CAPÍTULO 1
Cómo saber si un seguro vale la pena (o es puro gasto)
La pregunta equivocada es «¿me lo puedo pagar?». La correcta: **¿puedo absorber la pérdida que cubre?** Un seguro existe para una sola cosa: cambiar un golpe que te destruye (una operación de un millón, la responsabilidad civil de un accidente tuyo que lastimó a alguien, la pérdida del ingreso de una familia) por una cuota mensual que sí puedes planear. Todo lo que no encaje ahí es, en la mayoría de los casos, una compra emocional con forma de protección.
La regla en dos preguntas
Antes de contratar cualquier seguro, dos preguntas en este orden:
1. **¿Cuál es el peor resultado razonable?** No el catastrófico de película: el malo y verosímil. Para el auto, un choque con lesionados. Para ti, un cáncer. Para la casa, un incendio con responsabilidad civil.
2. **¿Podrías pagar ese resultado sin destruir tu vida?** Si la respuesta es no — y aquí viene el truco que nadie hace —: **ese seguro vale lo que cueste.** Si la respuesta es sí (la planta de la tele, un celular de $8,000, la licuadora), ese seguro es casi siempre un mal negocio: estás pagándole a una empresa con margen de utilidad para cubrir un gasto que puedes absorber — y lo harías más barato pagándolo de tu bolsa cuando pase.
Esa es toda la teoría. El resto es práctica de póliza.
Los que sí, en orden de importancia
**Gastos médicos mayores:** el rey, y el que más gente no tiene. Un evento grande de salud es de las causas principales de empobrecimiento familiar en México. Si no alcanza el «completo», alcanza el **deducible alto** (tú pones los primeros $30-50 mil; la aseguradora el millón que no podrías). Es la versión que cubre la catástrofe a una fracción del precio, que es exactamente para lo que sirve. **Auto con responsabilidad civil amplia:** la parte que te puede hundir no es tu cofre abollado: es lastimar a alguien y pagar por él. Los «daños a terceros» de ley son una miseria; el monto amplio cuesta pocos cientos de pesos más. La cobertura «amplia» para tu propio auto ya es una decisión de bolsillo según el valor del coche. **De vida, si alguien depende de tu ingreso.** Hijos chicos, un familiar que vive de ti. Y la suma no es mística: el criterio estándar es cubrir unos 5-10 años del ingreso que aportas o los pendientes grandes (hipoteca + universidad), y ya. **De casa (la parte que importa):** incendio y responsabilidad civil. El contenido «contra todo» es opcional; el techo con un crédito hipotecario ni se discute: el banco lo exige.
Los que casi nunca, dicho con cariño
**Seguro de celular, de electrodomésticos, de «gadget»:** pierdes el deducible, el tiempo y la lata del reclamo casi tanto como el aparato. Si el equipo es caro para ti y no lo absorbes, una funda y un respaldo en la nube valen más. **Seguros «de decesos» con ahorro integrado:** son dos productos malos pegados con cinta: la parte de protección es cara por el monto que paga, la de ahorro rinde menos que un Cete. El estándar de los asesores serios: seguro puro + ahorro/inversión aparte. **Seguro de «accidentes personales» genérico:** casi siempre duplica lo que ya te cubre el trabajo o el de gastos médicos. **Garantías extendidas de aparatos baratos:** la regla de «¿lo absorbes?» aplica literal: si te comprarías otro con el mismo gasto, no hay caso. **Seguros que no puedes pagar cuando pasa el siniestro** (deducibles absurdos, sumas irrisorias, exclusiones de todo lo común): lee las exclusiones — ahí está la letra con que la aseguradora te va a decir que no, y el precio que pagas por ese derecho.
Cómo se lee una póliza: cuatro líneas y a dormir
No necesitas leerla completa: necesitas encontrar estas cuatro cosas:
1. **Cobertura y suma asegurada:** qué paga y hasta cuánto. El límite es tan importante como el evento: $100,000 de responsabilidad civil es una broma si causas una lesión grave.
2. **Deducible y porcentaje:** cuánto pones tú en cada siniestro. Deducible alto = prima baja; haz la cuenta de cuál es tu «peor año normal» y escoge el deducible que podrías pagar.
3. **Exclusiones:** las listas de lo que NO cubre (enfermedades preexistentes, conducción en estado, daños por inundación en zona sin cobertura, etc.). Si una exclusión mata el caso para el que querías el seguro, ese seguro es papel.
4. **El precio total del año (prima, no «mensualidad»):** el «desde $199 al mes» es un truco: anualízalo, y compáralo con el siniestro promedio de tu zona.
Y tres reglas de mercado: **cotiza por lo menos tres**, porque los precios varían un 40% entre compañías para la misma cobertura; **revisa la antigüedad del reclamo** (una aseguradora que te niega todo barato te sale caro); y **cada dos años vuelve a cotizar**: tu edad cambió, tu patrimonio cambió, y el mercado te puede estar cobrando de más por inercia.
El resumen
Asegura solo lo que no puedes absorber: gastos médicos, responsabilidad civil grande, vida si dependes de tu ingreso, techo. Lo demás, o lo pagas tú cuando pase o no lo necesitas. Y cuando contrates, lee las cuatro líneas — cobertura, deducible, exclusiones, prima anual — y pregunta por el peor año normal, no por el mejor. El seguro perfecto no existe; el seguro útil tiene una sola firma: te protege contra el golpe que te cambiaría la vida y te cuesta menos que ese golpe.