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El libro de los MediumsAllan Kardec

CAPÍTULO 28

El libro de los Mediums · continuación 2

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indicios, a abrirle los ojos por temor de que el mal no se agrave, a fin de convencerle de que es engañado y con

el deseo de secundar a los que quieren desembarazarle.

341. La influencia del centro es la consecuencia de la naturaleza de los Espíritus y de su modo de acción sobre los seres vivientes; de esta influencia cada uno puede deducir las condiciones más favorables para una sociedad que aspira a conciliar la simpatía de los buenos Espíritus, y a no obtener sino buenas comunicaciones separando las malas.

Estas condiciones están todas en las disposiciones morales de los asistentes; se resumen en los puntos siguientes:

Perfecta comunidad de miras y de sentimientos; Benevolencia recíproca entre todos los miembros; Abnegación de todo sentimiento contrario a la verdadera caridad cristiana; Deseo único de instruirse y mejorarse por la enseñanza de los buenos Espíritus y sacar provecho de sus consejos.

Cualquiera que se persuada que los Espíritus superiores se manifiestan con el objeto de hacernos progresar y no para nuestro placer, comprenderá que deben retirarse de aquellos que se limitan a admirar su estilo sin sacar de él ningún fruto, y no toman el atractivo de las sesiones, sino por el mayor o menor interés que les ofrecen según sus gustos particulares; Exclusión de todo lo que en las comunicaciones pedidas a los Espíritus, sólo tendrían un objeto de curiosidad; Recogimiento y silencio respetuosos durante la conversación con los Espíritus; Asociación de todos los asistentes, por el pensamiento, al llamamiento que se hace de los Espíritus que se evocan; Concurso de los médiums de la asamblea con abnegación de todo sentimiento de orgullo, de amor propio y de supremacía y por el único deseo de hacerse útiles. ¿Son tan difíciles de llenar estas condiciones que no se puedan encontrar? No lo creemos así; esperamos, por el contrario, que las reuniones verdaderamente formales, como las que existen ya en diferentes partes se multiplicarán, y no nos escondemos para decir que a ellos deberá el Espiritismo su más poderosa propagación; reuniendo a los hombres de bien y de conciencia, impondrán silencio a la crítica y cuanto más puras serán sus intenciones, más respetadas serán también de sus adversarios; cuando la burla ataca lo bueno, cesa de hacer reír: se vuelve despreciable. Entre las reuniones de este género un verdadero lazo simpático, una solidaridad mutua, se establecerá por la fuerza de las cosas y contribuirán al progreso general. 342. Sería un error el creer que las

reuniones que se ocupan especialmente de manifestaciones físicas, estén fuera de este concierto fraternal, y que excluyen todo pensamiento formal; si no requieren condiciones tan rigurosas, tampoco se asiste a ellas impunemente cuando hay ligereza, y se engañaría cualquiera si creyera que el concurso de los asistentes sea absolutamente nulo; si tiene la prueba de lo contrario en el hecho de que a menudo las manifestaciones de este género, aun cuando sean provocados por excelentes médiums, no pueden producirse en ciertas reuniones. Hay, pues, también influencias contrarias para esto, y estas influencias sólo pueden estar en la divergencia o en la hostilidad de los sentimientos que paralizan los esfuerzos de los Espíritus.

Las manifestaciones físicas, como hemos dicho, son de una gran utilidad, abren un vasto campo al observador, porque es todo un orden de fenómenos insólitos que se desarrollan a sus ojos, y cuyas consecuencias son incalculables. Una asamblea, puede, pues, ocuparse de ello con miras muy formales, pero no podría conseguir su objeto, sea como estudio, sea como medio de convicción, si no se coloca en condiciones favorables; la primera de todas es, no la fe de los asistentes, sino su deseo de recibir la luz sin segunda intención, sin haber tomado el partido de rechazar la misma evidencia; la segunda es la restricción de su número para evitar la mezcla de elementos heterogéneos.

Si las manifestaciones físicas son producidas en general por los Espíritus menos avanzados, no por esto tienen un objeto menos providencial, y los Espíritus buenos las favorecen todas las veces que pueden tener un resultado útil.

Objetos de estudio

343. Cuando evocamos a nuestros parientes y amigos, y a algunos personajes célebres para comparar sus opiniones de ultratumba con las que tenían cuando vivían, se halla uno embarazado para continuar la conversación sin que se caiga en las ligerezas y en las fruslerías. Muchas personas creen también, que el Libro de los Espíritus ha agotado la serie de preguntas de moral y de filosofía; esto es un error; por esto puede ser útil indicar el manantial de donde pueden sacarse motivos de estudio, por decirlo así, ilimitados.

