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El Libro de los EspiritusAllan Kardec

CAPÍTULO 81

El Libro de los Espiritus

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50 8. Los espíritus que han abandonado en buenas condiciones la tierra,

¿pueden siempre proteger a los que

aman y les sobreviven?

«Su poder es más o menos restringido, y la posición en que se encuentran no siempre los deja en completa libertad de obrar».

509. Los hombres en estado salvaje o de inferioridad moral, ¿tienen igualmente sus espíritus protectores, y en este caso son de orden tan elevado como los de los hombres muy adelantados? «Todo hombre tiene un espíritu que vela por él; pero las misiones son relativas a su objeto. Vosotros no confiáis un niño que aprende a leer a un profesor de filosofía. El progreso del espíritu familiar corresponde al del espíritu protegido. Teniendo un espíritu protector que os vigila, podéis a vuestra vez llegar a ser el protector de un espíritu que os es inferior, y los progresos que le ayudéis a realizar contribuirán a vuestro adelanto. Dios no pide al espíritu más de lo que le permiten sus fuerzas y el grado a que ha llegado». 510. Cuando el padre que vela por su hijo se reencarna, ¿continúa velando por él? «Es más difícil; pero suplica, en un momento de emancipación, a un espíritu simpático que le asista en semejante misión. Por otra parte, los espíritus no admiten más misiones que las que pueden cumplir hasta el fin.

»El espíritu encarnado, sobre todo en los mundos en que es material la existencia, está demasiado ligado a su cuerpo para poderse consagrar del todo, es decir, asistirle personalmente. Por esto los que no son bastante elevados están asistidos a su vez por espíritus que les son superiores, de modo, que si uno falta por una causa cualquiera, es suplido por otro».

511. Además del espíritu protector, ¿está unido un espíritu malo a cada individuo para impelerle al mal y proporcionarle ocasión de luchar entre el bien y el mal? «Unido no es la palabra. Es cierto que los espíritus malos procuran separar del buen camino, cuando se les presenta ocasión, pero cuando uno de ellos se aficiona a un individuo, lo hace por si mismo; porque espera que se le escuchará. Entonces se traba lucha entre el bueno y el malo, y vence aquél a quien e1 hombre deja que le domine».

512. ¿Podemos tener muchos espíritus protectores? «Todo hombre tiene siempre espíritus simpáticos más o menos elevados que le aprecian y se interesan por él, como también los hay que le asisten en el mal». 513. ¿Los espíritus simpáticos obran en virtud de una misión? «A veces pueden tener una misión temporal; pero lo más frecuente es que son solicitados

únicamente por la semejanza de pensamientos y de sentimientos, así en el bien como en el mal». -¿Parece resultar de esto que los espíritus simpáticos pueden ser buenos o malos? «Sí; el hombre encuentra siempre espíritus que simpatizan con él, cualquiera que sea su carácter». 514. ¿Los espíritus familiares son los mismos que los simpáticos y protectores? «Hay muchos matices en la protección y en la simpatía. Dadles el nombre que queráis. El espíritu familiar corresponde más bien al amigo del hogar». De las anteriores explicaciones y de las observaciones hechas sobre la naturaleza de los espíritus que

se unen al hombre, puede deducirse lo siguiente: El espíritu protector, ángel guardián o genio bueno es el que tiene la misión de seguir al hombre

durante la vida y ayudarle a progresar. Siempre es de naturaleza relativamente superior a la del

protegido.

Los espíritus familiares se unen a ciertas personas por lazos más o menos duraderos con objeto de

serles útiles dentro de los limites de su poder, con frecuencia bastante limitado. Son buenos; pero a

veces poco adelantados y hasta un poco ligeros. Se ocupan gustosos de los pormenores de la vida

íntima, y sólo obran con permiso de los espíritus protectores o por orden suya.

Los espíritus simpáticos son aquellos que nos atraen afectos particulares y cierta semejanza de gustos

y sentimientos, así en el bien como en el mal. La duración de sus relaciones está siempre subordinada a

las circunstancias.

El mal genio es un espíritu imperfecto o perverso que se une al hombre con la mira de alejarle del bien;

pero obra por voluntad propia y no en virtud de una misión. Su tenacidad está en relación del acceso

más o menos fácil que halla. El hombre es libre siempre de escuchar su voz o de rechazarla.

515. ¿Qué pensar de esas personas que parecen unirse a ciertos individuos para arrastrarlos fatalmente a su perdición, O para guiarlos por el buen

camino? «Ciertas personas ejercen, en efecto, en otras una especie de fascinación que parece irresistible. Cuando esto se verifica para el mal, es que los espíritus malos se sirven de otros malos para subyugar mejor. Dios puede permitirlo para probaros».

516. Nuestros espíritus, bueno y malo, ¿podrían encarnarse para acompañarnos durante la vida de una manera más directa?

«Así sucede a veces; pero a menudo también encargan esta misión a otros espíritus encarnados que les son simpáticos ».

517. ¿Hay espíritus que se unen a toda una familia para protegerla? «Ciertos espíritus se unen a los miembros de una misma familia que viven juntos y unidos por el afecto; pero no creáis en espíritus protectores del orgullo de razas».

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Un respiro entre páginas.

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