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Platero y yoJuan Ramón Jiménez

CAPÍTULO 46

XLV

TARDE DE OCTUBRE

Han pasado las vacaciones, y, con las primeras hojas gualdas, los niños han vuelto al colegio. Soledad. El sol de la casa parece vacío. En la ilusión suenan gritos lejanos y remotas risas...

Sobre los rosales, aún con flor, cae la tarde, lentamente. Las lumbres del ocaso prenden las últimas rosas, y el jardín, alzando como una llama de fragancia hacia el incendio del Poniente, huele todo á rosas quemadas. Silencio.

Platero, aburrido como yo, no sabe qué hacer. Poco á poco se viene á mí, duda un poco, y, al fin, confiado, se entra conmigo por la casa...

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Un respiro entre páginas.

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