CAPÍTULO 94
El Libro de los Espiritus
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«Es preciso que todo llegue a su tiempo. La verdad es como la luz, a la cual es necesario acostumbrarse poco
a poco, pues de otra manera deslumbra». «Nunca ha sucedido que Dios haya permitido al hombre recibir comunicaciones tan completas e instructivas como las que hoy recibe. Como sabéis, habla en los antiguos tiempos algunos individuos que poseían lo que consideraban como una ciencia sagrada, y de la cual hacían un misterio para los que reputaban profanos. Por lo que conocéis de las leyes que rigen esos fenómenos, debéis comprender que no recibían más que algunas verdades diseminadas en medio de un conjunto equívoco y emblemático la mayor parte de las veces.
Sin embargo, para el hombre estudioso no hay ningún sistema filosófico antiguo, ninguna tradición, ni ninguna religión que deba despreciarse; porque todo contiene gérmenes de grandes verdades que, aunque parezcan contradictorias entre sí, aunque esparcidas en medio de infundados accesorios, son fáciles de coordinar, gracias a que el espiritismo os da la clave de una multitud de cosas que, hasta ahora, pudieron pareceros irracionales, y cuya realidad os es demostrada actualmente de un modo irrecusable. No dejéis, pues, de tomar en esos materiales asuntos de estudio, puesto que son muy abundantes y pueden contribuir notablemente a vuestra instrucción».
EL BIEN Y EL MAL
629. ¿Qué definición puede darse de la moral? «La moral es la regla para portarse bien, es decir, la distinción entre el bien y el mal. Está fundada en la observación de la ley de Dios. El hombre se porta bien cuando todo lo hace con la mira y para bien de todos; porque entonces observa la ley de Dios». 630. ¿Cómo puede distinguirse el bien del mal? «El bien es todo lo que está conforme con la ley de Dios, y el mal todo lo que de ella se separa.
Así, pues, hacer el bien es conformarse con la ley de Dios; hacer el mal es infringirla». 631. ¿El hombre tiene por si mismo medios de distinguir lo que es bueno de lo que es malo? «Sí, cuando cree en Dios y quiere saberlo. Dios le ha dado la inteligencia para discernir lo uno de lo otro». 632. El hombre sujeto al error como está, ¿no puede equivocarse en la apreciación del bien y del mal, y creer que obra bien cuando en realidad obra mal? «Jesús os lo dijo: mirad lo que quisierais que se os hiciese o no se os hiciese; todo se reduce a esto. No os engañaréis nunca»
633. La regla del bien y del mal que podría llamarse de reciprocidad o de solidaridad, no puede aplicarse a la conducta del hombre para consigo mismo. ¿Le sirve la ley natural de regla para esa conducta y de guía seguro?
«Cuando coméis mucho os indigestáis. Pues bien, Dios es quien os da la medida de lo que os es necesario, y cuando la traspasáis, sois castigados. En todo sucede lo mismo. La ley natural traza al hombre el limite de sus necesidades, y cuando lo salva, es castigado con el sufrimiento. Si el hombre escuchase en todo, esa voz que le dice basta, se excusaría la mayor parte de los males que achacan a la naturaleza». 634. ¿Por qué está el mal en la naturaleza de las cosas? Hablo del moral. ¿No podría Dios haber creado a la humanidad en mejores condiciones?
«Ya te lo hemos dicho: Los espíritus fueron creados sencillos e ignorantes.
(115) Dios deja al hombre la elección del camino, y tanto peor para él, si toma el malo, pues será más larga su peregrinación. Si no existiesen montes,. el hombre no podría comprender que se puede subir y bajar, y si no existiesen rocas, no comprendería que hay cuerpos duros. Es preciso que el espíritu adquiera experiencia, y para ello ha de conocer el bien y el mal. De aquí que haya unión entre el espíritu y el cuerpo». (119) 63 5. Las diferentes posiciones sociales crean nuevas necesidades que no son las mismas para todos los hombres. ¿Parece, pues, que la ley natural no es una regla uniforme? «Las diferentes posiciones son naturales y están conformes con la ley del progreso, lo que no quebranta la unidad de la ley natural que se aplica a todos. Las condiciones de la existencia del hombre cambian según los tiempos y los lugares, y resultan de ello necesidades diferentes y posiciones sociales apropiadas a estas necesidades. Puesto que semejante
diversidad está en el orden de las cosas, es conforme a la ley de Dios, que no deja de ser una en su
principio. A la razón toca distinguir las necesidades reales de las ficticias o de convención.
636. ¿El bien y el mal son absolutos para todos los hombres? «La ley de Dios es igual para todos; pero el mal depende especialmente de la voluntad de hacerlo. El bien siempre es bien y el mal es siempre mal, cualquiera que sea la posición del hombre. La diferencia está en el grado de responsabilidad».
637. ¿El salvaje que, cediendo a su instinto, se alimenta de carne humana,
es culpable? «He dicho que el mal depende de la voluntad. Pues bien, el hombre es más culpable, cuanto mejor sabe lo que hace».
Las circunstancias dan al bien y al mal una gravedad relativa. El hombre comete a veces faltas, que no
por ser consecuencia de la posición en que le ha colocado la sociedad, son menos reprensibles; pero la
responsabilidad está en proporción de los medios que tiene de comprender el bien y el mal. Así es que
el hombre ilustrado que comete una simple injusticia es más culpable ante Dios que el salvaje ignorante
que se entrega a sus instintos.