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Calpulli: la vida diaria de la gente comúnRedacción Lumbre

CAPÍTULO 1

Calpulli: la vida diaria de la gente común

Las pirámides y los nombres de los gobernantes nos hacen olvidar que, como siempre, la inmensa mayoría de la población no era noble ni sacerdotal: eran familias que trabajaban la tierra, tejían, cargaban pesos y vendían en el mercado. Para entender Mesoamérica hay que bajar la mirada de las cimas de los templos y ver cómo vivía la gente corriente. En el mundo mexica, su célula básica era el **calpulli**.

El calpulli, una comunidad con todo

El calpulli era un grupo de familias que se decían descendientes de unos antepasados comunes y compartían tierra, agua, escuela, templo y dios propio. No se era «ciudadano de un país» sino miembro de un calpulli, que te daba lo esencial: un solar para vivir, parcelas para cultivar y ayuda en las fiestas y en los momentos difíciles. A cambio, sus miembros pagaban tributo y, en tiempos de guerra, formaban contingentes de guerreros. Era al mismo tiempo familia extendida, cooperativa y barrio.

Una sociedad escalonada

La sociedad mesoamericana era muy desigual y estaba ordenada en grupos. En la cima estaban el gobernante (el *tlatoani*) y junto a él nobles, sacerdotes y los guerreros y comerciantes más prósperos. Debajo, la gran masa de *macehualtin* (gente del pueblo): agricultores, artesanos y cargadores. En el extremo más frágil, los esclavos, aunque su condición era menos permanente y hereditaria que la esclavitud de otras épocas. El ascenso social no era imposible: un hombre del pueblo podía destacarse en la guerra y ganar honores, pero el nacimiento seguía pesando mucho.

Escuelas para (casi) todos

Uno de los datos que más sorprende: entre los mexicas, la educación era **obligatoria**, algo rarísimo en el mundo antiguo. Cada niño, hijo de nobles o del pueblo, debía asistir a una escuela. Los del pueblo iban al *telpochcalli*, donde aprendían oficios, historia, religión y manejo de armas. Los hijos de la élite pasan al *calmécac*, más centrado en el gobierno, la escritura, la astronomía y el sacerdocio. Se educaba a los niños con disciplina y discursos morales (los *huehuetlatolli*, «palabras de los ancianos») sobre la honestidad, el trabajo y el respeto.

La vida mesoamericana no giraba en torno a un rey: giraba en torno al calpulli, la comunidad que criaba, enseñaba y alimentaba a la mayoría.
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Un respiro entre páginas.

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