CAPÍTULO 124
El Libro de los Espiritus
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«Es un favor para aquellos que no ven más que el presente; pero, sabedlo, la fortuna es una prueba más
peligrosa con frecuencia que la miseria». (814 y siguientes). 926. Creando la civilización nuevas necesidades, ¿no es origen de nuevas aflicciones?
«Los males de este mundo están en razón de las necesidades ficticias que os creáis. El que sabe limitar sus deseos, y ve sin envidia al que le es superior, se evita no pocos disgustos en esta vida. El más rico es el que menos necesidades tiene.
»Envidiáis los goces de los que os parecen los afortunados del mundo; pero,
¿sabéis lo que les está reservado? Si sólo para ellos gozan, son egoístas, y luego vendrán los reveses. Compadecedlos más bien. Dios permite que prospere a veces el malvado, pero no es de envidiar su dicha, porque la pagará con lágrimas amargas. Si es desgraciado el justo, es a consecuencia de una prueba que se le tomará en cuenta, si la soporta valerosamente.
Recordad estas palabras de Jesús: Bienaventurados los que sufren porque serán consolados». 927. Lo superfluo no es ciertamente indispensable para la dicha, pero no sucede lo mismo con lo necesario. Luego, ¿no es real la desgracia de los que están privados de el? «Verdaderamente no es desgraciado el hombre más que cuando experimenta la falta de lo necesario a la vida y a la salud del cuerpo. Semejante falta es quizá culpa suya, y entonces sólo de él debe quejarse. Si es culpa de otro, caerá la responsabilidad sobre aquel que es la causa». 928. Por la especialidad de las aptitudes naturales Dios indica evidentemente nuestra vocación en el mundo. ¿No proceden muchos males de no seguir nosotros esa vocación?
«Cierto, y a menudo son los padres los que, por orgullo y avaricia, hacen salir a los hijos del camino trazado por la naturaleza, comprometiendo su felicidad con esa desviación, de la que serán responsables». -Así, pues,
¿encontráis justo que el hijo de un hombre de distinguida posición haga zuecos. por ejemplo, si para ello tiene aptitud?
«No se ha de incurrir en el absurdo, ni exagerar nada: la civilización tiene sus necesidades. ¿Por qué el hijo de un hombre de distinguida posición, como dices tú, ha de hacer zuecos si puede hacer otra cosa? Podrá siempre ser útil con arreglo a la medida de sus facultades, si no se las aplica contrariamente. As¡, por ejemplo, en vez de un mal abogado, será quizá un buen mecánico, etcétera» La separación de los hombres de su esfera intelectual es seguramente una de las más frecuentes
causas de desengaño. La ineptitud para la carrera abrazada es una inagotable fuente de reveses, y
uniéndose después a esto el amor propio, priva al hombre caldo de buscar un recurso en una profesión
más humilde, y le señala el suicidio como un remedio supremo para librarse de lo que él cree una
humillación. Si una educación moral le hubiese elevado por encima de
las necias preocupaciones del
orgullo, jamás se le hubiera cogido desprevenido.
929. Hay gentes que, desprovistas de todo recurso. cuando la abundancia reina en torno suyo, no tienen otra perspectiva que la muerte, ¿qué partido deben tomar? ¿Deben dejarse morir de hambre? «Jamás debe tenerse la idea de dejarse morir de hambre. Siempre se hallaría medio de alimentarse, si el orgullo no se interpusiese entre la necesidad y el trabajo. A menudo se dice: No hay oficio bajo, no es la posición lo que deshonra, pero se dice para los otros y no para si mismo». 930. Es evidente que sin las preocupaciones sociales por las que nos dejamos dominar, se encontraría siempre algún trabajo que pudiese ayudar a vivir, aunque tuviésemos que descender de nuestra posición; pero entre las gentes que no tienen preocupaciones, o que las pasan por alto, ¿las hay que están en la Imposibilidad de atender a sus necesidades, a consecuencia de enfermedades u otras causas independientes de su voluntad? «En una sociedad organizada con arreglo a la ley de Cristo; nadie debe morir de hambre». Con una organización sabia y previsora, sólo por culpa suya, puede faltar al hombre lo necesario, pero sus mismas faltas son a menudo resultado del medio en que se halla colocado. Cuando el hombre
practique la ley de Dios, existirá un orden social fundado en la justicia y en la solidaridad, y él mismo
será mejor. (793)
931. ¿Por qué en la sociedad son más numerosas las clases que sufren que las felices? «Ninguna es completamente feliz, y lo que se cree felicidad encubre a menudo martirizadores pesares. En todas partes existe sufrimiento. Para responder, sin embargo, a tu pensamiento, te diré que las clases que llamas desgraciadas son más numerosas, porque la tierra es un lugar de expiación. Cuando el hombre haya hecho de ella la morada del bien y de los espíritus buenos, dejará de ser desgraciado, y aquélla será para
él el paraíso terrenal».
932. ¿Por qué en el mundo los malvados tienen con tanta frecuencia más influjo que los buenos? «Por debilidad de los buenos; los malvados son intrigantes y audaces, los buenos, tímidos. Cuando éstos lo quieran, se harán superiores a aquellos». 933. Si a menudo el hombre es causa de sus sufrimientos materiales, ¿sucede lo mismo con los morales? «Más aún, porque los sufrimientos materiales son a veces independientes de la voluntad; pero el orgullo lastimado, la ambición frustrada, la ansiedad de la avaricia, la envidia, los celos, todas las pasiones, en una palabra, son tormentos del alma.
» ¡Lo envidia y los celos! ¡Felices los que no conocen esos dos gusanos roedores! Para el enfermo de mal de envidia y celos no hay calma, ni reposo posible; los objetos de su codicia, de su odio, de su despechó se levantan ante él como fantasmas que no le dan tregua, y hasta durante el sueño le persiguen. El envidioso y el