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El Libro de los EspiritusAllan Kardec

CAPÍTULO 126

El Libro de los Espiritus

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legítimas causas de dolor. Con el espiritismo cesan la soledad y el abandono, y el hombre más aislado

tiene siempre amigos a su lado con quienes puede hablar.

Sufrimos con impaciencia las tribulaciones le la vida; nos parecen tan insoportables, que no

comprendemos que podamos sobrellevarías; y sin embargo, si las hemos sufrido con valor, si hemos

sabido acallar nuestras murmuraciones, nos felicitaremos de ello cuando estemos fuera de esta prisión

terrestre, como el paciente que sufre se felicita, después de curado, de haberse resignado a un

tratamiento doloroso.

DESENGAÑOS. INGRATITUD. AFECTOS CONTRARIADOS

937. Los desengaños que nos hacen experimentar la ingratitud y la fragilidad de los lazos de la amistad, ¿no son también para el hombre de corazón origen de amargura? «Sí; pero os enseñamos a compadecer a los ingratos y a los amigos infieles, que serán más desgraciados que vosotros.

La ingratitud es hija del egoísmo, y el egoísta encontrará más tarde corazones insensibles como lo fue él. Pensad en todos aquellos que han hecho más bien que vosotros, que valían más y a quienes se ha pagado con ingratitud. Pensad que el mismo Jesús fue escarnecido y despreciado durante su vida, tratado de embaucador y de impostor, y no os admiréis de que os suceda lo mismo. Sea vuestra recompensa en el mundo el bien que habéis hecho, y no miréis lo que dicen aquellos que lo han recibido. La ingratitud es una prueba de vuestra persistencia en hacer bien, os será tomada en cuenta, y los que os han desconocido serán tanto más castigados cuanto más grande haya sido su ingratitud». 938. Los desengaños causados por la ingratitud, ¿no están destinados a endurecer el corazón y a cerrarlo a la sensibilidad?

«Eso seria un error; porque el hombre de corazón, como tú dices, es feliz siempre por el bien que hace. Sabe que, si no se recuerda en esta vida, se recordará en otra, y que el ingrato se avergonzará y tendrá remordimientos».

-Esta idea no impide que tenga lacerado el corazón. ¿No puede esto

inspirarle la de que sería más feliz, si fuese menos sensible?

«Sí, si prefiere la felicidad del egoísta: ¡triste felicidad! Que sepa, pues, que los amigos ingratos que le abandonan no son dignos de su amistad, y que se ha equivocado en la elección. Por lo tanto, no debe echarlos de menos. Más tarde encontrará otros que sabrán comprender mejor. Compadeced a los que tienen para con vosotros el mal comportamiento que no merecéis, porque tendrán su triste recompensa; pero no os afectéis; este es el medio de sobreponeros a ellos». La naturaleza ha dado al hombre la necesidad de amar y ser amado. Uno de los mayores goces que en la tierra se le conceden, es el de encontrar corazones que simpaticen con el suyo, goce que le da las

primicias de la dicha que le esta reservada en el mundo de los espíritus perfectos, donde todo es amor y

benevolencia. Semejante goce es rehusado al egoísta.

UNIONES ANTIPÁTICAS

939. Puesto que los espíritus simpáticos son inducidos a unirse, ¿a qué se debe que, entre los espíritus encarnados, el afecto es a menudo unilateral, y que el amor más sincero sea acogido con Indiferencia y aun repelido, a qué se debe, por otra parte. que el afecto más vivo entre dos seres puede trocarse en antipatía y en odio a veces?

«¿No comprendes que, aunque pasajero, ese es un castigo? Además,

¡cuántos hay que creen amar desatinadamente, porque sólo juzgan por las apariencias, y cuando se ven precisados a vivir con las personas, no tardan en conocer que no pasa de ser una manía material! No basta estar prendado de una persona que os gusta y a quien creéis de buenas cualidades, pues sólo viviendo realmente con ella podréis apreciarla. ¡Cuántos enlaces no hay también que, al principio, parecía que nunca llegarían a ser simpáticos, y que, cuando el uno y el Otro se han conocido y estudiado bien, acaban por profesarse un amor tierno y duradero, porque está basado en la estimación!

Es preciso no olvidar que es el espíritu quien ama, no el cuerpo, y que cuando se ha disipado la ilusión material, el espíritu ve la realidad. »Hay dos clases de afecto; el del cuerpo y el del alma, y a menudo se toma el uno por el otro. Cuando el afecto del alma es puro y simpático, es duradero; el del cuerpo es perecedero. He ahí por qué los que creían profesarse amor eterno se odian, concluida la ilusión». 940. La falta de simpatía entre los

seres destinados a vivir juntos, ¿no es también origen de pesares tanto más amargos en cuanto envenenan toda la existencia? «Muy amargos, en efecto, pero esta es una de esas desgracias cuya primitiva causa sois a menudo vosotros mismos. Además, las culpables son vuestras leyes, porque, ¿crees tú que Dios te obliga a estar con los que te desagradan? Y luego, en esos enlaces, a menudo buscáis más la satisfacción de vuestro orgullo y ambición que la dicha de un mutuo afecto. Entonces sufrís las consecuencias de vuestras preocupaciones». -Pero en semejante caso, ¿no hay casi siempre una victima inocente? «Si, y para ella es una dura expiación; pero la responsabilidad de su desgracia caerá sobre los que han sido su causa. Si la luz de la verdad ha penetrado en su alma, hallará consuelo en su fe en el porvenir. Por lo demás, a 143

medida que desaparezcan las preocupaciones, las causas de esas desgracias privadas desaparecerán

también».

