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Estadísticas que engañanRedacción Lumbre

CAPÍTULO 1

Estadísticas que engañan

«El 80% de las personas está de acuerdo.» «Este producto duplica la eficacia.» «La criminalidad se disparó un 50%.» Los números parecen objetivos, fríos, imposibles de discutir. Por eso confiamos en ellos. Y por eso mismo son una de las herramientas más eficaces para manipular: un dato bien escogido puede hacer que una mentira parezca una verdad. Aprender a detectar las trampas estadísticas es una habilidad de defensa personal para el siglo XXI.

En 1954, el escritor Darrell Huff publicó un librito famoso titulado *Cómo mentir con estadísticas*. Su idea central no era enseñar a engañar, sino al contrario: mostrar los trucos para que el lector no cayera en ellos. Estas son algunas de las trampas más comunes.

La muestra sesgada

Toda estadística se basa en estudiar a un grupo (la **muestra**) para decir algo de un grupo más grande (la **población**). El problema empieza cuando la muestra no representa bien a la población. Si entrevistas a cien personas a la salida de un gimnasio y concluyes que «a los jóvenes les encanta el deporte», tu muestra está sesgada: elegiste justo a los que ya hacen ejercicio.

Muchos engaños nacen aquí, y no siempre por maldad. Una encuesta en internet sólo recoge a quienes tienen internet y deciden participar. Un estudio médico con pocos pacientes puede dar resultados que no se repiten. Antes de creer un porcentaje, pregúntate siempre: **¿a quién se estudió y cuántos eran?**

El promedio que esconde

La palabra «promedio» suena inocente, pero puede ocultar realidades muy distintas. Hay varias formas de calcularla. La **media** es la suma dividida entre el número de casos. La **mediana** es el valor que queda justo en medio. Si en una empresa nueve empleados ganan 10.000 y el dueño gana 1.000.000, el «salario promedio» será altísimo, pero la mediana —lo que gana la persona del medio— será 10.000. Cuando los datos están muy desiguales, la media engaña y la mediana dice más. Quien cita un «promedio» sin aclarar cuál usa puede estar maquillando la realidad.

Correlación que no es causa

Esta es quizá la trampa más repetida. Que dos cosas varíen juntas no significa que una provoque la otra. Los helados vendidos y los ahogamientos suben al mismo tiempo en verano, pero comer helado no ahoga a nadie: ambas cosas coinciden porque hace calor. Cuando alguien diga «X está asociado con Y», la pregunta correcta es: ¿X causa Y, Y causa X, o hay una tercera cosa que causa las dos? La lectura sobre correlación y causalidad profundiza en este punto, porque es donde más se equivoca la gente.

Gráficas que mienten con el ojo

Un gráfico puede distorsionar sin cambiar ni un solo número, sólo recortando el eje. Si una barra que representa las ventas empieza en 95 en vez de en 0, un aumento pequeño se ve enorme. Si se dibuja un objeto que duplica su altura y también su ancho, el área se cuadruplica y el ojo percibe un crecimiento cuatro veces mayor del real. Nunca mires un gráfico sin fijarte en dónde empieza el eje y en qué unidades usa.

Números grandes y miedo

Los porcentajes impactan más que los números absolutos, y se usan para asustar. «El riesgo se duplicó» suena terrible, pero si el riesgo pasó del 0,001% al 0,002% sigue siendo minúsculo. Del mismo modo, un aumento del 50% en una cifra pequeña sigue siendo pequeño. Siempre que veas un porcentaje llamativo, busca el número real detrás.

Cómo defenderte

No hace falta ser matemático. Basta con unas cuantas preguntas de costumbre: ¿quién hizo el estudio y qué gana con el resultado?, ¿a cuántas personas se estudió y cómo se eligieron?, ¿qué clase de «promedio» es?, ¿hay correlación o causa demostrada?, ¿dónde empieza el eje de la gráfica?, ¿qué número absoluto hay detrás del porcentaje? Ninguna estadística es automáticamente cierta ni automáticamente falsa. La defensa no es desconfiar de todos los números, sino dejar de tratarlos como si fueran magia. Un número es una afirmación sobre el mundo, y como toda afirmación, se puede examinar.

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Un respiro entre páginas.

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