344. Si la evocación de los hombres ilustrados, de los Espíritus superiores, es eminentemente útil para la enseñanza que nos dan, la de los Espíritus vulgares no lo es menos, bien que sean incapaces de resolver las

cuestiones de alta importancia; por su inferioridad se pintan ellos mismos, y cuanto menos es la distancia que nos separa, más reacciones encontramos con nuestra propia situación, sin contar que muchas veces nos ofrecen rasgos característicos de la más alta importancia, como lo hemos explicado más arriba, número 281, hablando de la utilidad de las evocaciones particulares. Es, pues, una mina inagotable de observaciones, no tomando aun sino los hombres cuya vida presenta alguna particularidad con respecto al género de muerte, a la

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edad, a las buenas o malas cualidades, a su posición, feliz o infeliz sobre la tierra, a sus costumbres, al estado

mental, etc.

Con los Espíritus elevados, el cuadro de los estudios se ensancha; además de las cuestiones psicológicas que tienen un límite, se les pueden proponer una multitud de problemas morales que se extienden hasta el infinito sobre todas las posiciones de la vida, sobre la conducta mejor que puede observarse sobre tal o cual circunstancia dada, sobre nuestros deberes recíprocos, etc. El valor de la instrucción que se recibe sobre algún asunto moral, histórico, filosófico, científico, depende enteramente del estado del Espíritu a quien se pregunta; a nosotros toca el juzgar.

345. Además de las evocaciones propiamente dichas, los dictados espontáneos, ofrecen objetos de estudio hasta el infinito. Consisten en esperar el asunto que quieran tratar los Espíritus. Muchos médiums pueden en este caso trabajar simultáneamente.

Alguna vez puede llamarse a un Espíritu determinado; lo más regular es esperar a los que quieran presentarse, y algunas veces vienen del modo más imprevisto. Estas comunicaciones pueden dar lugar en seguida a una multitud de cuestiones, cuyo tema se encuentra de este modo preparado.

Deben ser comentadas con cuidado para estudiar todos los pensamientos que encierran y juzgar si llevan el sello de la verdad. Este examen hecho con severidad es, como hemos dicho, la mejor garantía contra la instrucción de los Espíritus mentirosos; con este motivo y también para la instrucción de todos, podrá darse conocimiento de las comunicaciones obtenidas fuera de a reunión.

Hay en esto, como se ve, un manantial inagotable de elementos eminentemente formales e instructivos.

346. Las ocupaciones de cada sesión pueden arreglarse del modo que sigue: 1º Lectura de las comunicaciones espiritistas obtenidas en la última sesión, puestas en limpio. 2º Noticias diversas. - Correspondencia. - Lectura de las comunicaciones obtenidas fuera de las sesiones. - Relación de los hechos interesantes del Espiritismo. 3º Trabajos de estudio - Dictados espontáneos. - Cuestiones diversas y problemas morales propuestos a los Espíritus. - Evocaciones.

4º Conferencia - Examen crítico y analítico de las diversas comunicaciones.

–Discusión sobre los diferentes puntos de la ciencia espiritista.

