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El Libro de los EspiritusAllan Kardec

CAPÍTULO 136

El Libro de los Espiritus

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imaginaciones, podrán engrosar el número de los incrédulos. La teología reconoce hoy que la palabra

fuego se emplea figuradamente y debe entenderse de un fuego moral (974) Los que, como nosotros, han seguido las peripecias de la vida y sufrimientos de ultratumba, por medio

de las comunicaciones espiritistas, han podido convencerse de que, aunque no son nada materiales, no

dejan de ser menos agudos. Bajo el mismo punto de vista de su duración ciertos teólogos empiezan a

admitirías en el sentido restrictivo más arriba expresado y creen que, en efecto, la palabra eterno puede

entenderse de las penas en si mismas, como consecuencias de una ley inmutable, y no de su aplicación

a cada individuo. El día en que la religión admita esta interpretación, como otras que son también

consecuencia del progreso de las luces, se atraerá muchas ovejas descarriadas.

RESURRECCIÓN DE LA CARNE

1010. El dogma de la resurrección de la carne, ¿es la consagración del de la reencarnación enseñado por los espíritus?

«¿Cómo queréis que no sea así? Sucede con esas palabras lo que con muchas otras, y es que sólo parecen absurdas a ciertas personas, porque se las toma literalmente, y por semejante razón engendran la incredulidad.

Pero dadles una interpretación lógica, y aquellos a quienes llamáis libres pensadores las admitirán sin dificultad, por lo mismo que reflexionan; porque, no lo dudéis, esos libres pensadores no desean otra cosa que creer.

Tienen como los demás, acaso más, sed del porvenir, pero no pueden admitir lo que la ciencia rechaza. La doctrina de la pluralidad de existencias es conforme a la justicia de Dios; sólo ella puede explicar lo que es inexplicable sin ella. ¿Cómo queréis, pues, que ese principio no esté consignado en la misma religión?» -¿Así, pues, la misma Iglesia con el dogma de la resurrección de la carne, enseña la doctrina de la reencarnación?

«Evidentemente. Por otra parte, esa doctrina es consecuencia de muchas

cosas que han pasado desapercibidas, y que, dentro de poco, serán comprendidas en este sentido. No tardará mucho en reconocerse que el espiritismo salta a cada paso del texto mismo de las Escrituras sagradas.

Los espíritus no vienen, pues, a destruir la religión, como pretenden algunos; vienen, por el contrario, a confirmarla, a sancionarla con irrecusables pruebas. Mas como ha llegado el tiempo de no usar ya el lenguaje figurado, se expresan sin alegorías, y dan a las cosas un sentido claro y preciso que no pueda ser objeto de ninguna falsa interpretación. He aquí por qué, dentro de poco, tendréis gentes más sinceramente religiosas y creyentes que no tenéis hoy. SAN LUIS».

En efecto, la ciencia demuestra la imposibilidad de la resurrección según la idea vulgar. Si los restos del

cuerpo humano continuasen siendo homogéneos, aunque fuesen dispersados y reducidos a polvo, aún

se concebiría su reunión en un tiempo dado; pero no pasan así las cosas. El cuerpo está formado de

elementos diversos: oxígeno, hidrógeno, ázoe, carbono, etcétera; por medio de la descomposición

estos elementos se dispersan, pero para servir a la formación de nuevos cuerpos, de modo, que la

misma molécula de carbono, por ejemplo, habrá entrado en la composición de muchos miles de

cuerpos diferentes (hablamos tan sólo de los humanos, sin contar todos los de los animales); que tal

individuo tiene quizá en su cuerpo moléculas que pertenecieron a los hombres de las edades primitivas;

que las mismas moléculas orgánicas que absorbéis en los alimentos, provienen quizá del cuerpo de

algún individuo a quien habéis conocido, y así sucesivamente. Siendo definida la cantidad de la materia,

e indefinidas sus transformaciones, ¿cómo cada uno de esos cuerpos podrán reconstituirse con los

mismos elementos? Esto envuelve una imposibilidad material. No puede, pues, admitirse racionalmente

la resurrección de la carne más que como una figura que simbolice el fenómeno de la reencarnación y

entonces nada en ella repugna a la razón, nada que esté en contradicción con los datos de la ciencia.

Verdad es que según el dogma, la resurrección no ha de verificarse hasta el fin de los tiempos, mientras

que según la doctrina espiritista tiene lugar cada día; pero ese cuadro del juicio final ¿no es también

una grande y bella figura que oculta, bajo el velo de la alegoría, una de esas verdades inmutables, para

la que no existirán escépticos cuando sea explicada en su verdadero sentido? Medítese bien la teoría

espiritista sobre el porvenir de las almas, y sobre su muerte a consecuencia de las diferentes pruebas

que han de sufrir, y se verá que, exceptuando la simultaneidad, el juicio que las condena o absuelve no

es una ficción como creen los incrédulos. Observemos también que es consecuencia natural de la

pluralidad de mundos, hoy completamente admitida, al paso que, según la doctrina del juicio final, la

Tierra es el único mundo que se juzga habitado.

PARAÍSO, INFIERNO Y PURGATORIO

1011. ¿Existe en el universo un lugar circunscrito afecto a las penas y goces de los espíritus, según sus méritos?

«Ya hemos contestado a esta pregunta. Las penas y los goces son inherentes al grado de perfección de los espíritus; cada uno toma de sí mismo el principio de su propia felicidad o desgracia; y como están por todas partes, ningún lugar circunscrito y cerrado está afecto a uno con preferencia a otro.

En cuanto a los espíritus

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Un respiro entre páginas.

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