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El Libro de los EspiritusAllan Kardec

CAPÍTULO 125

El Libro de los Espiritus

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celoso se abrasan en constante fiebre. ¿Es esta una situación deseable, y no comprendéis que el hombre con

semejantes pasiones se crea suplicios voluntarios, viniendo a ser la tierra para él un verdadero infierno?» Muchas expresiones pintan enérgicamente los efectos de ciertas pasiones; se dice: estar hinchado de orgullo, morirse de envidia, secarse de celos o de ira, amargarse la bebida y la comida, etcétera, cuadro

harto verdadero. A veces los celos ni objeto determinado tienen. Hay gentes de natural celosas de todo

lo que prospera, de todo lo que sobresale de lo vulgar, aun cuando no tengan ningún interés directo,

sólo porque ellas no pueden llegar al mismo grado. Todo lo que sobresale en el horizonte las ofusca, y

si estuviesen en mayoría en la sociedad, querrían ponerlo todo a su nivel, Esos son los celos unidos a

la mediania.

Con frecuencia sólo es desgraciado el hombre por la importancia que da a las cosas del mundo. La

vanidad, la codicia y la ambición frustradas son las que causan su desgracia. Si se hace superior al

estrecho circulo de la vida material; si tiende sus miradas hacia el infinito, que es su destino, las

vicisitudes de la humanidad le parecen mezquinas y pueriles, como los pesares del niño que se aflige

por la pérdida de un juguete que constituía su suprema felicidad.

Aquel que no ve mas felicidad que en la satisfacción del orgullo y de los apetitos groseros, es

desgraciado cuando no puede satisfacerlos, al paso que el otro que nada superfluo desea es feliz en lo

que ven algunos calamidades.

Hablamos del hombre civilizado; porque teniendo el salvaje necesidades más limitadas, no tienen los

mismos objetos de codicia y angustia: su modo de ver las cosas es diferente. En estado de civilización,

el hombre razona su desgracia y la analiza; y por esto le afecta más, pero puede también razonar y

analizar los medios de consuelo. Este consuelo lo encuentra en el

sentimiento cristiano que le da

esperanza de un porvenir mejor, y en el espiritismo que le da certeza de

ese porvenir.

PÉRDIDA DE LAS PERSOÑAS QUERIDAS

93 4. La pérdida de las personas que nos son queridas, ¿no es una de esas que nos causan un pesar tanto más legítimo en cuanto a esa pérdida es irreparable e independiente de nuestra voluntad? «Esta causa de pesar alcanza así al rico, como al pobre; es una prueba o una expiación, es la ley común. Pero es un consuelo poder comunicar con vuestros amigos por los medios que tenéis, hasta tanto que tengáis otros más directos y más accesibles a vuestros sentidos».

935. ¿Qué debe pensarse de las personas que miran las comunicaciones de ultratumba como una profanación?

«No puede existir profanación cuando hay recogimiento, y cuando se hace la evocación con respeto y dignamente. Y es prueba de ello que los espíritus que os aprecian vienen con placer; son felices a consecuencia de vuestro recuerdo y hablando con vosotros. Profanación habría, haciéndolo con ligereza». La posibilidad de establecer comunicación con los espíritus es muy grato consuelo, puesto que nos

proporciona el medio de hablar con nuestros parientes y amigos, que han dejado la tierra antes que

nosotros. Con la evocación los aproximamos a nosotros; están a nuestro lado, nos oyen y nos

responden, y, por decirlo así, concluye la separación entre ellos y nosotros. Nos ayudan con sus

consejos, nos demuestran su afecto y el placer que experimentan por nuestro recuerdo. Para nosotros

es una satisfacción saber que son felices, saber por ellos mismos los pormenores de su nueva

existencia, y adquirir la certeza de que nos reuniremos a ellos.

936. ¿Cómo afectan los dolores inconsolables de los sobrevivientes a los espíritus, objeto de ellos? «El espíritu es sensible al recuerdo y pesares de los que ha amado, pero un dolor incesante e irracional le afecta penosamente; porque ese dolor excesivo va falto de fe en el porvenir y de

confianza en Dios, y por consiguiente un obstáculo al adelanto y acaso a la reunión». Siendo el espíritu más feliz que en la tierra, echarle a menos la vida es sentir que sea feliz. Dos amigos

están presos y encerrados en un mismo calabozo; ambos obtendrán un día la libertad, pero el uno la

logra primeramente. ¿Seria caritativo que el que permanece encarcelado sintiese que su amigo se viera

libre antes que él? ¿No habría de su parte más egoísmo que afecto, queriendo que participe de su

cautiverio y sus sufrimientos por tanto tiempo como él? Pues lo mismo sucede con dos seres que se

aman en la tierra, el que primero parte es el primero en ser libre, y debemos felicitarle, esperando con

paciencia el momento en que también lo seremos.

Pondremos otra comparación sobre el particular. Tenemos un amigo que, a vuestro lado se halla en

situación penosa; su salud o su interés exigen que vaya a otro país donde bajo todos aspectos se

encontrará mejor. Momentáneamente no estará ya a vuestro lado, pero siempre estaréis en

correspondencia con él, la separación no pasará de ser material. ¿Os dolería su alejamiento, puesto que

sería para su bien?

La doctrina espiritista, por las pruebas patentes que da de la vida futura de la presencia a nuestro

alrededor de aquellos a quienes hemos amado, de la continuidad de su afecto y solicitud, y por las

relaciones que con ellos nos hace posibles; nos ofrece un supremo consuelo en una de las más

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Un respiro entre páginas.

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