347. Los grupos que empiezan tienen que pararse muchas veces por falta de médiums. Los médiums son seguramente uno de los elementos esenciales de las reuniones espiritistas, pero no son elementos indispensables, y no se tendría razón en creer que en defecto de ellos nada haya que hacer. Sin duda aquellos que no se reúnen, sino con el objeto de hacer experimentos, no pueden hacerlo sin médiums, como los músicos en un concierto, sin instrumentos; pero aquellos que llevan la mira de un estudio formal tienen mil motivos de ocupación tan útiles y provechosos, como si pudiesen obrar con los mismos. Además las reuniones que tienen médiums pueden accidentalmente encontrarse sin ellos y seria enojoso que creyesen, en este caso, no tener que hacer otra cosa que retirarse. Los mismos Espíritus pueden, de tiempo en tiempo, dejarles en esta posición, con el fin de enseñarles a pasarse sin ellos. Diremos más; es necesario para aprovecharse de su enseñanza, consagrar algún tiempo en meditarla. Las sociedades científicas no siempre tienen los instrumentos de observación a la vista, y sin embargo encuentran objetos de discusión; en ausencia de poetas y oradores, las sociedades literarias, leen y comentan las obras de autores antiguos y modernos; las sociedades religiosas meditan sobre las Escrituras; las sociedades Espiritistas deben hacer lo mismo, y sacarán un gran provecho para su adelantamiento, estableciendo conferencias en las cuales se lea y comente todo lo que pueda tener relación con el Espiritismo en pro o en contra. De esta discusión en la que cada uno lleva el tributo de sus reflexiones, brotan rayos de la luz que pasan desapercibidos en la lectura individual. Al lado de estas obras especiales, los periódicos abundan de hechos, relaciones, acontecimientos, rasgos de virtudes o vicios que suscitan grandes problemas morales, que sólo el Espiritismo puede resolver, y éste es también un medio de probar que tiene relación con todos los ramos del orden social. Aseguramos que una sociedad espiritista que organizase sus trabajos en este sentido, procurándose los materiales necesarios, no tendría bastante tiempo para las comunicaciones directas de los Espíritus; por lo que llamamos la atención sobre este punto de las reuniones verdaderamente formales, de aquellas que toman más empeño en instruirse que en buscar un pasatiempo. (Véase núm. 207, capítulo de la "Formación de los médiums").

Rivalidad entre las sociedades

348. Las reuniones que se ocupan exclusivamente de comunicaciones inteligentes y las que se entregan al estudio de las manifestaciones físicas, tienen cada una su misión; ni las unas ni las otras estarían en el verdadero espíritu del Espiritismo si se mirasen con mal ojo, y la que echase la piedra a la otra, probaría por esto solo la mala influencia que la domina; todas deben concurrir, aunque por caminos diferentes, al objeto común que es la investigación y la propagación de la verdad; su antagonismo, que no sería sino un efecto de orgullo sobrexcitado, entregando armas a los detractores, sólo haría daño a la causa que pretenden defender. 349. Estas últimas reflexiones se aplican igualmente a todos los grupos que pudiesen diferir sobre algunos puntos de la doctrina. Como lo hemos dicho ya en el capitulo de las "Contradicciones", estas divergencias no se 133

refieren, en la mayoría de los casos, sino a los accesorios y muchas veces a simples palabras; habría, pues,

puerilidad en formar opinión aparte, porque no se pensase exactamente del mismo modo. Sería aun peor que esto, si los diferentes grupos o sociedades de una misma población se mirasen con envidia. La envidia se comprende entre las gentes que se hacen competencia y pueden acarrearse un perjuicio material; pero cuando no hay especulación, la envidia no puede ser sino una rivalidad mezquina de amor propio. Como en definitiva, no hay sociedad que pueda reunir en su seno a todos los adeptos, los que están animados por un verdadero deseo de propagar la verdad y cuyo objeto es únicamente moral, deben ver con placer multiplicarse las reuniones, y si hay en ellas concurrencia debe ser para ver quien hará más bien. Las que pretendieran estar en lo verdadero con exclusión de las otras deberían probarlo tomando por divisa "amor y caridad" ; porque tal es el sello de verdadero espiritista.

¿Quieren prevalecerse de la superioridad de los Espíritus que les asisten?

Que lo prueben por la superioridad de las enseñanzas que reciben, y por la aplicación que se hace de las mismas; este es un criterio infalible para distinguir a los que marchan por el mejor camino. Ciertos Espíritus, más presuntuosos que lógicos, prueban algunas veces de imponer sistemas extraños e impracticables a favor de nombres venerados de los que se amparan. El buen sentido hace muy pronto justicia a estas utopías, pero esperando, pueden sembrar la duda y la incertidumbre entre los adeptos; de aquí viene a menudo una causa de disentimiento momentáneo. Además de los medios que hemos dado para apreciarles, hay otro criterio que da la medida de su valor; es el número de partidarios que reclutan. La razón dice que el sistema que encuentra más eco en las masas, debe estar más cerca de la verdad que aquel que es rechazado por la mayoría y ve disminuir sus filas; así, pues, tened por cierto que los Espíritus que rehúsan la discusión de su enseñanza es porque comprenden su debilidad.

