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Prosas profanasRubén Darío

CAPÍTULO 2

Comienzo · continuación 2

Curiosas las violetas a su balcón se asoman. Y una suspira: «¡lástima que falte el ruiseñor!» Los silfos acompasan la danza de las brisas En un walpurgis vago de aroma y de visión.

De pronto se oye el eco del grito de la pampa; Brilla como una puesta del argentino sol; Y un espectral jinete, como una sombra cruza, Sobre su espalda un poncho; sobre su faz, dolor.

--«¿Quién eres, solitario viajero de la noche?» --«Yo soy la Poesía que un tiempo aquí reinó: ¡Yo soy el postrer gaucho que parte para siempre, De nuestra vieja patria llevando el corazón!»

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ALABA LOS OJOS NEGROS DE JULIA

EVA era rubia? No. Con negros ojos Vió la manzana del jardín: con labios Rojos probó su miel; con labios rojos Que saben hoy más ciencia que los sabios.

Venus tuvo el azur en sus pupilas Pero su hijo no. Negros y fieros Encienden a las tórtolas tranquilas Los dos ojos de Eros.

Los ojos de las reinas fabulosas, De las reinas magníficas y fuertes, Tenían las pupilas tenebrosas Que daban los amores y las muertes.

Pentensilea, reina de amazonas, Judith, espada y fuerza de Betulia, Cleopatra, encantadora de coronas, La luz tuvieron de tus ojos, Julia.

La negra, que es más luz que la luz blanca Del sol, y las azules de los cielos. Luz que el más rojo resplandor arranca Al diamante terrible de los celos.

Luz negra, luz divina, luz que alegra La luz meridional, luz de las niñas, De las grandes ojeras, ¡oh, luz negra Que hace cantar a Pan bajo las viñas!

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CANCIÓN DE CARNAVAL _Le carnaval s'amuse! Viens le chanter, ma Muse..._ BANVILLE.

MUSA, la máscara apresta, Ensaya un aire jovial Y goza y ríe en la fiesta Del carnaval.

Ríe en la danza que gira, Muestra la pierna rosada, Y suene, como una lira, Tu carcajada.

Para volar más ligera Ponte dos hojas de rosa, Como hace tu compañera La mariposa.

Y que en tu boca risueña, Que se une al alegre coro, Deje la abeja posteña Su miel de oro.

Unete a la mascarada, Y mientras muequea un clown Con la faz pintarrajeada Como Frank Brown;

Mientras Arlequín revela Que al prisma sus tintes roba Y aparece Pulchinela Con su joroba,

Di a Colombina la bella Lo que de ella pienso yo, Y descorcha una botella Para Pierrot.

Que él te cuente cómo rima Sus amores con la luna Y te haga un poema en una Pantomima.

Da al aire la serenata, Toca el áuro bandolín, Lleva un látigo de plata Para el _spleen_.

Sé lírica y sé bizarra; Con la cítara sé griega; O gaucha, con la guitarra De santos Vega.

Mueve tu espléndido torso Por las calles pintorescas Y juega y adorna el corso, Con rosas frescas.

De perlas riega un tesoro De Andrade en el regio nido, Y en la hopalanda de Guido, Polvo de oro.

Penas y duelos olvida, Canta deleites y amores; Busca la flor de las flores Por Florida.

Con la armonía le encantas De las rimas de cristal, Y deshojas a sus plantas, Un madrigal.

Piruetea, baila, inspira Versos locos y joviales, Celebre la alegre lira Los carnavales.

Sus gritos y sus canciones. Sus comparsas y sus trajes Sus perlas, tintes y encajes y pompones.

Y lleve la rauda brisa, Sonora, argentina, fresca, La victoria de tu risa Funambulesca!

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PARA UNA CUBANA

POESÍA dulce y mística, Busca a la blanca cubana Que se asomó a la ventana Como una visión artística.

Misteriosa y cabalística, Puede dar celos a Diana, Con su faz de porcelana De una blancura eucarística.

Llena de un prestigio asiático, Roja, en el rostro enigmático, Su boca púrpura finge

Y al sonreirse vi en ella El resplandor de una estrella Que fuese alma de una esfinge.

