←
El Libro de los EspiritusAllan Kardec

CAPÍTULO 109

El Libro de los Espiritus

120

786. La historia nos señala una multitud de pueblos que, después de los sacudimientos que los han trastornado,

han vuelto a caer en la barbarie. ¿Dónde está el progreso? «Cuando amenaza ruina tu casa, la derribas para levantarla más sólida y más cómoda; pero hasta que está terminada todo es turbación y confusión en tu morada.

»Comprende también esto: eras pobre y vivías en una casucha, llegas a rico y la abandonas para habitar en un palacio. Después un pobre diablo como eras tú, ocupa tu casucha de lo que está muy contento, porque antes no tenía albergue. Pues bien, sabe que los espíritus encarnados en ese pueblo degenerado, no son los que lo formaban en los tiempos de su esplendor. Los anteriores que estaban adelantados, han ido a ocupar habitaciones más perfectas y han progresado, al paso que otros menos adelantados han ocupado su puesto que también abandonarán a su vez».

787. ¿No hay razas por naturaleza rebeldes al progreso? «Sí, pero cada día se anonadan corporalmente». -¿Cuál será la suerte venidera de las almas que animan esas razas? «Como todas las otras llegarán a la perfección, pasando por otras existencias. Dios no deshereda a nadie». -¿Así, pues, los hombres más civilizados han podido ser salvajes y antropófagos? «Tú mismo lo has sido más de una vez, antes de ser lo que eres». 788. Los pueblos son individualidades colectivas que, como los individuos, pasan por la infancia, la madurez y la decrepitud. Esta verdad demostrada por la historia, ¿no puede dar lugar a creer que los pueblos más adelantados de este s iglo tendrán su decadencia y fin, como los de la antigüedad? «Los pueblos que sólo viven la vida del cuerpo, aquellos cuya grandeza está únicamente fundada en la fuerza y la extensión, nacen, crecen y mueren; porque la fuerza de un pueblo se agota como la de un hombre. Aquellos cuyas leyes egoístas pugnan con el progreso de las luces y la caridad, mueren; porque la luz disipa las tinieblas y la caridad mata al egoísmo.

Pero existe para los pueblos, como para los individuos, la vida del alma, y aquellos cuyas leyes se armonizan con las leyes eternas del Creador, vivirán y serán la lumbrera de los otros pueblos». 789. ¿El progreso unirá un día a todos los pueblos de la tierra en una sola nación? «En una sola nación no, es imposible; porque de la diversidad de climas nacen costumbres y necesidades diferentes, que constituyen las nacionalidades, y por esto les serán siempre precisas leyes apropiadas y sus costumbres y necesidades.

Pero la caridad no reconoce latitudes y no establece distinciones entre los

colores de los hombres. Cuando la ley de Dios sea en todas partes la base de la ley humana, los pueblos practicarán entre si la caridad, como los hombres entre ellos, y entonces vivirán felices y en paz; porque nadie procurará perjudicar a su vecino, ni vivir a sus expensas». La humanidad progresa por medio de los individuos que se mejoran poco a poco y se ilustran, y cuando

estos últimos son mayores en número, se hacen superiores y arrastran en pos de si a los otros. De

tiempo en tiempo, surgen entre ellos hombres de genio que dan el impulso, y luego vienen otros

revestidos de autoridad, instrumentos de Dios, que en algunos años la hacen progresar en muchos

siglos.

El progreso de los pueblos hace resaltar la justicia de la reencarnación.

Los hombres de bien se

esfuerzan porque una nación adelante moral e intelectualmente; la nación transformada será más

dichosa en este mundo y en el otro, convenido; pero durante su marcha lenta a través de los siglos,

mueren cada día millares de individuos, ¿cuál es la suerte de todos los que sucumben por el camino?

¿Su inferioridad relativa les priva de la reservada a los últimos que han llegado? ¿O bien es relativa su

felicidad? La justicia divina no podría consagrar tamaña injusticia. Por medio de la pluralidad de

existencias, el derecho a la felicidad es uno para todos; porque nadie es desheredado del progreso,

pues, pudiendo volver en tiempo de la civilización, ya al mismo pueblo, ya a otro, los que vivieron en

tiempos de barbarie, resulta que todos disfrutan de la marcha ascendente.

Pero el sistema de la unidad de existencias ofrece en este punto otra dificultad. Según él, el alma es

creada en el instante del nacimiento, y por lo tanto, si un hombre está más adelantado que otro, es

porque Dios le crea un alma más adelantada. ¿Por qué este favor?

¿Qué mérito tiene, el que no ha vivido más que otro, menos acaso, para estar dotado de un alma superior? Pero no es esta la principal

dificultad. En mil años, una nación pasa de la barbarie a la civilización.

Si los hombres viviesen mil

años, se concibe que, durante ese intervalo, hubiesen tenido tiempo de progresar; pero cada día

mueren a todas las edades, y se renuevan sin cesar. de tal modo, que cada día aparecen y desaparecen

hombres. Al cabo de los mil años, no queda vestigio de los antiguos habitantes, y la nación de bárbara

que era, se ha trocado en civilizada.

¿Quiénes han progresado? ¿Los individuos bárbaros en otro tiempo?

pero éstos murieron ya. ¿Los

nuevamente nacidos? pero, si sus almas son creadas en el instante de su nacimiento, no existían en los

tiempos de la barbarie. y entonces se hace preciso admitir que los

esfuerzos que se hacen para civilizar

un pueblo tienen el pode r, no de mejorar almas imperfectas, sino de hacer que Dios cree almas más

perfectas.

Comparemos esta teoría del progreso con la dada por los espíritus. Las almas llegadas en tiempos de

civilización han tenido su infancia como todas las otras; pero han vivido

ya, y han llegado adelantadas a consecuencia de un progreso anterior. Vienen a traídas por un medio que les es simpático, y que está

✦

Un respiro entre páginas.

Volver al libro y comentar