350. Si el Espiritismo debe, así como está anunciado, conducir a la transformación de la humanidad, esto sólo será posible por el mejoramiento de las masas, y no llegará sino gradualmente y poco a poco por el de sus individuos. ¿Qué importa el creer en la existencia de los Espíritus, si esta creencia no hace mejor, más benévolo, más indulgente para con sus semejantes, más humilde y más paciente en la advertencia? ¿Para qué le sirve al avaro el ser espiritista, si siempre es avaro; al orgulloso, si siempre

está lleno de si mismo; al envidioso, si siempre tiene celos? Todos los hombres podrían, pues, creer en las manifestaciones, y la humanidad quedar estacionada pero no son estos los designios de Dios. Todas las sociedades espiritistas formales deben dirigirse hacia el objeto providencial agrupándose alrededor de ellas los que tienen unos mismos sentimientos; entonces habrá unión entre ellas, simpatía, fraternidad, y no un vano y pueril antagonismo de amor propio, de palabras más bien que de cosas; entonces serán fuertes y poderosos, porque se apoyarán sobre una base inalterable: el bien para todos; entonces serán respetadas e impondrán silencio al torpe sarcasmo, porque hablarán en nombre de la moral evangélica respetada por todos. Tal es el camino por el cual nos esforzamos en hacer entrar al Espiritismo. El estandarte que enarbolamos muy alto, es el del "espiritismo cristiano y humanitario" y nos consideramos felices al ver reunirse a su alrededor tantos hombres en todos los puntos del globo, porque comprenden que aquí está el áncora de salvación, la salvaguardia del orden público, la señal de una era nueva para la humanidad. Invitamos a todas las sociedades espiritistas a que concurran a esta grande obra; que de una a otra parte del mundo se tiendan la mano fraternal y confundirán el mal encerrándole en confusas redes.

CAPITULO XXX

REGLAMENTO

DE LA SOCIEDAD PARISIENSE DE ESTUDIOS ESPIRITISTAS

fundada en 1º de Abril de 1858 y autorizada por decreto del señor Prefecto de Policía con fecha 13 de Abril de 1858, según el dictamen del Excmo, Sr.

Ministro del Interior y de la seguridad general.

Nota. - Aunque este reglamento sea el fruto de la experiencia, no lo damos como una ley absoluta, sino únicamente para la facilidad de las sociedades que quieran formarse y que podrán sacar las disposiciones que crean útiles y aplicables a las circunstancias que les sean propias. Por sencilla que sea su organización, puede aún serlo mucho más cuando se trata, no de sociedades regularmente constituidas, sino de simples reuniones íntimas que sólo tienen necesidad de establecer medidas de orden, de precaución y de regularidad en los trabajos.

Igualmente lo damos para gobierno de las personas que quisieran ponerse en relación con la Sociedad Parisiense, sea como corresponsales, sea a título de miembros de la sociedad.

CAPÍTULO 1 - Objeto y formación de la Sociedad ARTÍCULO 1º - La Sociedad tiene por objeto el estudio de todos los fenómenos relativos a las manifestaciones espiritistas y su aplicación a las ciencias morales, físicas, históricas y psicológicas. Las cuestiones políticas, de controversia religiosa y de economía social, están prohibidas. Toma por título: "Sociedad Parisiense de Estudios Espiritistas". ART. 2º La Sociedad se compone de miembros titulares, de socios libres y de miembros corresponsales. Puede conferir el titulo de miembro honorario a las personas que residan en Francia o en el extranjero que por su posición o por sus trabajos, puedan prestarle servicios señalados. Los miembros honorarios están sujetos a reelección todos los años.

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ART. 3º La sociedad sólo admite a las personas que simpaticen con sus principios y con el objeto de sus

trabajos; aquellas que están ya iniciadas en los principios fundamentales de la ciencia espiritista, o que estén formalmente animadas del deseo de instruirse. En consecuencia, excluye a cualquiera que pueda llevarle elementos de turbación en el seno de las reuniones, sea por espíritu de hostilidad y de oposición sistemática, sea por cualquiera otra causa, haciendo de este modo perder el tiempo en discusiones inútiles. Todos los miembros se deben benevolencia y buenos procederes recíprocamente; y en todas circunstancias han de anteponer el bien general a las cuestiones personales y de amor propio. ART. 4º Para ser admitido como socio libre, es menester dirigir al Presidente una demanda escrita firmada por dos miembros titulares que garanticen las intenciones del solicitante. La carta de demanda debe relatar someramente: 1º Si el solicitante posee ya conocimientos en materia de Espiritismo; 2º El estado de sus convicciones sobre los puntos fundamentales de la ciencia; 3º La obligación de conformarse en todo con el reglamento.