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PARA LA MISMA

MIRÉ al sentarme a la mesa, Bañado en la luz del día, El retrato de María, La cubana-japonesa.

El aire acaricia y besa, Como un amante lo haría, La orgullosa bizarría, De la cabellera espesa.

Diera un tesoro el Mikado Por sentirse acariciado Por princesa tan gentil,

Digna de que un gran pintor La pinte junto a una flor En un vaso de marfil.

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BOUQUET

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BOUQUET

Un poeta egregio del país de Francia, Que con versos áureos alabó el amor, Formó un ramo armónico, lleno de elegancia, En su _Sinfonía en Blanco Mayor_.

Yo por ti formara, Blanca deliciosa, El regalo lírico de un blanco _bouquet_, Con la blanca estrella, con la blanca rosa Que en los bellos parques del azul se ve.

Hoy que tú celebras tus bodas de nieve, (Tus bodas de virgen con el sueño son) Todas sus blancuras, Primavera, llueve Sobre la blancura de tu corazón.

Cirios, cirios blancos, blancos, blancos lirios. Cuellos de los cisnes, margarita en flor, Galas de la espuma, ceras de los cirios Y estrellas celestes tienen tu color.

Yo al enviarte versos de mi vida arranco La flor que te ofrezco, blanco serafín: ¡Mira cómo mancha tu corpiño blanco La más roja rosa que hay en mi jardín!

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EL FAISÁN

DIJO sus secretos el faisán de oro:-- En el gabinete mi blanco tesoro, De sus claras risas el divino coro

Las bellas figuras de los gobelinos, Los cristales llenos de aromados vinos, Las rosas francesas en los vasos chinos.

(Las rosas francesas, porque fué allá en Francia Donde en el retiro de la dulce estancia Esas frescas rosas dieron su fragancia.)

La cena esperaba. Quitadas las vendas, Iban mil amores de flechas tremendas En aquella noche de Carnestolendas.

La careta negra se quitó la niña, y tras el preludio de una alegre riña Apuró mi boca vino de su viña

Vino de la viña de la boca loca, Que hace arder el beso, que el mordisco invoca. ¡Oh los blancos dientes de la loca boca!

En su boca ardiente yo bebí los vinos, y pinzas rosadas, sus dedos divinos, Me dieron las fresas y los langostinos.

Yo la vestimenta de Pierrot tenía, Y aunque me alegraba y aunque me reía, Moraba en mi alma la melancolía.

La carnavalesca noche luminosa Dió a mi triste espíritu la mujer hermosa, Sus ojos de fuego, sus labios de rosa.

Y en el gabinete del café galante Ella se encontraba con su nuevo amante, Peregrino pálido de un país distante.

Llegaban los ecos de vagos cantares; Y se despedían de sus azahares Miles de purezas en los bulevares.

Y cuando el champaña me cantó su canto, Por una ventana vi que un negro manto De nube, de Febo cubría el encanto.

Y dije a la amada de un día:--¿No viste De pronto ponerse la noche tan triste? ¿Acaso la Reina de luz ya no existe?

Ella me miraba. Y el faisán cubierto de plumas de oro: --«¡Pierrot! ten por cierto Que tu fiel amada, que la Luna, ha muerto!»

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GARÇONNIERE _A. G. Grippa._

COMO era el instante, dígalo la musa Que las dichas trae, que las penas lleva: La tristeza pasa, velada y confusa; La alegría, rosas y azahares nieva.

Era en un amable nido de soltero, De risas y versos, de placer sonoro; Era un inspirado cada caballero, De sueños azules y vino de oro.

Un rubio decía frases sentenciosas: Negando y amando las musas eternas Un bruno decía versos como rosas, Dos sonantes rimas y palabras tiernas.

Los tapices rojos, de doradas listas, Cubrían panoplias de pinturas y armas, Que hablaban de bellas pasadas conquistas, Amantes coloquios y dulces alarmas.

El verso de fuego de D'Anunzio era Como un son divino que en las saturnales Guiara las manchadas pieles de pantera. A fiestas soberbias y amores triunfales.

