CAPÍTULO 96
El Libro de los Espiritus
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OBJETO DE LA ADORACIÓN
649. ¿En qué consiste la adoración?
«Es la elevación del pensamiento a Dios. Por medio de la adoración se aproxima el alma a Él». 650. ¿La adoración es resultado de un sentimiento innato, o producto de una enseñanza?. «Sentimiento innato como el de la Divinidad. La conciencia de la propia debilidad induce al hombre a inclinarse ante aquel que puede protegerle».
651. ¿Ha habido pueblos desprovistos de todo sentimiento de adoración?
«No, porque nunca ha habido pueblos ateos. Todos comprenden que hay por encima de ellos un Ser supremo».
652. ¿Puede considerarse que la adoración tiene su origen en la ley natural?
«Está en la ley natural, puesto que es resultado de un sentimiento innato en el hombre, y por esto se la encuentra en todos los pueblos, aunque bajo diferentes formas».
ADORACIÓN EXTERNA
65 3. ¿Necesita la adoración de manifestaciones externas? «La verdadera adoración reside en el corazón. Siempre que hagáis algo, pensad que el Señor os está mirando» -¿La adoración externa es útil?
«Sí, cuando no es un vano simulacro. Siempre es útil dar buenos ejemplos: pero los que sólo lo hacen por afectación y amor propio y cuya conducta desmiente la piedad aparente, dan más bien mal ejemplo que bueno, y causan más mal del que creen».
654. ¿Da preferencia Dios a los que le adoran de tal o cual manera? «Dios prefiere a los que le adoran desde lo intimo del corazón con sinceridad, haciendo el bien y evitando el mal, a aquellos que creen honrarle con ceremonias que no les hacen mejores para con sus semejantes. »Todos los hombres son hermanos e hijos de Dios, quien llama así a todos los que siguen sus leyes, cualquiera que sea la forma en que las exprese.
»El que sólo tiene apariencias de piedad es un hipócrita, y aquel cuya adoración no pasa de ser afectada y está en contradicción con su conducta, da mal ejemplo. »El que hace profesión de adorar a Cristo y es orgulloso, envidioso, celoso, duro e implacable para con los otros o ambicioso de los bienes de este mundo, es religioso, os lo aseguro, de boca y no de corazón.
Dios que todo lo ve dirá.
El que conoce la verdad es cien veces más culpable del mal que hace que el salvaje ignorante del desierto, y será castigado con arreglo á este principio
el día del juicio. Si al pasar un ciego tropieza con vosotros, le disculpáis: pero si es un hombre que tiene completa vista, os quejaréis y con razón.
»No preguntéis, pues. si existe una forma de adoración más conveniente que otra: porque es lo mismo que preguntar si es más grato a Dios que se le adore antes en este que en aquel idioma. Vuelvo a deciros, que sólo por la puerta del corazón se elevan hasta él los cánticos». 655. ¿Es, pues, censurable uno porque practique una religión en la cual no cree en el fondo de su alma, cuando se hace por humano respeto y para no escandalizar a los que piensan de distinto modo? «En esta como en otras muchas cosas, la regla es la intención. El que no tiene otra mira que respetar las creencias ajenas, no hacen mal, y procede mejor que el que las ridiculice, porque éste no sería caritativo; pero el que las practica por interés y ambición, es despreciable a los ojos de Dios y de los hombres. No pueden ser gratos a Dios aquellos que sólo aparentan humillarse ante él para captarse la aprobación de los hombres». 656. ¿La adoración en común es preferible a la individual? «Los hombres reunidos por la comunidad de pensamientos y sentimientos tienen más fuerza para atraerse a los espíritus buenos. Lo mismo sucede cuando se reúnen para adorar a Dios. Mas no creáis por esto que sea menos buena la adoración particular puesto que cada uno puede adorar a Dios pensando en Él».
VIDA CONTEMPLATIVA
657. Los hombres que se entregan a la vida contemplativa, sin hacer mal alguno y sólo pensando en Dios, ¿son meritorios a sus ojos?
«No; porque si no hacen mal, tampoco hacen bien y son inútiles y dejar de hacer bien es ya un mal. Dios quiere que se piense en él: pero no quiere que sólo en él se piense, porque ha señalado al hombre deberes que cumplir en la tierra. El que se consume en la meditación y en la contemplación nada meritorio hace para Dios; porque su vida es completamente personal e inútil a la humanidad, y Dios le pedirá cuentas del bien que no haya hecho».
(640)
DE LA ORACIÓN
658. ¿La oración es agradable a Dios?
«La oración es agradable a Dios cuando la dicta el corazón porque todo para él se reduce a la intención, y la oración que sale del corazón es preferible a la que puede leerse, por bella que sea, si se lee más con los labios
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que con el pensamiento. La oración es agradable a Dios cuando es hecha con fe, fervor y sinceridad; pero no
creas que le conmueve la del hombre vano, orgulloso y egoísta, a menos que no constituya un acto de sincero arrepentimiento y de verdadera humildad». 65 9. ¿Cuál es el carácter general de la oración? «La oración es un acto de adoración. Rogar a Dios, es pensar en él, acercarse a él, ponerse en comunicación con él. Tres cosas puede uno proponerse en la oración: alabar, pedir y dar gracias». 660. ¿La oración hace mejor al hombre?
