←
Roma: de una aldea a un imperio (y por qué cayó)Redacción Lumbre

CAPÍTULO 1

Roma: de una aldea a un imperio (y por qué cayó)

Cuenta la leyenda que Roma la fundaron dos gemelos, Rómulo y Remo, amamantados por una loba. La historia es menos pintoresca pero más interesante: era una aldea en una de las orillas del río Tíber, en una península, Italia, llena de pueblos (sículos, etruscos, griegos al sur). Nadie, en el año 753 a. C., habría apostado por esa aldea. Y sin embargo, en menos de mil años pasó de aldea a monarquía, de monarquía a república, y de república a un imperio que mandaba desde Inglaterra hasta Irak. ¿Cómo?

República: el poder compartido

Roma nació gobernada por reyes, pero los expulsó (509 a. C.) y creó algo nuevo para su época: la **república**, donde el poder no era de uno, sino de magistrados electos por tiempo limitado (cónsules) y de un senado. La idea era que nadie mandara para siempre. Roma ganó así una fuerza doble: flexibilidad para compartir el mando y una cultura de guerra constante. Conquistó Italia, luego venció a Cartago en las Guerras Púnicas y dominó el Mediterráneo. Su genio no era sólo militar: sabía asimilar a los vencidos, darles derechos y convertirlos en romanos.

«Pan y circo» y el paso al imperio

Pero un imperio tan grande no lo manejara bien una república pensada para una ciudad. El poder pasó a generales con ejércitos leales (Julio César, y luego Augusto, primer emperador, 27 a. C.). Augusto inventó un arreglo: conservar las formas republicanas mientras uno solo mandaba. Dos siglos después, a su dinastia y a otras siguió el «siglo de oro» (la *pax romana*) y la expansión máxima. Pero Roma no fue solo grandeza: vivía de esclavos, y entretenía a los pobres con gladiadores para que no se rebelaran («pan y circo»).

¿Por qué cayó?

A la pregunta de por qué cayó Roma se han dado cientos de respuestas, y casi todas tienen algo de razón: fronteras demasiado grandes para defenderlas, crisis económica y devaluación de la moneda, ejércitos dependientes de mercenarios, inestabilidad política (muchos emperadores asesinados), presión de los pueblos germánicos… y epidemias. No hubo una sola causa; el sistema se volvió demasiado frágil para sostenerse. La parte occidental cayó en 476 d. C., aunque el este (Bizancio) seguiría mil años más.

Roma no cayó en un día; fue demasiado grande para mantenerse y demasiado influyente para desaparecer.

Lo que dejó

Roma sigue viva por todas partes. El derecho romano organiza aún el de media Europa y Latinoamérica; el latín es la madre del español, el portugués, el francés, el italiano y el rumano; sus caminos, acueductos, arcos y hormigón revolucionaron la ingeniería; su calendario (Juliano) da nombre a los meses; y hasta su idea de «república» y «senado». Roma nos enseña algo útil: las sociedades no son eternas, pero pueden dejar huellas que se vuelven parte de todos los que vienen después.

✦

Un respiro entre páginas.

Volver al libro y comentar