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¿Cómo te orientas si no hay mapa?Redacción Lumbre

CAPÍTULO 1

¿Cómo te orientas si no hay mapa?

Para desplazarte por el mundo necesitas tres cosas: saber dónde estás, decidir hacia dónde vas y poder describir el camino. Durante miles de años la gente se orientó sin teléfono ni brújula, usando señales del cielo, del terreno y de las costumbres. Aprender a orientarse es el primer paso de la geografía: sin un «norte» no hay mapa que valga.

Los cuatro puntos cardinales

Imagina que abres los brazos: el Sol sale por un lado y se oculta por el otro. A eso lo llamamos este (u oriente) y oeste (o occidente). Si miras hacia donde sale el Sol, tu espalda queda al norte y a tu izquierda queda el sur. Norte, sur, este y oeste son los puntos cardinales, y son relativos a ti: por eso conviene acordar una dirección común antes de dar una indicación. Un mismo lugar cambia de nombre según hacia dónde mire quien lo describe.

Señales del cielo y del terreno

El Sol y las estrellas han sido brújulas naturales. Al mediodía, en buena parte de México el Sol está hacia el sur, así que las sombras de los objetos apuntan hacia el norte. Por la noche, la Estrella Polar marca el norte casi sin error. En el día nublado ayudan otras señales: el musgo no siempre crece al norte (eso es un mito), pero sí prefiere el lado húmedo y sombreado. Los mapas, en cambio, casi siempre dibujan el norte hacia arriba, y por eso el norte aparece arriba aunque no sea ninguna ley de la naturaleza.

Referencias y puntos de encuentro

Antes de los GPS, la gente se guiaba por hitos: un cerro, un río, una iglesia, un árbol enorme. Un «punto de referencia» es algo fijo y fácil de reconocer que te sirve para ubicarte: «hasta la tienda y luego al cerro». Entre más claros y compartidos sean los hitos, mejor funciona la indicación. Por eso los mapas usan símbolos para esos mismos puntos: caminos, ríos, montañas y ciudades.

Orientarse es una habilidad que se entrena

Practícalo en tu colonia o tu pueblo: sal y trata de adivinar hacia dónde está el norte con el Sol; compara tus pasos con un mapa sencillo; describe a alguien el camino a tu escuela usando solo referencias. Verás que la orientación no es talento, es costumbre. Cuando sabes dónde estás, todo el territorio empieza a tener sentido.

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Un respiro entre páginas.

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