CAPÍTULO 9
Comienzo · continuación 9
Yo soy el dolor de un mal sueño.
EL PRESO
Parece usted hombre de luces. Su hablar, es como de otros tiempos.
MAX
Yo soy un poeta ciego.
EL PRESO
¡No es pequeña desgracia!... En España el trabajo y la inteligencia siempre se han visto menospreciados. Aquí todo lo manda el dinero.
MAX
Hay que establecer la guillotina eléctrica, en la Puerta del Sol.
EL PRESO
No basta. El ideal revolucionario tiene que ser la destrucción de la riqueza, como en Rusia. No es suficiente la degollación de todos los ricos: Siempre aparecerá un heredero, y aun cuando se suprima la herencia, no podrá evitarse que los despojados conspiren para recobrarla. Hay que hacer imposible el orden anterior, y eso solo se consigue destruyendo la riqueza. Barcelona industrial tiene que hundirse para renacer de sus escombros, con otro concepto de la propiedad y del trabajo. En Europa, el patrono de más negra entraña es el catalán, y no digo del mundo porque existen las Colonias Españolas de América. ¡Barcelona solamente se salva pereciendo!
MAX
¡Barcelona es cara a mi corazón!
EL PRESO
¡Yo también la recuerdo!
MAX
Yo le debo los únicos goces, en la lobreguez de mi ceguera. Todos los días un patrono muerto, algunas veces dos... Eso consuela.
EL PRESO
No cuenta usted los obreros que caen.
MAX
Los obreros se reproducen populosamente, de un modo comparable a las moscas. En cambio, los patronos, como los elefantes, como todas las bestias poderosas y prehistóricas, procrean lentamente. Saulo, hay que difundir por el mundo la religión nueva.
EL PRESO
Mi nombre es Mateo.
MAX
Yo te bautizo, Saulo. Soy poeta y tengo el derecho al alfabeto. Escucha para cuando seas libre, Saulo: Una buena cacería puede encarecer la piel de patrono catalán por encima del marfil de Calcuta.
EL PRESO
En ello laboramos.
MAX
Y en último consuelo, aun cabe pensar que exterminando al proletario también se extermina al patrón.
EL PRESO
Acabando con la ciudad, acabaremos con el judaísmo barcelonés.
MAX
No me opongo. Barcelona semita, sea destruida, como Cartago y Jerusalén. ¡_Alea jacta est_! Dame la mano.
EL PRESO
Estoy esposado.
MAX
¿Eres joven? ¿No puedo verte?
EL PRESO
Soy joven: Treinta años.
MAX
¿De qué te acusan?
EL PRESO
Es cuento largo. Soy tachado de rebelde... No quise dejar el telar por ir a la guerra, y levanté un motín en la fábrica. Me denunció el patrón, cumplí condena, recorrí el mundo buscando trabajo, y ahora voy por tránsitos, reclamado de no sé qué jueces. Conozco la suerte que me espera: Cuatro tiros por intento de fuga. Bueno. Si no es más que eso.
MAX
¿Pues qué temes?
EL PRESO
Que se diviertan dándome tormento.
MAX
¡Bárbaros!
EL PRESO
Hay que conocerlos.
MAX
Canallas. ¡Y esos son los que protestan de la leyenda negra!
EL PRESO
Por siete pesetas, al cruzar un lugar solitario, me sacarán la vida los que tienen a su cargo la defensa del pueblo. ¡Y a esto llaman justicia los ricos canallas!
MAX
Los ricos y los pobres, la barbarie ibérica es unánime.
EL PRESO
¡Todos!
MAX
¡Todos! ¿Mateo, dónde está la bomba que destripe el terrón maldito de España?
EL PRESO
Señor poeta que tanto adivina, ¿no ha visto usted una mano levantada?
_Se abre la puerta del calabozo, y el llavero, con jactancia de rufo, ordena al preso maniatado que le acompañe._
EL LLAVERO
¡Tú, catalán, disponte!
EL PRESO
Estoy dispuesto.
EL LLAVERO
Pues andando. Gachó, vas a salir en viaje de recreo.
