CAPÍTULO 1
El corazón, una bomba incansable
Late unas cien mil veces al día y bombea alrededor de siete mil litros de sangre en cada jornada, sin que tengas que pensar en ello ni un solo instante. El corazón es uno de los órganos más trabajadores de tu cuerpo: una bomba muscular que nunca descansa desde antes de nacer hasta el final de la vida. Entender cómo funciona ayuda a comprender por qué el ejercicio, la respiración y una buena alimentación son tan importantes para la salud.
Una bomba de cuatro habitaciones
El corazón tiene más o menos el tamaño de un puño cerrado y está formado por músculo. Se divide en cuatro cavidades: dos arriba, llamadas **aurículas**, y dos abajo, llamadas **ventrículos**. Piensa en él como una casa con cuatro habitaciones que trabajan por parejas: el lado derecho y el lado izquierdo.
Para que la sangre circule siempre en la dirección correcta y no retroceda, el corazón tiene cuatro **válvulas**. Funcionan como puertas de un solo sentido: se abren para dejar pasar la sangre y se cierran para impedir que vuelva atrás. Ese cierre coordinado de las válvulas es, de hecho, lo que produce el sonido «lub-dup» que se oye con un estetoscopio.
El doble circuito
El corazón no hace un solo viaje con la sangre, sino dos circuitos conectados. Es lo que lo hace tan eficiente.
**El circuito hacia los pulmones.** La sangre que ya repartió su oxígeno por el cuerpo vuelve al corazón cargada de dióxido de carbono. Entra por la aurícula derecha, pasa al ventrículo derecho y es bombeada hacia los pulmones. Allí suelta el dióxido de carbono y recoge oxígeno fresco. **El circuito hacia el cuerpo.** La sangre oxigenada regresa de los pulmones a la aurícula izquierda, pasa al ventrículo izquierdo y es bombeada con fuerza hacia todo el organismo a través de la **aorta**, la arteria más grande del cuerpo. De ahí se reparte hasta la última célula.
El ventrículo izquierdo es el más musculoso de todos, porque tiene que empujar la sangre hasta los lugares más lejanos, como los dedos de los pies. Por eso sus paredes son más gruesas.
Vasos que llevan y vasos que traen
La sangre viaja por una red de tubos llamados **vasos sanguíneos**, de dos tipos principales. Las **arterias** son las que sacan la sangre del corazón y la llevan a todo el cuerpo; suelen tener paredes gruesas y elásticas para aguantar la presión de cada bombeo. Las **venas** son las que devuelven la sangre al corazón; trabajan a menor presión y muchas tienen pequeñas válvulas que ayudan a que la sangre suba en lugar de caer.
Entre unas y otras están los **capilares**, unos vasos tan finos como un cabello que conectan las arterias con las venas. Es en los capilares donde ocurre el intercambio real: ahí la sangre entrega el oxígeno y los nutrientes a las células y recoge los desechos. Toda esa red, si se pusiera en fila, daría varias vueltas a la Tierra.
El latido: un ritmo eléctrico
¿Qué hace que el corazón lata sin parar? Tiene su propio sistema eléctrico. Un grupo de células llamado **nodo sinusal**, situado en la aurícula derecha, actúa como marcapasos natural: genera impulsos eléctricos que hacen que las aurículas se contraigan primero y los ventrículos después, en una secuencia perfectamente ordenada. Cada contracción es un latido.
Por eso el corazón sigue funcionando aunque estés dormido o no pienses en él: no depende de tu voluntad. Y por eso late más rápido cuando haces ejercicio o te asustas: el cuerpo le pide más sangre y más oxígeno, y el sistema responde acelerando el ritmo.
Cuidar la bomba
Como cualquier músculo, el corazón se fortalece con el ejercicio: al hacer deporte con regularidad, bombea más sangre en cada latido y necesita latir menos veces, lo que se nota en un pulso en reposo más bajo. La alimentación también importa; una dieta equilibrada, con poca sal y poca grasa en exceso, ayuda a mantener las arterias despejadas.
El corazón trabaja por ti cada segundo de tu vida sin pedir nada a cambio. Cuidarlo con movimiento, buena comida y descanso es una forma de devolverle algo de todo lo que hace.