La demanda se somete a la comisión que la examina, y propone, si hay lugar, la admisión, el aplazamiento o la negación.

El aplazamiento es de rigor para todo candidato que no posea ninguno de los elementos de la ciencia espiritista y no simpatizase con los principios de la Sociedad. Los asociados libres tienen derecho de asistir a todas las sesiones, tomar parte en los trabajos y en las discusiones que tengan por objeto el estudio; pero en ningún caso, tienen voto deliberativo por lo que concierne a los negocios de la Sociedad.

Los asociados libres no están obligados más que por un año desde su admisión, y su continuación en la sociedad debe ser ratificada al finir este primer año. ART. 5º Para ser miembro titular, es menester al menos haber sido un año socio libre, haber asistido a más de la mitad de las sesiones, y haber dado durante este tiempo pruebas notorias de sus conocimientos y de sus convicciones respecto a Espiritismo; de su adhesión a los principios de la Sociedad y de su voluntad de obrar en todas circunstancias, con respecto a sus colegas, según los principios de la caridad y de la moral espiritista.

Los socios libres que hayan asistido regularmente durante seis meses a las sesiones de la sociedad, podrán ser admitidos como miembros titulares si además llenasen las otras condiciones. La admisión se propone de oficio

por la comisión, con el asentimiento del socio, y también es apoyada por otros tres miembros titulares. En seguida se publica, si hay lugar, por la sociedad en escrutinio secreto, después de una relación verbal de la comisión.

Los miembros titulares son los únicos que tienen voz deliberativa y sólo ellos gozan de la facultad concedida en el artículo 25.

ART. 6º La sociedad limitará sí lo juzga conveniente, el número de los socios libres y de los miembros titulares. ART. 7º Los miembros corresponsales son aquellos que, no residiendo en París, están en relación con la Sociedad y le proporcionan documentos útiles para sus estudios.

Pueden ser nombrados con sólo la presentación de un miembro titular.

CAPÍTULO II. - Administración

ART. 8º La sociedad está administrada por un Presidente-Director, asistido por los miembros de la oficina y por una comisión.

ART. 9º La oficina se compone de: 1 Presidente. - 1 Vicepresidente. - 1

Secretario principal. - 2 Secretarios adjuntos. - 1 Tesorero.

Además podrá nombrarse uno o muchos Presidentes honorarios. A falta del Presidente y del Vicepresidente, las sesiones podrán ser presididas por uno de los miembros de la comisión.

ART. 10º El Presidente-Director debe poner todos sus cuidados en los intereses de la Sociedad y de la ciencia espiritista. Tiene la dirección general y la alta vigilancia de la administración, lo mismo que la conservación de los archivos.

El Presidente es nombrado por tres años y los otros miembros de la oficina por un año e indefinidamente reelegibles.

ART. 11º La comisión está compuesta de los miembros de la oficina y de otros cinco miembros titulares elegidos con preferencia entre aquellos que habrán trabajado activamente por la Sociedad, hecho servicios a la causa del Espiritismo o dado pruebas de su espíritu benévolo y conciliador. Estos cinco miembros son, como los demás de la oficina, nombrados por un año y reelegibles. La comisión estará presidida de derecho por el Presidente-Director, en defecto de éste por el Vicepresidente o uno de sus miembros que se designe para este efecto. La comisión está encargada del examen previo de todas las cuestiones y proposiciones administrativas y otras que tengan que someterse a la Sociedad. Comprueba los recibos, los gastos de la Sociedad, y las cuentas del Tesorero; autoriza los gastos corrientes y adopta

todas las medidas de orden que sean necesarias. Examina además los trabajos y objetos de estudio propuestos por diferentes miembros, prepara otros por su parte y fija el orden de las sesiones de acuerdo con el Presidente.

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El Presidente puede oponerse siempre a que se traten ciertos asuntos y sean puestos a la orden del día, salvo

cuando se refieran a la Sociedad, la que decidirá. La comisión se reúne regularmente antes de abrirse las sesiones para el examen de los asuntos corrientes y además en todas las ocasiones que lo crea conveniente. Los miembros de la oficina y de la comisión que estuviesen ausentes por tres meses consecutivos sin dar aviso, se considerará que han resignado sus funciones y se proveerá para que sean reemplazados. ART. 12º Las decisiones sean de la Sociedad, sean de la comisión, serán tomadas por la mayoría absoluta de los miembros presentes; en caso de empate decidirá el voto del Presidente. La comisión puede decidir cuando hay presentes cuatro de sus miembros. El escrutinio secreto es de derecho cuando se reclama por cinco miembros. ART. 13º Cada tres meses, seis miembros elegidos entre los titulares o asociados libres, son designados para llenar las funciones de

"comisarios".