«Sí; porque el que ora con fervor y confianza es más fuerte contra las tentaciones del mal, y Dios le envía buenos espíritus para que le asistan. La oración es un auxilio que nunca se niega, cuando es pedido con sinceridad».
-¿A qué se debe que ciertas personas que oran mucho, tienen sin embargo, muy mal carácter, son celosas, envidiosas, acres, carecen de benevolencia, de indulgencia y hasta llegan a ser viciosas a veces? «Lo esencial no es orar mucho, sino orar bien. Esas personas creen que todo el mérito está en la extensión de la oración, y cierran los ojos a sus propios defectos. La oración es para ellas una ocupación, un empleo de tiempo, pero no un estudio de si mismas. Lo ineficaz no es el remedio, sino el modo de emplearlo». 661.
¿Puede suplicarse con provecho a Dios que nos perdone nuestras faltas?
«Dios sabe discernir el bien del mal; la oración no encubre las faltas. El que pide a Dios el perdón de las que ha cometido, no lo obtiene sino mudando de conducta. Las buenas acciones son la mejor oración; porque valen más los actos que las palabras».
662. ¿Puede orarse con provecho por otro? «El espíritu del que ora obra en virtud de la voluntad de hacer bien. Por medio de la oración atrae a los espíritus buenos que se asocian al bien que quieren hacer», Poseemos en nosotros mismos por medio del pensamiento y de la voluntad, una potencia de acción
que se extiende mucho más allá de los limites de nuestra esfera corporal. La oración hecha para otro es
un acto de esa voluntad. Si es ardiente y sincera, puede atraer en ayuda de aquél a los espíritus buenos,
a fin de sugerirle buenos pensamientos y darle la fuerza de cuerpo y alma que necesita. Pero también en
este caso la única valedera es la oración del corazón, no significando nada la de labios afuera.
663. Las oraciones que hacemos para nosotros mismos. ¿pueden cambiar la naturaleza de nuestras pruebas y su curso?
«Vuestras pruebas están en manos de Dios y las hay que deben ser sufridas hasta lo último; pero Dios entonces toma siempre en cuenta la resignación.
La oración os atrae a los espíritus buenos que os dan fuerzas para soportarlas con valor, y os parecen menos duras. Lo hemos dicho, nunca es inútil la oración cuando se hace bien; porque da fuerzas, lo cual es de por si un gran resultado. Ya lo sabes, ayúdate y el Cielo te ayudará. Por otra parte, Dios no puede cambiar el orden de la naturaleza a gusto de cada uno; porque lo que es un gran mal desde vuestro punto de vista mezquino y desde vuestra efímera vida, es con frecuencia un gran bien en el orden general del universo. Y además; ¡cuántos males no hay cuyo autor es el mismo hombre por causa de su imprevisión o de sus faltas! El hombre es así castigado por donde él mismo ha pecado. Las peticiones justas son, empero, más escuchadas de lo que creéis; os figuráis que Dios no os ha oído, porque no os ha regalado un milagro, mientras él os asiste por medios de tal modo naturales, que os parecen resultado de la casualidad o de la fuerza de las cosas, y a menudo también, y es lo más frecuente, os sugiere aquel pensamiento que necesitáis para salir por vosotros mismos del aprieto». 664. ¿Es inútil orar por los muertos y por los espíritus que sufren, y en caso afirmativo, cómo pueden aliviarlos nuestras oraciones y abreviar sus padecimientos? ¿Tienen la fuerza para hacer que se desvíe la justicia de Dios?
«La oración no puede producir el efecto de cambiar los designios de Dios; pero el alma por la cual se ora, experimenta alivio; porque la oración es una prueba del interés que se le da, y el desgraciado se siente aliviado siempre que halla almas caritativas que compadecen sus dolores. Por otra parte, por medio de la oración se le excita al arrepentimiento y al deseo de hacer aquello que es necesario para ser feliz. En este sentido es como puede abreviarse su pena, si a su vez secunda con su buena voluntad. El deseo de mejorarse, excitado por la oración, atrae al espíritu que sufre, espíritus mejores que vienen a ilustrarle, a consolarle y a darle esperanza. Jesús oraba por las ovejas descarriadas, y os enseña de este modo que seríais culpables, si no lo hicieseis por aquellos que más lo necesitan».
665. ¿Qué debe pensarse de la opinión que rechaza la oración por los muertos, porque no está prescrita en el Evangelio?
«Cristo dijo a los hombres: "Amaos los unos a los otros", recomendación que envuelve la de emplear todos los medios posibles de demostrarles afecto, sin descender a los pormenores para el logro de semejante objeto. Si es cierto que nada puede apartar al Creador de aplicar la justicia, cuyo tipo es, a todas las acciones del espíritu, no lo es menos que la oración que le dirigís por aquel que os inspira afecto, es para éste una prueba de que le recordáis, la cual no puede menos de aliviar sus sufrimientos y consolarle.
Desde el momento en que da señales del más leve arrepentimiento, y solamente entonces, es socorrido; pero nunca se le hace ignorar que un alma simpática se ha ocupado de él, y se le concede el grato pensamiento de que aquella intercesión le ha sido útil. Resulta necesariamente un sentimiento de gratitud y de afecto hacia el que le ha dado la prueba de simpatía o de piedad, y por consiguiente, el amor recomendado por Cristo a los hombres que se ha