento.
Todo indicador necesita una línea tomada el primer mes; la cifra promedio se acompaña de su peor ; y la meta solo cambia con acuerdo en el tablero.
El «resumen del tablero de resultados» trimestral esconde el vicio que mata la utilidad del dato. Señálalo:
Marca la línea o las líneas con error y pulsa Comprobar.
Escribe tu tablero de seis indicadores en media cuartilla: nombre, la decisión que alimenta, línea base (si no la tienes, escribe «pendiente —medir en mes uno» y el cómo), fuente con dueño con nombre y apellido, frecuencia y el umbral numérico del rojo. Después, el ejercicio de honestidad que separa este módulo de un curso de PowerPoint: elige el indicador que más te asusta medir bien (el que tu director preferiría dejar «en el informe cualitativo») y describe qué pasa con tu agenda si ese número resulta estar en rojo desde el mes dos. Por último: ¿cuál de tus seis podría sobrevivir a la pregunta «¿a quiénes encuestaron / cómo se midió?» —si la respuesta no cabe en una línea, no es indicador: es boletín.
Regla del tablero: seis números con dueño y umbral gobiernan mejor que sesenta con adjetivos.
Tu texto se guarda sólo en este dispositivo.
- Seis a ocho indicadores que deciden, no que adornan: agua, basura, obra, plata, gente, seguridad.
- Línea base el mes uno aunque dé miedo: sin base no hay mejora, hay narrativa.
- Toda cifra promedio se muestra con su distribución y su peor decil.
- La meta cambia con acta y evidencia, jamás con decreto del boletín.
- Una hora semanal con el tablero proyectado y los rojos con acta: el dato que molesta es el dato que trabajas.
Chequeo: números que se defienden
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