E iban con manchadas pieles de pantera, Con tirsos de flores y copas paganas Las almas de aquellos jóvenes que viera Venus en su templo con palmas hermanas.

Venus, la celeste reina que adivina En las almas vivas alegrías francas Y que les confía, por gracia divina, Sus abejos de oro, sus palomas blancas.

Y aquellos amantes de la eterna Dea, A la dulce música de la regia rima, Oyen el mensaje de la vasta Idea Por el compañero que recita y mima.

Y sobre sus frentes que acaricia el lauro, Abril pone amable su beso sonoro, Y llevan gozosos, sátiro y centauro. La alegría noble del vino de oro.

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EL PAIS DEL SOL _Para una artista cubana._

JUNTO al negro palacio del rey de la isla de Hierro--(¡oh, cruel, horrible destierro!)--¿cómo es que tú, hermana harmoniosa, haces cantar al cielo gris, tu pajarera de ruiseñores, tu formidable caja musical? ¿No te entristece recordar la primavera en que oiste a un pájaro divino y tornasol en el país del sol?

En el jardín del rey de la isla de Oro--(¡oh, mi ensueño que adoro!)--fuera mejor que tú, harmoniosa hermana, amaestrases tus aladas flautas, tus sonoras arpas; tú que naciste donde más lindos nacen el clavel de sangre y la rosa de arrebol, en el país del sol!

O en el alcázar de la reina de la isla de Plata (Schubert, solloza la _Serenata_...) pudieras también, hermana harmoniosa, hacer que las místicas aves de tu alma alabasen dulce, dulcemente, el claro de luna, los vírgenes lirios, la monja paloma y el cisne marqués. La mejor plata se funde en un ardiente crisol, en el país del sol!

Vuelve, pues, a tu barca, que tienes lista la vela--(resuena, lira, Céfiro, vuela)--y parte, harmoniosa hermana, a donde un príncipe bello, a la orilla del mar, pide liras, y versos y rosas, y acaricia sus rizos de oro bajo un regio azul parasol, en el país del sol.

New-Yoy, 1893.

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MARGARITA _In memoriam..._

RECUERDAS que querías ser una Margarita Gautier? Fijo en mi mente tu extraño rostro está, Cuando cenamos juntos, en la primera cita, En una noche alegre que nunca volverá.

Tus labios escarlatas de púrpura maldita Sorbían el champaña del fino baccarat; Tus dedos deshojaban la blanca margarita «¡Sí... no... sí... no...» y sabías que te adoraba ya!

Después, ¡oh flor de Histeria! llorabas y reías; Tus besos y tus lágrimas tuve en mi boca yo; Tus risas, tus fragancias, tus quejas, eran mías.

Y en una tarde triste de los más dulces días, La Muerte, la celosa, por ver si me querías, ¡Como a una margarita de amor, te deshojó!

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MÍA

MÍA: así te llamas. ¿Qué más harmonía? Mía: luz del día, Mía: rosas, llamas.

¡Qué aroma derramas En el alma mía Si sé que me amas, ¡Oh Mía! ¡oh Mía!

Tu sexo fundiste Con mi sexo fuerte, Fundiendo dos bronces.

Yo triste, tu triste... ¿No has de ser entonces Mía hasta la muerte?

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DICE MIA

MI pobre alma pálida Era un crisálida. Luego mariposa De color de rosa.

Un céfiro inquieto Dijo mi secreto... --¿Has sabido tu secreto un día?

¡Oh Mía! Tu secreto es una Melodía en un rayo de luna... --¿Una melodía?

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HERALDOS

¡HELENA! La anuncia el blancor de un cisne.

¡Makheda! La anuncia un pavo real.

¡Ifigenia, Electra, Catalina! Anúncialas un caballero con un hacha.

¡Ruth, Lía, Enone! Anúncialas un paje con un lirio.

¡Yolanda! Anúnciala una paloma.

¡Clorinda, Carolina! Anúncialas un paje con un ramo de viña.

¡Sylvia! Anúnciala una corza blanca.

¡Aurora, Isabel! Anúncialas de pronto Un resplandor que ciega mis ojos.

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Un respiro entre páginas.

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