CAPÍTULO 55
El Libro de los Espiritus
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razón, pues, se admiran algunos de que el espíritu no dé la preferencia a la existencia más placentera.
En su estado de imperfección no puede gozar de la vida exenta de amarguras; la entrevé, y para
conseguirla, procura mejorarse.
¿Acaso no se ofrecen todos los días a nuestros ojos ejemplos de lecciones semejantes? El hombre que
trabaja una parte del día sin tregua ni descanso para procurarse el bienestar, ¿no se impone una tarea
con la mira de buscar mejor porvenir? El militar que se ofrece para una misión peligrosa, y el viajero
que desafía peligros no menores, en interés de la ciencia o de su fortuna, ¿qué hacen sino aceptar
pruebas voluntarias que han de redundarles en honra y provecho, sI de ellas salen salvos? ¿A qué no
se somete y expone el hombre por interés o gloria? Todos los certámenes ¿no son acaso pruebas
voluntarias a que nos sometemos con la mira de elevarnos en la profesión que hemos elegido? No se
llega a una posición social trascendental cualquiera en las ciencias, en las artes y en la industria, sino
pasando por la serie de posiciones inferiores que son otras tantas pruebas. La vida humana está
calcada sobre la espiritual, pues encontramos en aquélla, aunque en pequeño, las mismas vicisitudes
de ésta. Luego, si en la vida elegimos con frecuencia las más rudas pruebas con la mira de lograr un fin
más elevado, ¿por qué el espíritu, que ve más que el cuerpo y para quien la vida corporal no es más que
un incidente fugitivo, no ha de elegir una existencia penosa y laboriosa, si le conduce a una felicidad
eterna? Los que dicen que sI los hombres eligen la existencia pedirán ser príncipes o millonarios, son
como los miopes que sólo ven lo que tocan, o como aquellos niños glotones que, al ser preguntados
acerca de la profesión que más les gusta, responden: pastelero o
confitero.
Un viajero que se encuentra en medio de un valle oscurecido por la bruma, no ve ni la anchura, ni los
extremos del camino, pero llega a la cumbre del monte, descubre el que ha recorrido y el que aún le
falta recorrer, distingue el fin y los obstáculos que todavía le restan por vencer, y puede combinar con
más seguridad entonces los medios de llegar al final. El espíritu encarnado está como el viajero que se
encuentra al pie del monte; pero desprendido de los lazos terrestres, domina las cosas como el que ha
llegado a la cima. El fin del viajero es el descanso después del cansancio; el del espíritu, la dicha
suprema después de las tribulaciones y pruebas.
Todos los espíritus dicen que en estado errante inquieren, estudian y observan para elegir. ¿No
tenemos ejemplo de este hecho en la vida material? ¿No buscamos a menudo durante muchos anos la
carrera que libremente elegimos, porque la creemos más propicia a nuestro propósito? Si salimos mal a
una, buscamos otra, y cada carrera que abrazamos es una fase, un período de la vida. ¿No empleamos
el día en buscar lo que haremos mañana? ¿Y qué son las diferentes existencias corporales par el
espíritu, sino etapas, períodos, días de su vida espiritista, que, como ya sabemos, es la normal, no
siendo la corporal más que transitoria y pasajera?
267. ¿Podría el espíritu hacer la elección durante el estado corporal? «Puede influir en ella el deseo, lo que depende de la intención; pero en estado de espíritu ve con frecuencia las cosas de muy diferente modo. Sólo el espíritu hace la elección; pero, lo repetimos, puede hacerla en esta vida material; porque el espíritu tiene siempre momentos en que es independiente de la materia que habita», -Muchas personas desean la grandeza y la riqueza, y ciertamente no lo hacen ni como expiación, ni como prueba.
«Sin duda la materia es la que desea la grandeza para disfrutarla, y el espíritu para conocer sus vicisitudes». 268. ¿Sufre el espíritu
constantemente pruebas, hasta llegar al estado de pureza perfecta? «Sí, pero no son como las comprendéis vosotros, que llamáis pruebas a las tribulaciones materiales. El espíritu, cuando llega a cierto grado, sin ser perfecto aún, deja de sufrir; pero siempre tiene deberes que le ayudan a perfeccionarse y que no le son nada penosos, pues a falta de otros, tendría el de ayudar a sus semejantes a perfeccionarse».
269. ¿Puede equivocarse el espíritu acerca de la eficacia de la prueba que elige? «Puede escoger una superior a sus fuerzas, y entonces sucumbe, y puede también elegir una que no le aproveche, como, por ejemplo, un género de vida ocioso e inútil; pero vuelto al mundo de los espíritus, conoce que nada ha ganado, y solicita reparar el tiempo perdido». 270. ¿De qué depende la vocación de ciertas personas a la voluntad de preferir una carrera a otra? «Me parece que vosotros mismos podéis contestaros la pregunta. ¿Acaso no es consecuencia eso que preguntáis de todo lo que hemos dicho sobre la elección de las pruebas, y del progreso realizado en una existencia anterior?»
271. Estudiando el espíritu, en estado errante, las diversas condiciones con que podrá progresar, ¿cómo cree poderlo hacer naciendo, por ejemplo, entre caníbales? «Los espíritus adelantados no nacen entre caníbales, sino los de la misma naturaleza que éstos, o que les son inferiores».
Sabemos que nuestros antropófagos no están en el grado más bajo de la escala, y que hay mundos
donde el embrutecimiento y la ferocidad no tienen análogos en la Tierra. Semejantes espíritus son,
pues, inferiores a los más inferiores de nuestro mundo, y el nacer entre nuestros salvajes es un
progreso para ellos, como lo seria para nuestros antropófagos el desempeñar aquellos oficios que
consisten en derramar sangre. Si no tienen más altas miras, es por su Inferioridad moral, que no les
permite comprender más completo progreso. Sólo gradualmente puede avanzar el espíritu, y no puede