CAPÍTULO 1
El wifi invisible
Casi nadie en casa conecta ya el teléfono o la tableta con un cable. Sin embargo, ves vídeos, envías mensajes y juegas en línea como si estuvieras enchufado. Todo eso viaja por el aire, sin cables visibles, gracias al wifi. Pero ¿cómo puede la información cruzar una casa entera a través de algo que no se ve? La respuesta es que el wifi usa ondas de radio, el mismo tipo de onda que lleva la señal de la radio o la televisión, solo que organizada de una forma muy concreta.
Ondas de radio que llevan datos
El wifi funciona con **ondas de radio**, que son un tipo de radiación electromagnética, igual que la luz, aunque nosotros no podemos verlas. Una onda de radio es una vibración que se propaga por el espacio, y lo que la caracteriza es su **frecuencia**: cuántas veces vibra por segundo. La frecuencia se mide en gigahercios (GHz) cuando hablamos de wifi.
Los aparatos wifi suelen trabajar en dos bandas principales: la de **2,4 GHz** y la de **5 GHz** (y en los equipos más nuevos, también 6 GHz). No son números mágicos: son franjas del espectro radioeléctrico reservadas para que los dispositivos las usen sin interferir con otros servicios importantes. La diferencia práctica entre ellas es que la banda de 2,4 GHz llega más lejos y atraviesa mejor las paredes, pero es más lenta; la de 5 GHz es más rápida, pero tiene menos alcance.
El router, el traductor
El corazón del wifi de tu casa es el **router** (o enrutador). Su trabajo es traducir entre dos mundos. Por un lado, recibe la conexión a internet que llega por un cable (de fibra, de cobre o de otro tipo). Por otro, convierte esa información en ondas de radio y las emite por el aire. Cuando tu teléfono quiere cargar una página, ocurre el proceso inverso: el teléfono envía sus datos como ondas de radio, el router los recibe y los manda por el cable hacia internet.
Para que todo esto funcione, los datos no viajan «en bruto». Igual que en cualquier red, la información se trocea en **paquetes**, cada uno con la dirección de destino, y se vuelve a montar al llegar. El wifi es, en el fondo, la parte inalámbrica de ese mismo sistema de paquetes que hace funcionar internet.
Cómo no se pisan unos aparatos con otros
En tu casa puede haber varios dispositivos conectados al mismo wifi a la vez: teléfonos, tabletas, televisiones, consolas. ¿Cómo es posible que todas esas señales no se mezclen y se estorben? El router lo organiza de dos maneras.
Primero, **reparte el tiempo**: los dispositivos se turnan para hablar, en fracciones de segundo tan rápidas que parece que todos van a la vez. Segundo, el wifi usa un conjunto de reglas y protocolos (la familia de estándares que conocemos como IEEE 802.11) que indican cómo debe comunicarse cada aparato: a qué velocidad, en qué canal, cómo avisar de que va a enviar y cómo confirmar que un paquete llegó bien. Estas normas permiten que aparatos de distintas marcas se entiendan entre sí.
Además, las redes se protegen con una **contraseña** y un cifrado: la información viaja codificada para que un vecino o un desconocido no pueda leerla ni colarse en tu red. Por eso es importante poner una clave segura.
Por qué a veces va lento
El wifi no siempre funciona igual de bien, y entender por qué ayuda. Las ondas de radio se debilitan con la distancia y chocan con los obstáculos: las paredes gruesas, los espejos, el metal y hasta el agua (tú mismo eres en gran parte agua) las frenan o las reflejan. Por eso el wifi suele ir mejor cerca del router y peor en las habitaciones lejanas.
También influye la saturación. Si muchos vecinos usan el mismo canal de radio, o si en tu casa hay varios dispositivos descargando cosas pesadas a la vez, todos comparten el mismo «aire» y la conexión se reparte. Y a veces la lentitud no es del wifi, sino de la conexión a internet que llega hasta el router.
Lo invisible que sostiene lo cotidiano
El wifi es un ejemplo precioso de tecnología invisible: no ves las ondas, no notas los paquetes ni los turnos, pero gracias a todo eso una película llega a tu pantalla sin cables. La próxima vez que te conectes, recuerda que tus datos están viajando por el aire como ondas de radio, troceados en paquetes, organizados por un router y protegidos por una contraseña, a una velocidad que hace unas décadas habría parecido magia.