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El Pacífico: una guerra a bordo de portaaviones e islasRedacción Lumbre

CAPÍTULO 1

El Pacífico: una guerra a bordo de portaaviones e islas

Tras Pearl Harbor, Japón hizo lo que pocos habrían osado: en seis meses conquistó un imperio. Filipinas, Malasia, Singapur, las Indias Orientales Holandesas (hoy Indonesia), Birmania y cientos de islas del Pacífico cayeron. Japón buscaba un perímetro defensivo rico en petróleo, caucho y estaño. Estados Unidos tenía que cruzar **15 000 kilómetros de océano** para alcanzarlo.

Midway: la batalla sin verse

La guerra naval cambió de protagonista: ya no era el acorazado con cañones enormes, sino el **portaaviones**, que lanzaba aviones a cientos de kilómetros. En la batalla del **Mar del Coral** (mayo de 1942) los dos bandos se golpearon sin llegar a verse los barcos. Un mes después, en **Midway** (junio de 1942), los descifradores estadounidenses tendieron una trampa a la flota japonesa: en cinco minutos de picado, cuatro portaaviones japoneses ardiendo cambiaron el equilibrio del Pacífico. Desde entonces Japón perdió, isla a isla.

El salto de la rana

Los estadounidenses adoptaron una estrategia: no tomar todas las islas, sino **saltar** las muy defendidas hacia bases aéreas que las dejaran aisladas («saltar de rana»), avanzando hacia Japón. Empezó una serie de desembarcos anfibios —Guadalcanal, Tarawa, Saipán— de una dureza nueva: bombardeos navales y aéreos previos, oleadas de lanchas bajo fuego, y defensas en túneles y cuevas que luchaban hasta el último hombre. Para Japón, rendirse era una deshonza inaceptable; para los marines, cada playa era una lección de cuánto podía costar un metro.

Iwo Jima y Okinawa: el precio de la puerta

En febrero-marzo de 1945 cayó **Iwo Jima**, con su icónica bandera en el monte Suribachi; casi todos sus 21 000 defensores murieron. Entre abril y junio, en **Okinawa**, a 600 kilómetros de Japón, murieron unos 100 000 civiles okinawenses —aplastados entre frentes, obligados a suicidarse por la propaganda o sacrificados por el propio ejército japonés—, más de 100 000 soldados japoneses y decenas de miles de estadounidenses y británicos. Los **kamikazes** (aviones-suicida) atacaron la flota: eran un aviso del costo que tendría invadir las islas natales.

Una guerra total también en casa

En el Pacífico la propaganda deshumanizó al enemigo con un racismo feroz, y en Estados Unidos eso tuvo una consecuencia interna: el encarcelamiento de **120 000 japonés-estadounidenses** en campos de internamiento, sólo por su origen. La guerra contra un imperio racista no impidió a una democracia cometer su propio error racial: una lección que también forma parte del frente del Pacífico.

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Un respiro entre páginas.

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