CAPÍTULO 1
El efecto invernadero
Si la Tierra no tuviera atmósfera, su temperatura media rondaría los dieciocho grados bajo cero y no habría vida tal como la conocemos. En cambio, la temperatura media real es de unos quince grados positivos. La diferencia, de más de treinta grados, se debe a un fenómeno natural llamado efecto invernadero. Es un mecanismo físico bien entendido, y esta lectura explica en qué consiste, sin entrar en opiniones sobre qué deberíamos hacer al respecto.
Cómo entra y sale la energía del Sol
Todo empieza con la luz. El Sol envía energía a la Tierra en forma de luz visible y otras radiaciones. Esa luz atraviesa la atmósfera casi sin obstáculos y llega a la superficie, donde se absorbe y la calienta. La superficie, a su vez, no se queda con toda esa energía: la devuelve hacia el espacio, pero ya no como luz visible, sino como calor, lo que los científicos llaman radiación infrarroja.
Aquí es donde aparece el efecto invernadero. Ciertos gases de la atmósfera dejan pasar la luz que viene del Sol, pero atrapan parte del calor que la Tierra intenta devolver al espacio. No lo bloquean del todo: dejan escapar una parte y retienen otra, que se queda dando vueltas y calentando el aire. El resultado es que el planeta guarda más calor del que guardaría sin esos gases.
Los gases de efecto invernadero
Los responsables se llaman gases de efecto invernadero, y son componentes naturales del aire. Los principales son el vapor de agua, el dióxido de carbono (CO₂), el metano y otros en menor cantidad. Aunque están en proporciones pequeñas comparadas con el nitrógeno y el oxígeno que forman el grueso de la atmósfera, tienen una propiedad especial: sus moléculas absorben la radiación infrarroja. Sin ellos, el calor se escaparía directamente al espacio y la Tierra sería un bloque de hielo.
El nombre viene de un invernadero
La comparación con un invernadero no es perfecta, pero ayuda a imaginarlo. En un invernadero de cristal, la luz del Sol entra por el vidrio y calienta las plantas y el suelo; el vidrio impide que buena parte del calor salga, y por eso dentro hace más calor que fuera. Los gases de efecto invernadero hacen un papel parecido al del vidrio: transparentes a la luz entrante y opacos a parte del calor saliente.
Un fenómeno natural que se puede intensificar
Es importante separar dos cosas. Por un lado, el efecto invernadero natural es bueno y necesario: sin él no podríamos vivir. Por otro, está el hecho medido de que las actividades humanas —sobre todo la quema de combustibles fósiles como el carbón, el petróleo y el gas, y la deforestación— han aumentado la concentración de estos gases en la atmósfera desde la Revolución Industrial. Más gases de efecto invernadero significa que se atrapa más calor, lo que intensifica el efecto natural. Este reforzamiento adicional es lo que los científicos vinculan, con un amplio consenso, al calentamiento global observado en las últimas décadas.
Por qué conviene entenderlo
Entender el efecto invernadero permite leer con criterio las noticias sobre el clima. No es una opinión: es física. Que exista y que nos mantenga templados es un hecho; que la actividad humana esté aumentando los gases que lo provocan es una medición; y las consecuencias futuras concretas implican modelos y cierto margen de incertidumbre, como ocurre con cualquier predicción. Distinguir estos niveles —el mecanismo, los datos y las proyecciones— es la mejor forma de formarse una idea propia y razonada sobre un tema tan importante.