CAPÍTULO 1
¿Por qué dormimos?
Pasamos alrededor de un tercio de nuestra vida dormidos. A simple vista parece tiempo perdido: no comemos, no trabajamos, no jugamos y quedamos bastante indefensos. Sin embargo, todos los animales duermen de una forma u otra, y cuando no dormimos lo suficiente nos sentimos torpes, irritables y enfermos. Algo tan universal y tan necesario no puede ser un accidente. Dormir es uno de los momentos en los que el cuerpo y el cerebro hacen más trabajo, aunque por dentro.
El cerebro hace limpieza y orden
Mientras duermes, tu cerebro no se apaga: cambia de actividad. Una de las cosas que hace es consolidar la memoria. Durante el día aprendes un montón de cosas, y muchas se guardan de forma provisional. En el sueño, el cerebro repasa esas experiencias, decide qué conservar y las traslada a un almacén más duradero. Por eso se recuerda mejor lo estudiado después de dormir bien que después de una noche en vela. Dormir no borra lo aprendido: lo organiza.
El sueño también parece servir para «limpiar». Entre las células del cerebro circula un líquido que arrastra los desechos que se acumulan durante las horas de vigilia. Ese sistema de limpieza funciona sobre todo mientras dormimos. Es una de las razones por las que la falta de sueño nos deja la cabeza espesa.
El cuerpo se repara
Dormir no es solo cosa del cerebro. Durante el sueño profundo el cuerpo libera hormonas que ayudan a crecer y a reparar los tejidos, sobre todo en la infancia y la adolescencia: por eso se dice que los niños «crecen mientras duermen». El sistema inmunitario también aprovecha la noche para reforzarse. Cuando dormimos poco y durante mucho tiempo, aumenta el riesgo de enfermar, de subir de peso y de tener problemas de corazón. El descanso es una pieza de la salud, igual que comer o hacer ejercicio.
Las fases del sueño
Dormir no es un bloque uniforme. La noche se organiza en ciclos que se repiten varias veces, y dentro de cada ciclo hay fases distintas. En unas el sueño es ligero y en otras es profundo y reparador. Además existe la fase REM, llamada así por las siglas en inglés de «movimiento rápido de los ojos»: en ella el cerebro está muy activo y es cuando solemos soñar con más intensidad. Cada fase cumple su función, y por eso importa tanto la cantidad de horas como dormir sin interrupciones constantes.
Un reloj dentro de ti
¿Por qué nos entra sueño por la noche y no a mediodía? Porque tenemos un reloj interno, el ritmo circadiano, que se ajusta sobre todo con la luz. Cuando oscurece, el cerebro libera una sustancia llamada melatonina que nos da somnolencia; con la luz de la mañana, esa señal disminuye y nos despertamos. Las pantallas brillantes antes de acostarse pueden engañar a ese reloj y retrasar el sueño, porque el cerebro interpreta que aún es de día.
Dormir es activo, no un apagón
La idea de que dormir es «perder el tiempo» está bastante equivocada. Es un estado activo en el que el cerebro guarda recuerdos, limpia desechos y el cuerpo crece, se repara y se defiende. Nadie conoce todavía todos los motivos por los que dormimos, y sigue siendo un campo de investigación. Pero lo que sí está claro es que el sueño es una necesidad, no un lujo: es el precio, barato y agradable, de rendir al día siguiente.