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El Libro de los EspiritusAllan Kardec

CAPÍTULO 49

El Libro de los Espiritus

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completamente desprendido de ellas, y sólo en ciertos momentos entrevé la verdad, como para enseñarle el

buen camino».

230. ¿ Progresa el espíritu en estado errante? «Puede mejorarse mucho, siempre según su voluntad y su deseo; pero en la existencia corporal es donde practica las nuevas ideas que ha adquirido». 231. ¿Son felices o desgraciados los espíritus errantes? «Más o menos, según su mérito. Sufren las consecuencias de las pasiones cuyo principio han conservado, o bien son felices según están más o menos desmaterializados. En estado errante, el espíritu entrevé lo que le falta para ser más dichoso, y entonces busca los medios para conseguirlo; pero no siempre le es permitido reencarnarse a su gusto, lo que entonces constituye un castigo». 232. En estado errante,

¿pueden los espíritus ir a todos los mundos? «Según y cómo. Separado el espíritu del cuerpo. no está por ello completamente desprendido de la materia, y pertenece aún al mundo en que ha vivido, o a otro del mismo grado, a menos que, durante la vida, se haya elevado, y este es el fin a que debe dirigirse, pues sin él no se perfeccionaría nunca. Puede, sin embargo, ir a ciertos mundos superiores; pero estará en ellos como un extraño. Por decirlo así, no hace más que entreverlos, lo que le despierta el deseo de mejorarse, para ser digno de la felicidad que en ellos se goza y poder habitarlos más tarde».

233. ¿Los espíritus purificados vienen a los mundos inferiores? «Vienen a menudo para ayudarles a progresar, pues, a no ser así, semejantes mundos estarían abandonados a si mismos, sin guías que los dirigiese».

MUNDOS TRANSITORIOS

234. ¿Existen, como se ha dicho, mundos que sirven a los espíritus errantes de estaciones y lugares de reposo?

«Sí; hay mundos particularmente consagrados a los seres errantes, mundos en que pueden habitar temporalmente, especies de vivaques o campamentos para descansar de una prolongada erraticidad, que siempre es algo penosa.

Son posiciones intermedias entre los otros mundos, graduadas según la naturaleza de los espíritus que pueden ir a ellas, los cuales gozan de mayor o menor bienestar». -Los espíritus que habitan en esos mundos, ¿pueden dejarlos a su antojo? «Sí, los espíritus que están en esos mundos pueden separarse de ellos para ir a donde deben dirigirse. Imaginadlos como aves de paso que se detienen en una isla, esperando recobrar fuerzas para

dirigirse al término de su viaje».

235. ¿Progresan los espíritus durante su permanencia en los mundos transitorios? «Indudablemente, pues los que de tal modo se reúnen lo hacen con objeto de instruirse y de poder obtener más fácilmente permiso para trasladarse a mejores lugares, y llegar a la posición de los elegidos». 236.

¿Los mundos transitorios están por su naturaleza especial perpetuamente consagrados a los espíritus errantes?

«No; su posición es temporal únicamente». -¿Están habitados al mismo tiempo. por seres corporales? «No: pues su superficie es estéril. Los que los habitan no sienten necesidades». -¿Esta esterilidad es permanente y procede de su naturaleza especial? «No; son estériles por transición».

-¿Esos mundos deben, pues, carecer de bellezas naturales? «La naturaleza se traduce en las bellezas de la inmensidad, que no son menos admirables que las que llamáis naturales».

-Puesto que el estado de estos mundos es transitorio, ¿pertenecerá el nuestro algún día a ellos? «Ha pertenecido ya».

-¿En qué época?

«Durante su formación».

Nada hay inútil en la naturaleza; todo tiene su objeto y su destino: nada está desocupado; todo está

habitado, y en todas partes reina la vida. Así pues, durante la larga serie de siglos que transcurrieron,

antes de que apareciese el hombre en la tierra, durante aquellos lentos períodos de transición,

atestiguados por las capas geológicas. antes aun de la formación de los primeros seres orgánicos, no

faltaba vida en aquella masa informe, en aquel árido caos donde estaban confundidos los elementos,

pues en él encontraban refugio seres que no tenían ni nuestras necesidades, ni nuestras sensaciones

físicas. Dios quiso que aun en semejante estado de imperfección, sirviese para algo. ¿Quién, pues, se

atreverá a decir que, entre esos miles de mundos que circulan por la inmensidad, tiene el privilegio de

estar habitado uno solo, uno de los más pequeños, confundido con la multitud? ¿Cuál sería la utilidad

de los otros?

¿Habríalos creado Dios sólo para recreo de nuestros ojos? suposición absurda, incompatible con la

sabiduría que en todas sus obras se revela, e inadmisible, cuando se consideran todos los que no

podemos distinguir. Nadie negará que en la idea de que existen mundos impropios todavía para la vida

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Un respiro entre páginas.

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