_El esposado, con resignada entereza, se acerca al ciego, y le toca el hombro con la barba: Se despide hablando a media voz._
EL PRESO
Llegó la mía... Creo que no volveremos a vernos...
MAX
¡Es horrible!
EL PRESO
Van a matarme... ¿Qué dirá mañana esa prensa canalla?
MAX
Lo que le manden.
EL PRESO
¿Está usted llorando?
MAX
De impotencia y de rabia. Abracémonos, hermano.
_Se abrazan. El carcelero y el esposado salen. Vuelve a cerrarse la puerta. Max Estrella tantea buscando la pared, y se sienta con las piernas cruzadas, en una actitud religiosa, de meditación asiática. Exprime un gran dolor taciturno el bulto del poeta ciego. Llega de fuera tumulto de voces y galopar de caballos._
ESCENA SÉPTIMA
_LA REDACCIÓN DE «EL POPULAR»: Sala baja con piso de baldosas: En el centro una mesa larga y negra, rodeada de sillas vacías, que marcan los puestos, ante roídas carpetas, y rimeros de cuartillas que destacan su blancura en el círculo luminoso y verdoso de una lámpara con enagüillas. Al extremo fuma y escribe un hombre calvo, el eterno redactor de perfil triste, el gabán con flecos, los dedos de gancho, y las uñas entintadas. El hombre lógico y mítico enciende el cigarro apagado. Se abre la mampara, y el grillo de un timbre rasga el silencio. Asoma el conserje, vejete renegado, bigotudo, tripón, parejo de aquellos bizarros coroneles que en las procesiones se caen del caballo. Un enorme parecido que extravaga._
EL CONSERJE
Ahí está Don Latino de Hispalis, con otros capitalistas de su cuerda. Vienen preguntando por el Señor Director. Les he dicho que solamente estaba usted en la casa. ¿Los recibe usted, Don Filiberto?
DON FILIBERTO
Que pasen.
_Sigue escribiendo. El conserje sale, y queda batiente la verde mampara que proyecta un recuerdo de garitos y naipes. Entra el cotarro modernista, greñas, pipas, gabanes repelados, y alguna capa. El periodista calvo levanta los anteojos a la frente, requiere el cigarro, y se da importancia._
DON FILIBERTO
¡Caballeros y hombres buenos, adelante! ¿Ustedes me dirán lo que desean de mí y del Journal?
DON LATINO
¡Venimos a protestar contra un indigno atropello de la policía! Max Estrella, el gran poeta, aun cuando muchos se nieguen a reconocerlo, acaba de ser detenido y maltratado brutalmente en un sótano del Ministerio de la Desgobernación.
DORIO DE GÁDEX
En España sigue reinando Carlos II.
DON FILIBERTO
¡Válgame un santo de palo! ¿Nuestro gran poeta estaría curda?
DON LATINO
Una copa de más no justifica esa violación de los derechos individuales.
DON FILIBERTO
Max Estrella también es amigo nuestro. ¡Válgame un santo de palo! El Señor Director, cuando a esta hora falta, ya no viene... Ustedes conocen cómo se hace un periódico. ¡El Director es siempre un tirano...! Yo, sin consultarle, no me decido a recoger en nuestras columnas la protesta de ustedes. Desconozco la política del periódico con la Dirección de Seguridad... Y el relato de ustedes, francamente, me parece un poco exagerado.
DORIO DE GÁDEX
¡Es pálido, Don Filiberto!
CLARINITO
¡Una cobardía!
PÉREZ
¡Una vergüenza!
DON LATINO
¡Una canallada!
DORIO DE GÁDEX
¡En España reina siempre Felipe II!
DON LATINO
¡Dorio, hijo mío, no nos anonades!
DON FILIBERTO
¡Juventud! ¡Noble apasionamiento! ¡Divino tesoro, como dijo el vate de Nicaragua! ¡Juventud, divino tesoro! Yo también leo, y algunas veces admiro a los genios del modernismo. El Director bromea que estoy contagiado. ¿Alguno de ustedes ha leído el cuento que publiqué en _Los Orbes_?
CLARINITO
¡Yo, Don Filiberto! Leído y admirado.
DON FILIBERTO