Los comisarios están encargados de velar por el orden y la buena compostura de las sesiones, y de examinar el derecho de entrada de toda persona extraña que se presente para asistir. A este efecto, los miembros designados se pondrán de acuerdo para que uno de ellos esté presente a la apertura de las sesiones.

ART. 14º El año social empieza en 1º de abril. Los nombramientos de la oficina y de la comisión se harán en la primera sesión del mes de mayo. Los miembros en ejercicio continuarán sus funciones hasta esta época. ART. 15º

Para subvenir a los gastos de la sociedad, se paga una cotización anual de 24 francos por los titulares y de 20 por los socios libres.

Los miembros titulares, cuando se reciben, pagan además por derecho de entrada 10 francos por una sola vez. La cotización se paga íntegramente por el año corriente. Los miembros admitidos durante el año, sólo pagarán los trimestres que estén por vencer, comprendiendo el de su admisión.

Cuando marido y mujer son recibidos como asociados libres o titulares, sólo se recibe una cotización y media por los dos.

Cada seis meses, el 1º de abril y el 1º de octubre, el Tesorero da cuenta a la comisión del empleo y la situación de los fondos.

Satisfechos los gastos corrientes y otras cosas obligatorias; si hay excedente, la Sociedad determinará su empleo.

ART. 16º Se entregará a todos los miembros recibidos, asociados libres o

titulares, una carta de admisión haciendo constar su título. Esta carta o título se deposita en la tesorería, de donde el miembro nuevo puede retirarla pagando su cotización y el derecho de entrada. El nuevo miembro no puede asistir a las sesiones sino después que haya retirado su título. Cuando por su culpa no lo ha retirado un mes después de su nombramiento, se considera dimisionario. Igualmente se considerará que ha hecho dimisión todo miembro que no hubiese pagado su cuota anual en el primer mes de la renovación del año social, después de un aviso del señor Tesorero, sin resultado.

CAPÍTULO III. De las sesiones

ART. 17º Las sesiones de la sociedad tendrán lugar todos los viernes a las ocho de la noche, salvo modificación si a ello hay lugar.

Las sesiones son particulares o generales; nunca son públicas. Toda persona que forme parte de la Sociedad con un título cualquiera, debe en cada sesión, poner su nombre en una lista de presentación.

ART. 18º Se exige el silencio y el recogimiento rigurosos durante las sesiones y principalmente durante los estudios. Nadie puede tomar la palabra sin haberla obtenido del presidente. Todas las preguntas dirigidas a los Espíritus deben serlo por medio del presidente, que puede rehusar el hacerlas según las circunstancias.

Están notablemente prohibidas todas las cuestiones fútiles, de interés personal de pura curiosidad, o hechas al objeto de someter a los Espíritus a pruebas, lo mismo que todas aquellas que no tengan un objeto de utilidad general con respecto a estudios.

Asimismo están prohibidas todas las discusiones que se separen del objeto especial que nos ocupa. ART. 19º Todo miembro tiene derecho a llamar al orden a cualquiera que se separe de la decencia en la discusión o turbase las sesiones de cualquier modo que sea. El llamamiento al orden se pone inmediatamente a votación; si se adapta, se inscribe en el proceso verbal.

Tres llamamientos al orden en el espacio de un año, producen el derecho de borrar de las listas de la Sociedad al miembro que los habrá ocasionado, cualquier que sea su título. ART. 20º No podrá leerse ninguna comunicación espiritista recibida fuera de la Sociedad sin que se someta antes, bien sea al Presidente, o a la comisión que pueden admitir o negar su lectura. Deberá depositarse en el archivo una copia de toda comunicación de fuera de la Sociedad, cuya lectura haya sido permitida.

Todas las comunicaciones obtenidas durante las sesiones pertenecen a la Sociedad; los médiums que las han escrito pueden tomar copia de ellas.

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ART. 21º Las sesiones particulares están reservadas a los miembros de la Sociedad; tienen lugar el 1º, el 3º y si

hay lugar, el 5º viernes de cada mes.

