CAPÍTULO 67
El Libro de los Espiritus
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395. ¿Podemos tener revelaciones sobre nuestras existencias anteriores?
«No siempre. Muchos saben, sin embargo, lo que eran y lo que hacían, y si les fuera permitido decirlo públicamente, harían extrañas revelaciones acerca del pasado». 396. Ciertas personas creen tener un vago recuerdo de un pasado desconocido, que se les presenta como la imagen fugitiva de un sueño, que en vano se procura precisar. Esta idea, ¿no es más que una ilusión? «A veces es real; pero a menudo es una ilusión contra la cual es preciso prevenirse; porque puede ser efecto de una imaginación sobreexcitada».
397. En las existencias corporales de naturaleza más elevada que la nuestra,
¿el recuerdo de las existencias anteriores es más claro?
«Sí; pues a medida que el cuerpo es menos material se recuerda mejor. El recuerdo del pasado es más claro para los que habitan en mundos de orden superior». 398. Siendo una reminiscencia del pasado las tendencias instintivas del hombre, ¿se deduce que por medio del estudio de esas tendencias, puede conocer las faltas que ha cometido? «Indudablemente hasta cierto punto; pero es preciso tener en cuenta el mejoramiento que ha podido operarse en el espíritu, y las resoluciones que ha tomado en estado errante, pues la existencia actual puede ser mucho mejor que la precedente».
-¿Puede ser más mala, es decir, puede cometer el hombre en una existencia faltas que no ha cometido en la precedente?
«Depende de su adelanto. Si no sabe resistir las pruebas, puede ser arrastrado a nuevas faltas que son consecuencia de la posición que ha elegido; pero en general semejantes faltas acusan un estado antes estacionario que retrógrado; porque el espíritu puede adelantar o detenerse, pero no retroceder». 399. Siendo las vicisitudes de la vida corporal una expiación de las faltas pasadas y a la vez pruebas para el porvenir, ¿se deduce que de la naturaleza de las vicisitudes puede inducirse el género de la existencia anterior? «Con mucha frecuencia, puesto que cada uno es castigado por donde ha pecado. Sin embargo, no debe admitirse el principio como regla absoluta. Las tendencias instintivas son un indicio más cierto; porque las pruebas que sufre el espíritu son tanto para el porvenir, como para el pasado». Llegado el término que señaló la Providencia a la vida errante, el espíritu elige por si mismo las pruebas a que quiere someterse para apresurar su adelanto, es decir, el género
de vida que cree que mejor le proporcionará los medios conducentes, pruebas que siempre guardan proporción con las faltas que
debe expiar. Si triunfa de ellas, se eleva, si sucumbe, le toca volver a empezar.
El espíritu goza siempre de su libre albedrío, y en virtud de esta libertad elige en estado de espíritu las
pruebas de la vida corporal, y en el de encarnación, delibera si hará o dejará de hacer, y escoge entre el
bien y el mal. Negar al hombre el libre albedrío, equivaldría a reducirle a una máquina.
Vuelto a la vida corporal, el espíritu pierde momentáneamente el recuerdo de sus existencias anteriores,
como si se las ocultase un velo. A veces tiene empero. una conciencia vaga, y hasta pueden
serle reveladas en ciertas circunstancias; pero sólo por voluntad de los espíritus superiores que lo
hacen espontáneamente, con un fin útil, y nunca para satisfacer vanas curiosidades.
En ningún caso pueden ser reveladas las existencias futuras; porque dependen del modo cómo se viva
la existencia presente, y de la elección ulterior del espíritu.
El olvido de las faltas cometidas no es un obstáculo al mejoramiento del espíritu; porque, si no tiene un
recuerdo exacto, el conocimiento que de ellas tenía en estado errante y el deseo que ha concebido de
repararlas, le guían por medio de la intuición y le sugieren el pensamiento de resistir al mal. Este
pensamiento es la voz de la conciencia, secundada por los espíritus que le asisten, sI escucha las
buenas inspiraciones que le sugieren.
Si el hombre no conoce los mismos actos que realizó en sus anteriores existencias, puede saber
siempre la clase de faltas de que se hizo culpable y cuál era su carácter dominante. Bástale estudiarse a
si mismo, y puede juzgar de quien ha sido no por ser quien es, sino por
sus tendencias.
Las vicisitudes de la vida corporal son a la vez una expiación de las faltas pasadas y pruebas para el
porvenir. Nos purifican y nos elevan, si las sufrimos con resignación y sin quejarnos.
La naturaleza de las vicisitudes y de las pruebas que sufrimos puede ilustrarnos también acerca de lo
que hemos sido y de lo que hemos hecho, como en la tierra juzgamos los actos del culpable por el
castigo que le impone la ley. Así, pues, tal será castigado en su orgullo por la humillación de una
existencia subalterna; el mal rico y el avaro por la miseria, el que ha sido duro para con los otros por las
durezas que sufrirá; el tirano, por la esclavitud; el hilo malo por la ingratitud de sus hijos; el perezoso,
por el trabajo obligatorio, etcétera.
CAPÍTULO VIII
EMANCIPACIÓN DEL ALMA
El dormir y los sueños. - Visitas espiritistas entre personas vivas. -
Transmisión oculta
del pensamiento. - Letargo, catalepsia, muertes aparentes. -
Sonambulismo. - Éxtasis.
- Doble vista. - Resumen teórico del sonambulismo, del éxtasis y de la doble vista