CAPÍTULO 40
El Libro de los Espiritus
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«Los espíritus puros habitan en ciertos mundos, pero no están confinados en ellos como los hombres en la
tierra, y más fácilmente que los otros pueden estar en todas partes».7
TRANSMIGRACIÓN PROGRESIVA
189. Desde el principio de su formación, ¿goza el espíritu de la plenitud de sus facultades? «No; porque el espíritu, como el hombre, tiene también su infancia. En su origen, no tienen los espíritus más que una existencia instintiva, y apenas tienen conciencia de sí mismos y de sus actos. Sólo poco a poco se desarrolla la inteligencia».
190. ¿Cuál es el estado del alma en su primera encarnación? «El estado de infancia en la vida corporal, y apenas se desarrolla su inteligencia; se ensaya en la vid a ». 191. ¿Las almas de nuestros salvajes son almas en estado de infancia? «Infancia relativa; pero son almas desarrolladas ya, pues tienen pasiones». -¿Las pasiones son, pues, una señal de desarrollo? «De desarrollo, sí; pero no de perfección. Son una señal de actividad y de conocimiento del yo mientras que en el alma primitiva la inteligencia y la vida están en germen».
La vida del espíritu recorre en conjunto las mismas fases de la vida corporal. Pasa gradualmente del
estado de embrión al de infancia, para llegar por una serie de períodos al de adulto, que es el de la
perfección; pero con la diferencia de que no tiene decaimiento y decrepitud como en la vida corporal;
que su vida, que tiene principio, no tendrá fin; que necesita un tiempo inmenso, a nuestro modo de ver,
para pasar de la infancia espiritista al desarrollo completo, y que realiza su progreso no en una sola
esfera, sino pasando por diversos mundos. La vida del espíritu se compone, pues, de una serie de
existencias corporales, cada una de las cuales le es ocasión de progreso, como cada existencia
corporal se compone de una serie de días, en cada uno de los cuales acrecienta el hombre su
experiencia e instrucción. Pero del mismo modo que en la vida del hombre hay días infructuosos, en la
del espíritu hay existencias corporales que no producen resultado; porque no ha sabido aprovecharlas.
192. ¿Se puede desde esta vida, observando una conducta perfecta.
franquear todos los grados y llegar a ser espíritu puro, sin pasar por otros intermediarios? «No; porque lo que el hombre cree perfecto está muy lejos de la perfección, y hay cualidades que le son desconocidas y no puede comprender. Puede ser tan perfecto como lo permita su naturaleza terrestre; pero ésta no es la perfección absoluta. Así como el niño, por mucha que sea su precocidad, ha de pasar por la
7 Según los espíritus, entre todos los globos que componen nuestro sistema planetario, la Tierra es uno de aquellos cuyos habitantes están menos adelantados física y moralmente, Marte es inferior, y Júpiter mucho más
superior en todos conceptos. El Sol no es un mundo habitado por seres corporales, sino un punto de reunión de
los espíritus superiores, que desde allí irradian por medio del pensamiento a los otros mundos que dirigen por mediación de espíritus menos elevados, con los cuales comunican merced al fluido universal. Como constitución
física, el Sol es un foco de electricidad. Parece que todos los soles se encuentran en posición idéntica.
El volumen y distancia que separa a los planetas del Sol no tienen ninguna relación necesaria con el grado de
adelanto de los mundos, puesto que parece que Venus está más adelantado que la Tierra, y Saturno menos que
Júpiter.
Muchos espíritus que han animado a personas conocidas en la Tierra, han dicho que estaban reencarnadas en
Júpiter, uno de los mundos más próximos a la perfección, y ha podido causar admiración ver en este mundo tan
adelantado a hombres que la opinión en la Tierra no conceptuaba dignos de tanto.
Nada debe sorprender esto, si se considera que ciertos espíritus que habitan en este planeta, pudieron ser
enviados a la Tierra para desempeñar una misión, que a nuestros ojos no les hacia dignos del primer puesto. En
segundo lugar, entre su existencia terrestre y la que viven en Júpiter.
pueden haber vivido otras intermediarias,
durante las cuales se hayan mejorado; y en tercer lugar, en este mundo, como en el nuestro, hay diferentes grados
de desenvolvimiento, entre los cuales puede haber la distancia que separa entre nosotros al salvaje del hombre
civilizado. Así, pues, del hecho de habitar en Júpiter, no se sigue que ha de estarse al nivel de los seres más
adelantados, del mismo modo que no por vivir en Paris se ha de estar a la altura de uno de los sabios del Instituto.
Las condiciones de longevidad tampoco son las mismas en todas partes que en la Tierra, y la edad no puede
compararse. Una persona que había muerto hacia algunos años, fue evocada, y dijo que estaba encarnada hacia
ya seis meses, en un mundo cuyo nombre nos es desconocido.
Preguntada acerca de la edad que en aquel mundo tenía contestó: «No puedo precisarla; porque no contamos como vosotros; además. el modo de vivir no es el
mismo, pues aquí nos desarrollamos mucho más pronto, y sin embargo, aunque sólo hace seis de vuestros meses
que me encuentro en este mundo, puedo decir, que, en punto a inteligencia, tengo treinta años de la edad que contaba en la Tierra».
Muchas respuestas análogas han sido dadas por otros espíritus, y esto no es nada Inverosímil. ¿No vemos en la
Tierra que una multitud de animales llegan en pocos meses a su desarrollo normal? ¿Por qué no ha de suceder lo mismo con el hombre en otras esferas? Obsérvese, por otra parte, que el desarrollo a que llega el hombre en la
Tierra a la edad de treinta años, no pasa quizá de ser una especie de infancia, comparado con el que está llamado
a alcanzar. Se necesita ser muy miope de inteligencia para tomarnos en todo por tipos de la creación, y se rebaja
mucho a la Divinidad. creyendo que, fuera de nosotros, nada hay que le sea posible.