La sociedad reserva para las sesiones particulares todas las cuestiones que conciernen a los negocios de administración, así como los objetos de estudio que reclaman más tranquilidad y concentración, o que juzgue a propósito el profundizar antes de manifestarlas a personas extrañas. Tienen derecho de asistir a las sesiones particulares, además de los miembros titulares, y los asociados libres, los miembros corresponsales que estén temporalmente en París y los médiums que prestan su concurso a la Sociedad.

Ninguna persona extraña a la Sociedad es admitida en las sesiones particulares, salvo los casos excepcionales y con el asentimiento previo del Presidente. ART. 22º Las sesiones genciales tienen lugar el 2º y el 4º

viernes de cada mes. En las sesiones generales la Sociedad autoriza la admisión de oyentes extraños a la sociedad que pueden asistir a ella temporalmente sin formar parte de la misma. Podrá retirar esta autorización cuando lo juzgue oportuno.

Nadie puede asistir a las sesiones como oyente sin ser presentado al Presidente por un miembro de la sociedad, que garantizará su atención en no causar turbación ni interrupción. La Sociedad no admite como oyentes, sino a las personas que aspiren a ser miembros, o que son simpáticos a sus trabajos y bien iniciados en la ciencia espiritista para comprenderlos. Debe negarse la admisión de una manera absoluta, a cualquiera que sólo fuese atraído por la curiosidad, o cuyas opiniones fuesen hostiles. A los oyentes no se les concede la palabra excepto en casos excepcionales apreciados por el Presidente. El que turbase el orden de cualquier modo que fuese, o que manifestase malevolencia por los trabajos de la sociedad, podrá ser invitado a retirarse, y en todos los casos se deberá hacer de ello mención en la lista de admisión, y para lo sucesivo se le negará la entrada. El número de los oyentes debiendo ser limitado a los puestos disponibles, los que podrán asistir a las sesiones deberán estar inscritos anticipadamente en un registro destinado a este efecto, con expresión de las señas de su domicilio y de las personas que les han recomendado. En consecuencia, toda solicitud de entrada deberá dirigirse al Presidente algunos días antes de la sesión, y sólo él expide los billetes de introducción hasta completar la lista.

Los billetes de introducción sólo sirven para el día indicado y para las personas designadas. La entrada no puede concederse a un mismo oyente para más de dos sesiones, salvo la autorización del Presidente y en los casos excepcionales. El mismo miembro no puede presentar dos personas a la vez. Las entradas dadas por el Presidente no son limitadas. Los oyentes no son admitidos sino después de abierta la sesión.

CAPÍTULO IV - Disposiciones diversas

ART. 23º Todos los miembros de la Sociedad le deben su concurso. En consecuencia, están invitados a recoger en su círculo respectivo de observaciones, los hechos antiguos o recientes que puedan tener relación con el Espiritismo y anotarles.

Procurarán al mismo tiempo informarse, en cuanto les sea posible, de la notoriedad de los referidos hechos. Son igualmente invitados a manifestar a la Sociedad todas las publicaciones que pueden tener relación más o menos directa con el objeto de sus trabajos. ART. 24º La Sociedad hace un examen crítico de las diferentes obras publicadas sobre Espiritismo, cuando lo juzga a propósito. A este efecto, encarga a uno de sus miembros asociado, libre o titular, para que haga una relación que se imprimirá, si hay lugar a ello, en la "Revista Espiritista". ART. 25º La Sociedad creará una biblioteca especial compuesta de obras que se la ofrezcan y de las que adquiera.

Los miembros titulares podrán consultar sea la biblioteca, sean los archivos de la Sociedad en los días y horas que se fijen a este efecto.

ART. 26º Considerando la Sociedad que su responsabilidad puede moralmente encontrarse comprometida por las publicaciones particulares de sus miembros, nadie puede tomar en ningún escrito el titulo de "miembro de la Sociedad" sin que se le autorice por la misma, y sin que con anticipación haya tenido ésta conocimiento del manuscrito. La comisión se encargará de dar cuenta sobre este asunto. Si la Sociedad juzga el escrito incompatible con sus principios, el autor, después de haber sido oído, será invitado, bien sea a modificarlo o bien a renunciar a su publicación o, finalmente, a que no se dé a conocer como a miembro de la Sociedad. En caso de no querer someterse a la decisión que se tome, podrá disponerse que sea borrado de la lista de los socios.

