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El Libro de los EspiritusAllan Kardec

CAPÍTULO 78

El Libro de los Espiritus

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«Poco elevados. ¿Creéis que los espíritus superiores se divierten en tales cosas?»

482. ¿Cómo puede desarrollarse súbitamente en toda una población el estado anormal de los convulsionarios y crisíacos?

«Efecto simpático. Las disposiciones morales se comunican muy fácilmente en ciertos casos. No eres tan extraño a los efectos magnéticos para no comprender esto, y la parte que ciertos espíritus deben tomar en ello por simpatía hacia los que los provocan». Entre las raras facultades que se observan en los convulsionarios, se reconocen sin trabajo algunas de que ofrecen numerosos ejemplos el sonambulismo y el magnetismo: tales son, entre otras, la

insensibilidad física, el conocimiento del pensamiento, la transmisión simpática de los dolores, etc. No

puede, pues, dudarse de que esos crisíacos estén en una especie de estado de sonambulismo

despierto, provocado por la influencia que ejercen los unos en los otros.

Son a la vez magnetizadores y

magnetizados a pesar suyo.

483. ¿Cuál es la causa de la insensibilidad física que se nota en ciertos convulsionarios, o en otras personas sujetas a los más rudos tormentos?

«En algunos es un efecto exclusivamente magnético que obra sobre el sistema nervioso del mismo modo que ciertas sustancias. En otros la exaltación del pensamiento embota la sensibilidad; porque parece que la vida se ha retirado del cuerpo para reconcentrarse en el espíritu. ¿No sabéis que cuando el espíritu se ocupa atentamente de algo, el cuerpo no ve, ni siente, ni oye nada?» La exaltación fanática y el entusiasmo ofrecen a menudo en los suplicios, el ejemplo de una calma y sangre fría que no podrían sobreponerse a un dolor agudo, si no se admitiese que la sensibilidad se

encuentra neutralizada por una especie de afecto anestésico. Sabido es que en el ardor del combate no

se apercibe uno con frecuencia de una herida grave, al paso que, en circunstancias ordinarias, un

rasguño haría temblar.

Puesto que estos fenómenos dependen de una causa física y de la acción de ciertos espíritus, puede

preguntarse de que ha dependido que la autoridad los haya hecho cesar en ciertos casos. La razón es

obvia. La acción de los espíritus en este caso no es más que secundaría, y se reduce a aprovecharse de

una disposición natural. La autoridad no ha suprimido esta última, sino la causa que la sostenía y

exaltaba; de activa que era, la ha hecho latente, y razón ha tenido para proceder así; porque originaba

abuso y escándalo. Por lo demás. se sabe que semejante intervención es impotente cuando la acción de

los espíritus es directa y espontánea.

AFECTO DE LOS ESPÍRITUS HACIA CIERTAS PERSONAS

484. ¿Los espíritus aman preferentemente a ciertas personas? «Los espíritus buenos simpatizan con los hombres de bien o susceptibles de mejorarse; los espíritus inferiores con los hombres viciosos o que pueden llegar a serlo, y de aquí su adhesión resultado de la semejanza de sensaciones».

485. ¿El afecto de los espíritus hacia ciertas personas es exclusivamente moral? «El afecto verdadero no es nada carnal; pero cuando un espíritu se aficiona a una persona. no siempre es por afecto, y alguna parte puede tomar en ello un recuerdo de las pasiones humanas». 486. ¿Los espíritus participan de nuestras desgracias y prosperidades? ¿Los que nos aprecian se afligen por los males que experimentamos durante la vida? «Los espíritus buenos hacen todo el bien posible y gozan de todas vuestras alegrías. Se afligen por vuestros males, cuando no los soportáis con resignación; porque entonces no os producen resultado, pues venís a ser como el enfermo que rehúsa por amarga la poción que ha de salvarle». 487. ¿Cuáles de nuestros males afligen más a los espíritus, los físicos o los morales? «Vuestro egoísmo y vuestra dureza de corazón, pues de ahí se origina todo. Se ríen de todos esos males imaginarios que nacen del orgullo y de la ambición, y se regocijan por los que han de abreviar vuestro periodo de prueba».

Sabiendo los espíritus que no es más que transitoria la vida corporal, y que las tribulaciones que la

acompañan son medios para llegar a mejor estado, deploran más las causas morales que de éste nos

alejan, que los males físicos que sólo son pasajeros.

Los espíritus se cuidan poco de las desgracias que afectan únicamente a nuestras ideas mundanas,

como nosotros de los pesares pueriles de la infancia.

El espíritu que ve en las aflicciones de la vida un medio para nuestro progreso, las considera como la

crisis momentánea que ha de salvar al enfermo. Compadece nuestros sufrimientos como nosotros los

de un amigo; pero mirando las cosas desde más exacto punto de vista, las aprecia de distinto modo que

nosotros, y mientras los buenos nos reaniman en sentido propicio a nuestro porvenir, los otros, para

comprometerlo, nos excitan a la desesperación.

488. Nuestros amigos y parientes muertos antes que nosotros, ¿nos tienen más simpatías que los espíritus que nos son extraños?

«Sin duda, y con frecuencia Os protegen como espíritus, con arreglo a su poder». -¿Son sensibles al afecto que aún les conservamos?

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Un respiro entre páginas.

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