MIEDO A LA MUERTE

941. El miedo a la muerte es para muchas personas causa de perplejidad, ¿de dónde procede ese miedo, puesto que ante si tienen el porvenir? «Sin razón tienen ese miedo; pero qué quieres, se procura persuadirles durante la juventud, de que hay un infierno y un paraíso, pero que es más seguro que irán al infierno; porque se les dice que aquello que es natural, es un pecado mortal para el alma. Cuando llegan a grandes, si tienen algún raciocinio, no pueden admitir eso, y se hacen ateos o materialistas, y así es como se les induce a creer que, fuera de la vida presente, nada existe.

En cuanto a los que han persistido en sus creencias de la infancia, temen ese fuego eterno que ha de quemarlos sin destruirlos.

»La muerte no inspira al justo miedo alguno; porque con la fe tiene la certeza del porvenir; la esperanza le hace esperar mejor vida, y la caridad, cuya ley ha practicado, le da seguridad de que en el mundo en que va a entrar no encontrará ningún ser, cuya presencia haya de temer». (730) El hombre carnal, más apegado a la vida corporal que a la espiritual, tiene en la tierra penas y goces

materiales; su dicha consiste en la satisfacción fugaz de todos sus deseos. Su alma, constantemente

preocupada y afectada por las vicisitudes de la vida, está en una ansiedad y tormento perpetuo. La

muerte le horroriza; porque duda de su porvenir y porque deja en la tierra todos sus afectos y

esperanzas.

El hombre moral, que se ha sobrepuesto a las necesidades ficticias creadas por las pasiones, tiene

desde la tierra, goces desconocidos del hombre material. La moderación de sus deseos da a su espíritu

calma y serenidad. Dichoso por el bien que hace, no existen desengaños para él, y las contrariedades

pasan por su alma sin dejar en ella huella dolorosa.

942. ¿No encontrarán ciertas personas, algo banales estos consejos para ser

felices en la tierra; no verán en ellos lo que se llaman lugares comunes, verdades redichas, y no dirán que, en definitiva, el secreto para ser feliz es el de saber soportar su desgracia? «Los hay que dirán eso, y aún más; pero sucede con éstos lo que con ciertos enfermos a quien los médicos prescriben la dieta, quisieran curarse sin remedios y sin dejar de buscarse indigestiones».

HASTÍO DE LA VIDA. SUICIDIO

943. ¿De dónde procede el hastío de la vida que se apodera de ciertos individuos, sin motivos plausibles? «Efecto de la ociosidad, de la falta de fe, y a menudo de la saciedad. Para el que ejercita sus facultades con un objeto útil y según sus aptitudes naturales, el trabajo no tiene nada de árido, y la vida corre más rápidamente. Soporta las vicisitudes de su existencia con tanta más paciencia y resignación, en cuanto obra con la mira de la felicidad más sólida y duradera que le espera». 944. ¿Tiene el hombre derecho a disponer de su propia vida? «No; sólo Dios tiene ese derecho. El suicidio voluntario es una transgresión de la ley». -¿No es siempre voluntario el suicidio? «El loco que se mata no sabe lo que hace». 945.

¿Qué debe pensarse del suicidio que tiene por causa el hastío de la vida?

«¡Insensatos! ¿Por qué no trabajan? Así no les hubiera sido un peso la existencia». 946. ¿Qué debe pensarse del suicidio que tiene por objeto librarse de las miserias y desengaños de este mundo?

«¡Pobres espíritus que no tienen valor para soportar las miserias de la existencia! Dios ayuda a los que sufren, y no a los que no tienen fuerza ni valor. Las tribulaciones de la vida son pruebas o expiaciones; ¡dichosos los que la soportan sin murmurar, porque serán recompensados! ¡Desgraciados, por el contrario los que esperan su salvación de lo que, en su impiedad, llaman la casualidad o la fortuna! La casualidad o la fortuna, valiéndome de su lenguaje pueden. en efecto, favorecerles un instante; pero para hacerles sentir más tarde y más cruelmente la vaciedad de esas palabras».

-Los que han inducido al infeliz a ese acto de desesperación, ¿sufrirán las consecuencias? «¡Oh, desgraciados de ellos!, porque responderán de él como de un asesinato». 947. El hombre que lucha con la necesidad y que se deja morir de desesperación, ¿puede considerarse como suicida?

«Es suicida, pero los que causan su necesidad, o que podrían remediarla, son más culpables que él, y éste encontrará indulgencia. No creáis, sin embargo, que sea completamente absuelto, si ha carecido de firmeza y

perseverancia, si no ha hecho uso de toda su inteligencia para salir del atolladero. ¡Desgraciado de él sobre todo, si su desesperación nace del orgullo, quiero decir, si es uno de esos hombres en quienes el orgullo paraliza los recursos de la inteligencia, que se avergonzarían de deber la existencia al trabajo de sus manos, y que prefieren morirse de hambre antes de descender de lo que llaman su posición social! ¿No es cien veces más grande y más digno luchar con la adversidad, desafiar la crítica de un mundo fútil y egoísta que sólo tiene

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Un respiro entre páginas.

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