Todo lo escrito por un miembro de la Sociedad, bajo el velo del anónimo, y sin ninguna mención que puede hacerle conocer como a tal, entra en la categoría de las publicaciones ordinarias de las que la Sociedad se reserva

la apreciación. Sin embargo, no queriendo poner trabas a la libre emisión de las opiniones personales, la Sociedad invita a aquellos de sus miembros que tuviesen la intención de hacer publicaciones de esta clase, de reclamar con anticipación su consejo oficial es interés de la ciencia. ART. 27º Queriendo la Sociedad mantener en su seno la unidad de principios y el espíritu de una benevolencia recíproca, podrá disponer el que sea borrado de la lista todo miembro que fuese causa de turbación, o que se pusiese en hostilidad abierta con ella por medio de escritos que comprometiesen la doctrina, por opiniones

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subversivas o por un modo de obrar que no podría aprobarse. Sin embargo, no se dispondrá el que sea borrado

de la lista sin que proceda una amonestación que no hubiese tenido efecto, y después de haber oído al miembro reputado culpable, si juzga conveniente dar explicaciones. La decisión será por escrutinio secreto y por la mayoría de las tres cuartas partes de los miembros presentes. ART. 28º Todo miembro que se retire voluntariamente durante el uño, no puede reclamar la diferencia de las cotizaciones satisfechas por él; esta diferencia será reembolsada en caso de que la Sociedad disponga que sea borrado de la lista.

ART. 29º El presente reglamento podrá ser modificado si hay lugar a ello.

Las proposiciones de las modificaciones no podrán hacerse a la Sociedad sino por conducto de su Presidente, a quien deberán transmitirse, y en el caso que fuesen admitidas por la comisión. La sociedad puede, sin modificar su reglamento en los puntos esenciales, adoptar todas las medidas complementarias que juzgará útiles.

CAPÍTULO XXXI

DISERTACIONES ESPIRITISTAS

Hemos reunido en este capítulo algunas comunicaciones dictadas espontáneamente, que pueden completar y confirmar los principios contenidos en esta obra. Podríamos haber citado un número mayor, pero nos limitamos a aquellas que más particularmente tienen relación con el porvenir del Espiritismo, de los rnédiums, y de las reuniones. Las damos a la vez como instrucción y como tipos de la clase de comunicaciones verdaderamente formales. Terminamos con algunas comunicaciones apócrifas seguidas de notas a propósito para hacerlas conocer.

Sobre el Espiritismo

I

Tened confianza en la bondad de Dios, y sed bastante perspicaces para comprender los preparativos de la nueva vida que os destina. Verdad es que no os será dado gozar de ella en esta existencia, ¿pero no seréis felices, sino volvéis a vivir en este globo, considerando desde arriba la obra que habréis empezado y que se desarrollará a vuestros ojos? Estad animados por una fe firme y sin vacilar contra los obstáculos que parecen deber levantarse contra el edificio cuyos cimientos ponéis. Las bases sobre las cuales se apoya son sólidas: Cristo puso su primera piedra. ¡Ánimo, pues, arquitectos del divino

maestro! Trabajad, edificad. Dios coronará vuestra obra. Pero no olvidéis que Cristo desconoce a cualquiera de sus discípulos que sólo tenga la caridad en los labios; no basta creer, sobre todo es menester dar el ejemplo de bondad, de benevolencia y de desinterés, sin esto, vuestra fe será estéril para vosotros. - San Agustín.

II

El mismo Cristo preside los trabajos de toda clase que están en camino para abriros la era de renovación y de perfeccionamiento que os profetizan vuestros guías espirituales. Si en efecto, echáis una mirada fuera de las manifestaciones espiritistas, sobre los acontecimientos contemporáneos, reconoceríais sin duda alguna, las señales precursoras que os probarán de una manera irrecusable que han llegado los tiempos predichos. Las comunicaciones se establecen entre todos los pueblos; destruidas las barreras materiales, los obstáculos morales que se oponen a su unión, las preocupaciones políticas y religiosas se borrarán rápidamente, y el reino de la fraternidad se establecerá en fin de una manera sólida y duradera.

Observad desde hoy a los mismos soberanos, empujados por una mano invisible, tomar, cosa nunca oída por vosotros, la iniciativa en las re formas, y las reformas que vienen de arriba y espontáneamente son mucho más rápidas y más duraderas que las que vienen de abajo y arrancadas por la fuerza. Yo, sin embargo de las preocupaciones de la infancia y de la educación, sin embargo del culto del recuerdo, había presentido la época actual; soy feliz por ello, y soy aun más feliz viniendo a deciros:

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Un respiro entre páginas.

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