CAPÍTULO 53
II
Y pasaron años de la muerte de fray Venancio.
Dormía una noche tranquilamente el padre Antolín y despertó sobresaltado sintiendo una mano fría que se posaba en su frente.
Un cerillo encendido bajo una imagen de la Virgen Protectora de Cautivos esparcía, en la celda, débiles y misteriosos reflejos.
A la cabecera de la cama, y en una silla de vaqueta estaba sentado fray Venancio.
--No te alarmes--dijo el aparecido--. Dios me ha dado licencia para venir a encomendarte un asunto. Ve mañana al mediodía al portal de Botoneros y pídele a don Marcos Guruceta seis mil pesos que le di a guardar, y que están destinados para poner en el primer claustro la vida de nuestro santo patrón.
Y dicho esto, la visión desapareció.
El padre Antolín se quedó como es de presumirse. Cosa muy seria es ésta de oír hablar a un difunto.
Por la mañana se acercó nuestro asustado religioso al comendador de la orden y le refirió, sueño o realidad, lo que le había pasado.
--Nada se pierde, hermano--contestó el superior--, con que vea a Guruceta.
En efecto, mediodía era por filo cuando fray Antolín llegaba al mostrador del comerciante y le hacía el reclamo consabido. Don Marcos se subió al cerezo y díjole que era un fraile loco o trapalón.
Retiróse mohino el comisionado; pero al llegar a la portería de su convento, salióle al encuentro un fraile en el cual reconoció a fray Venancio.
--Y bien, hermano, ¿cómo te ha ido?
--Malísimamente, hermano--contestó el interpelado--. Guruceta me ha tratado de visionario y embaucador.
--¿Sí? Pues vuelve donde él y dile que, si no se allana a pagarte, voy yo mismo dentro de cinco minutos por mi plata.
Fray Antolín regresó al portal, y al verlo don Marcos entrar por la puerta de la tienda, le dijo:
--¿Vuelve usted a fastidiarme?
--Nada de eso, señor Guruceta. Vengo a decirle que dentro de pocos instantes estará aquí fray Venancio en persona a entenderse con usted. Yo me he adelantado a esperarlo.
Al oír estas palabras, y ante el aplomo con que fueron dichas, experimentó Guruceta una conmoción extraña, y decididamente temió tener que habérselas con un alma de la otra vida.
--Que no se moleste en venir fray Venancio--dijo tartamudeando--. Es posible que, con tanto asunto como tengo en esta cabeza, haya olvidado que me dió dinero. Sea ello lo que fuere, pues el propósito es cristiano y yo muy devoto de San Pedro Nolasco, mande su paternidad un criado por las seis talegas.
La religiosidad de los limeños suplió con limosnas y donativos la suma que faltaba para el pago de pintores, y un año después, en la festividad del patrón, se estrenaban los lienzos que conocemos.
Tal es la tradición que, en su infancia, oyó contar el que esto escribe a fray León Fajardo, respetabilísimo sacerdote y comendador de la Merced.
LA TRENZA DE SUS CABELLOS
AL POETA ESPAÑOL DON TOMÁS RODRÍGUEZ RUBÍ, AUTOR DE UN DRAMA QUE LLEVA EL MISMO TÍTULO DE ESTA TRADICIÓN