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Platero y yoJuan Ramón Jiménez

CAPÍTULO 64

LXIII

MELANCOLÍA

Esta tarde he ido con los niños á visitar la sepultura de Platero, que está en el huerto de la Pina, al pie del pino paternal. En torno, Abril había adornado la tierra húmeda de grandes lirios amarillos.

Cantaban los chamarices allá arriba, en la cúpula verde, toda pintada de cenit azul, y su trino menudo, florido y reidor, se iba en el aire de oro de la tarde tibia, como un claro sueño de amor nuevo.

Los niños, así que iban llegando, dejaban de gritar. Quietos y serios, sus ojos brillantes en mis ojos, me llenaban de preguntas ansiosas.

--¡Platero amigo!--le dije yo á la tierra--; si, como pienso, estás ahora en un prado del cielo y llevas sobre tu lomo peludo á los ángeles adolescentes, ¿me habrás, quizá, olvidado? Platero, dime: ¿te acuerdas aún de mi?

Y, cual contestando mi pregunta, una leve mariposa blanca, que antes no había visto, revolaba insistentemente, igual que un alma, de lirio á lirio...

MOGUER, 1907.

A

PLATERO

EN EL CIELO DE MOGUER.

<i>Dulce Platero trotón, burrillo mío, que llevaste mi alma tantas veces--¡sólo mi alma!--por aquellos hondos caminos de nopales, de malvas y de madreselvas; á ti este libro que habla de ti, ahora que puedes entenderlo.</i>

<i>Va á tu alma, que ya pace en el Paraíso, por el alma de aquellos paisajes moguereños, qué también habrá subido al cielo con la tuya; lleva montada en su lomo de papel á la mía, que, caminando entre zarzas en flor á su ascensión, se hace más buena, más pacífica, más pura cada día.</i>

<i>Sí. Yo sé que, á la caída de la tarde, cuando, entre las oropéndolas y los azahares, llego, lento y pensativo, por el naranjal solitario, al pino que arrulla tu muerte, tú, Platero, feliz en tu prado de rosas eternas, me verás detenerme ante los lirios amarillos que ha brotado tu descompuesto corazón.</i>

FIN

ÍNDICE

Advertencia a los hombres que lean este libro para niños

Dedicatoria

LA ELEGÍA

I.--Platero

II.--Paisaje grana

III.--Alegría

IV.--Mariposas blancas

V.--La Primavera

VI.--<i>¡Angelus!</i>

VII.--El loco

VIII.--La flor del camino

IX.--Ronsard

X.--La luna

XI.--El canario vuela

XII.--Susto

XIII.--La púa

XIV.--Juegos del anochecer

XV.--Amistad

XVI.--La novia

XVII.--Escalofrío

XVIII.--Ella y nosotros

XIX.--La coz

XX.--Asnografía

XXI.--El Verano

XXII.--Darbón

XXIII.--La arrulladora

XXIV.--El <i>canto</i> del grillo

XXV.--Corpus

XXVI.--La cuadra

XXVII.--El perro sarnoso

XXVIII.--Tormenta

XXIX.--Pasan los patos

XXX.--Ultima siesta

XXXI.--La tísica

XXXII.--Paseo

XXXIII.--Carnaval

XXXIV.--El pozo

XXXV.--Nocturno

XXXVI.--El niño tonto

XXXVII.--Domingo

XXXVIII.--La carretilla

XXXIX.--Retorno

XL.--El pastor

XLI.--Convalecencia

XLII.--La niña chica

XLIII.--El Otoño

XLIV.--Sarito

XLV.--Tarde de octubre

XLVI.--El loro

XLVII.--Anochecer

XLVIII.--El Rocío

XLIX.--Gorriones

L.--Idilio de noviembre

LI.--El canario se muere

LII.--Los fuegos

LIII.--El racimo olvidado

LIV.--Noche pura

LV.--El alba

LVI.--Navidad

LVII.--El Invierno

LVIII.--Idilio de abril

LIX.--Libertad

LX.--La muerte

LXI.--Nostalgia

LXII.--El borriquete

LXIII.--Melancolía

<i>A Platero, en el cielo de Moguer</i>

<i>Índice</i>

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Un respiro entre páginas.

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